Archivo de la etiqueta: Manuel Seco

¿La de Maduro fue una victoria pírrica?

Si piensan que vamos a hablar de política, ya pueden ir dejando de leer, porque en este blog solo comentamos asuntos relativos a la lengua española, que es mucho más divertido. Dicho esto, leí el pasado lunes un titular de prensa sobre la victoria de Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales de Venezuela que decía así: «Incertidumbre en el país tras la ‘pírrica’ victoria del candidato chavista». ¿Por qué escribieron pírrica entre comillas simples? ¿Pretendían tal vez aclarar que la estaban usando en sentido figurado? Pues muy mal hecho, porque la de Maduro fue una victoria pírrica en el sentido literal de la palabra. Sigue leyendo

El deber me llama, supongo

Hace un tiempo hablaba aquí de la importancia de las preposiciones, unas palabritas que parecen insignificantes, pero que en realidad son esenciales para que nuestro idioma funcione como un reloj de precisión. Hay un caso concreto en el que la ausencia o la presencia de una de ellas puede cambiar notablemente el sentido de una oración. Estoy hablando de la preposición de, que, añadida al verbo deber, modifica su significado. La ligereza de los hispanohablantes –algunos de ellos escritores de renombre– a la hora de ponerla y quitarla ha motivado que este asunto aparezca en todo diccionario de dudas que se precie. Sigue leyendo

Tengo un currículum problemático

Dicen que hace una eternidad todos los caminos conducían a Roma, pero lo que no nos contaron es que el trayecto inverso a veces era tortuoso y con escalas. Por ejemplo, hay palabras que viajaron de Roma a Madrid (y a Canarias y a toda América) pasando por Londres o Nueva York. Eso es lo que parece que hizo la locución currículum vítae, que, aunque proviene del latín, es un anglicismo que empezó a ponerse de moda en nuestro idioma durante el siglo pasado. Cuántos problemas da este latinajo y cuántos su plural… Como en tantos otros asuntos complicados, los guardianes de la lengua no terminan de ponerse de acuerdo sobre la manera de escribirlo. Sigue leyendo

‘Cualquiera’ no es una palabra cualquiera

Clara, personaje de la revista ‘El Jueves’. Dibujo de Jordi Bernet.

Hay palabras que resultan tremendamente simples y que no tienen ningún misterio: mesa es un sustantivo femenino, significa lo que todos sabemos que significa (aunque en realidad tiene muchas acepciones) y su plural se forma añadiendo una -s. Otras, por el contrario, me parecen fascinantes por la cantidad de secretos que esconden. Una de ellas es cualquiera. ¿Ustedes podrían definirla sin tener que recurrir a un diccionario? Tarea difícil… A esto se suman otras singularidades: se trata de un adjetivo –y pronombre– que ha dado lugar a un sustantivo, su plural es curiosísimo, puede disminuir de tamaño gracias a la magia de la apócope y a veces, sin darnos cuenta, la empleamos mal por influencia del inglés. ¿Les parece poco encanto? Sigue leyendo

Una lengua imparable

Viñeta de Sergio Langer.

La lengua española es como la Luna: parece estar casi quieta, pero en realidad se mueve a una velocidad vertiginosa, y esa velocidad la decidimos los hispanohablantes, no las academias ni los gramáticos. «¡Cuántos modos de hablar que a […] Jovellanos hubieran escandalizado son hoy usados con toda tranquilidad por los escritores más apreciados!», decía hace unos años el gran maestro Manuel Seco. Realmente no hay que dar un salto tan grande en el tiempo: si Fernando Lázaro Carreter llega a saber hace dos décadas que la Real Academia Española, de la que él fue director, acabaría por acoger de buen grado el empleo del verbo incautar como transitivo, se tira por un puente. Sigue leyendo

Manías muy nuestras que suenan a chino

Como muchos de ustedes sabrán, el blog que tienen ahora mismo delante está vinculado a una página de Facebook en la que cualquier miembro de esta comunidad de lavadores de textos puede participar con sugerencias, discrepancias y preguntas. Tenía yo pendiente hablar de dos asuntos que fueron comentados en su día en esa página, y no me he olvidado. Me estoy refiriendo al denominado «infinitivo introductor» y al uso de la palabra mismo con función anafórica. Esto les puede sonar a chino, pero sigan leyendo, que explicaremos estas dos feas manías en los párrafos siguientes y verán que las reconocen de inmediato. Sigue leyendo

Benditos diccionarios, bendito papel

Un amigo me preguntó hace un tiempo por qué tengo tantos diccionarios en mi casa. «¿No te sirve Internet?», se atrevió a decirme el muy condenado. Traté de explicarle lo necesarios que son esos libros para un corrector de textos y le hice saber que hay dudas lingüísticas cuyas soluciones están infinitamente mejor expuestas en un manual que en la Red. Yo sé, por ejemplo, que las preposiciones que hacen buenas migas con el adjetivo feliz son con (‘Soy feliz con mi nueva bicicleta’), de (‘Se siente feliz de que la quieran’) y por (‘Juan está feliz por haberlo logrado’). Y lo sé porque lo leí en el Diccionario de uso de las preposiciones españolas (Espasa), de Emile Slager. ¿Podría haber encontrado en una página web una respuesta tan completa como la que me dio este españolísimo neerlandés? No lo creo. Y aunque así fuera, Internet es incapaz de ofrecerme dos de los regalos que siempre recibo de cualquier libro: tacto y olor. Bendita sea, pues, mi colección de diccionarios. Sigue leyendo

María Moliner y yo

Aquellos de ustedes que sean un poco maniáticos, como yo, tal vez se habrán percatado de que últimamente cito a menudo en mis artículos a María Moliner y su celebérrimo Diccionario de uso del español (Gredos). Antes también lo hacía, pero menos, y todo tiene una explicación: hasta hace unos meses yo no tenía a mano ese diccionario, y para consultarlo hacía cosas tan extravagantes como llamar por teléfono a un amigo o entrar en una librería para resolver a escondidas mis dudas. Así de complicada era mi relación con María, y no me gustaban esos encuentros a hurtadillas ni nuestras breves conversaciones telefónicas: lo que yo quería era que viniera a mi casa. Por eso no me quedó más remedio que soltar una pasta gansa para tenerla siempre cerca, sin intermediarios. Sigue leyendo

‘Espúreo’ es una palabra espuria

Iñaki Urdangarín (con tilde) dijo la semana pasada que ciertas acciones supuestamente encaminadas a involucrar a Juan Carlos de Borbón y a su hija Cristina en el follón en el que anda metido el duque de Palma son espurias, y yo me alegro de que lo haya dicho. Me explico: no tengo la menor intención de hablar aquí del trasfondo de este culebrón judicial; lo que me gusta es que Urdangarín haya empleado la palabra espurio y no el engendro espúreo, al que tanto cariño le profesan muchas personas, incluido algún ilustre gramático. Sigue leyendo

Adicción a las tildes

Una lectora que se define a sí misma como «adicta a ver las faltas de ortografía» me dio el otro día un tirón de orejas porque leyó el pronombre aquellos sin tilde en la página que Lavadora de textos tiene en Facebook. Con toda su buena intención, esta mujer me regañó amablemente, pues, según sus propias palabras, pensaba que en nuestra Lavadora «cuidaban esto» (o sea, la escritura sin faltas de ortografía). Lo cierto es que sí que cuidamos esto. Tanto lo cuidamos que, guiados por el sentido común y por las recomendaciones ortográficas de los gramáticos, escribimos sin tilde los pronombres este, ese y aquel y también sus femeninos y sus plurales. Hay que tener cuidado con las adicciones –aunque sean figuradas–, porque el síndrome de abstinencia puede llevar a más de uno a buscar la dosis en el sitio equivocado. Sigue leyendo