Archivo de la categoría: Ortografía

Cuarenta razones para dejar de ponerle tilde a ‘solo’

ColaEn este blog ya hemos explicado varias veces por qué no debemos escribir con tilde el adverbio solo. Lo hemos hecho en prosa y en verso, y también tenemos un vídeo en el que exponemos las razones de índole tonal que hacen de esa tilde diacrítica un disparate. Lamentablemente, la respuesta que nos dan aquellos que siguen defendiendo tan absurdo y anticuado uso siempre es la misma: argumentan estas personas que el sólo (tildado) es imprescindible para romper la ambigüedad en frases como ‘Trabaja solo por la tarde’. Sigue leyendo

Carta al rey de España

ReyEstimado rey de España:

Le escribo esta carta para comunicarle que la persona que lleva la cuenta de Twitter de la Casa Real ha resultado ganadora de un curso totalmente gratuito sobre el uso de las mayúsculas y minúsculas iniciales, que será impartido –si acepta el premio– por esta humilde empresa dedicada a la corrección, Lavadora de textos. Todo esto tiene su historia. Días atrás leí el siguiente texto en un tuit escrito por su empleado: «Audiencia del Rey al Director General de la Organización Internacional para las Migraciones…». Me llamó muchísimo la atención que una cuenta de Twitter tan importante (tiene 578 000 seguidores y es uno de los escaparates del jefe de Estado español –o sea, de usted– en Internet) fuera tan poco cuidadosa con la ortografía de nuestro idioma, así que me propuse un reto… Sigue leyendo

Si yo fuera rico

TopolHoy, 30 de junio, es el aniversario del nacimiento de Buenaventura Maximiliano Alemán de Armas, más conocido como Ventura Alemán. Podría decirles que entre sus muchas virtudes se encontraba su condición de orfebre, dibujante, escultor, joyero y pintor; también podría decirles que era una persona con un sentido del humor apabullante y que poseía un genio (del bueno y del malo) que estaba a la altura de su doble naturaleza de artista y patriarca. Sin embargo, yo hoy prefiero recordar a mi padre simplemente como perfecto imitador del actor Chaim Topol en la famosa escena de la película El violinista en el tejado en la que el lechero Tevye cantaba aquello de «If I were a rich man…» bailando con unos enérgicos contoneos a medio camino entre los de un pavo real y los de un gorila. Sigue leyendo

Casi todos los caminos llevan al dosier

DosierEl otro día me preguntó un amigo cuál es la manera correcta de escribir la palabra ‘dosier’, si con una ese o con dos. La respuesta es que debemos escribirla con una sola ese, como señala la última edición del diccionario de la Real Academia Española, aunque sorprende (o tal vez no…) que esta grafía españolizada no haya sido incluida en esa obra hasta el año pasado. Sorprende porque la Academia defiende, al adaptar voces de otros idiomas, ese ideal ortográfico por el cual debería haber una letra para cada sonido y un sonido por cada letra. Según ese ideal –al que el español se acerca bastante, aunque sigue estando lejos–, en nuestra lengua no tiene sentido escribir ‘dossier’, pues no tenemos ningún sonido para la doble ese. En realidad, si consultamos varios de los diccionarios y manuales que tengo ahora mismo a mi lado, comprobamos que casi todos los caminos llevan a la forma ‘dosier’. Sigue leyendo

A vivir, que son dos días

VivirLas redes sociales han cambiado radicalmente la forma en que los ciudadanos de a pie nos relacionamos con los medios de comunicación. Por poner solo un ejemplo: antes, para hacerle saber a un periódico que había cometido un error había que escribir una carta al director que, tras llegar al buzón correspondiente, corría grave riesgo de acabar en una papelera. Ahora es todo más sencillo: basta con redactar un tuit y etiquetar al destinatario para saber que tarde o temprano leerá tu comentario. Otra cosa muy distinta es que te haga caso, y eso (que no me hagan caso) es lo que me ha ocurrido a mí con los responsables del fantástico programa radiofónico A vivir que son dos días, de la cadena SER, a los que días atrás –y con afán constructivo, como hacemos siempre en Lavadora de textos– les indiqué que en el título de ese magacín falta una coma. ¿Saben ustedes por qué? Ahora lo veremos. Sigue leyendo

En casa del herrero…, cuchara de palo

HerreroHace unos días me llevé una gran sorpresa al ver, en un texto que estaba leyendo, que un periodista, famoso por ser un eficaz divulgador de los buenos usos de nuestra lengua, había cometido un error ortográfico que tiene que ver con los puntos suspensivos y su combinación con otros signos de puntuación. No diré quién era, pues aquí no estamos para juzgar a nadie –menos aún a una autoridad de demostradísima solvencia–, pero sí les puedo asegurar que por un instante se me vino a la cabeza ese refrán que dice ‘En casa del herrero, cuchara de palo’. O, como se lee en el título de este artículo, ‘En casa del herrero…, cuchara de palo’. Como verán, al añadir puntos suspensivos conservo la coma que había escrito en la oración anterior. De esto es de lo que toca hablar hoy. Sigue leyendo

¿Por qué la palabra ‘ti’ nunca lleva tilde?

TiA muchos de ustedes les podrá sorprender que le dediquemos tiempo y espacio en este blog a tratar el asunto que se plantea en el título del artículo que leen, pues para una cantidad considerable de hispanohablantes es una obviedad el hecho de que el pronombre ‘ti’ no lleva tilde. Sin embargo, tampoco es pequeño el número de personas que suelen cometer el error de añadirle a esta palabra una tilde totalmente innecesaria; por lo tanto, no está de más explicar aquí –aunque ya lo han hecho con anterioridad mejores plumas que la mía– por qué esta breve voz nunca lleva acento gráfico y, de paso, por qué tanta gente se lo pone. Sigue leyendo

El tuitero que se quitó de enmedio

EnmedioDías atrás un señor me acusó de ser corporativista por sostener, ante una pregunta suya, que no se podía afirmar rotundamente que un periódico hubiera cometido una falta de ortografía al escribir ‘enmedio’ en lugar de ‘en medio’. Además de corrector de textos, yo soy periodista, pero no tengo ataduras que me impidan criticar las malas formas de escribir de mis colegas cuando se tercia. Si no me creen, hagan clic aquí y verán cuántas veces me he metido con ellos. No, yo no soy corporativista; simplemente, defiendo una postura de tolerancia hacia determinados usos ortográficos que, sin haber recibido la bendición de la Real Academia Española, están bastante extendidos y son vistos con buenos ojos por expertos de reconocida solvencia. La RAE –no lo olvidemos– es humana, no divina, y los dictámenes de sus miembros no son palabra de Dios. Sigue leyendo

Hay palabras más allá del diccionario

RubénTal y como nos recuerda la Real Academia Española cada dos por tres, dentro de muy poco –el 16 de octubre– se publicará la vigésima tercera edición de su diccionario, una obra imprescindible para todos los hispanohablantes de bien, pero que ni por asomo es la panacea de los lexicones (esta palabra tan rara –‘lexicón’– se usa a veces como sinónima de ‘diccionario’ por aquello de no ser redundantes). Y no lo es por tres razones: primero, porque no recoge todas las posibles maneras de formar palabras (no aparecen, por ejemplo, la mayoría de los diminutivos); segundo, porque tampoco registra algunas voces que, aun estando perfectamente formadas y habiendo tenido notable éxito entre los hablantes, no han superado todavía la lenta criba que lleva a la Academia a concederles el honor de incluirlas entre sus páginas; y tercero, porque no siempre señala todas las acepciones que puede tener una palabra. Sigue leyendo

Ébola, alzhéimer y párkinson

AfricaA principios del siglo XIX, un polifacético científico británico llamado James Parkinson publicó un libro en el que describía una enfermedad que acabó siendo bautizada con su apellido. Casi un siglo después, el neurólogo alemán Aloysius Alzheimer hizo lo mismo con otro terrible mal, al que también se le dio su apellido. Los nombres de esas dolencias son, por tanto, enfermedad de Parkinson y enfermedad de Alzheimer, a las que, no obstante, podemos llamar párkinson y alzhéimer, a secas. Como verán, al hacer eso eliminamos las mayúsculas iniciales y añadimos unas tildes. A continuación veremos por qué, y de paso hablaremos de otra enfermedad que en estos días vuelve a ser noticia: el ébola. Habrán visto que también aquí hemos usado la minúscula inicial. Sigue leyendo