Archivo de la categoría: Gramática

Los lobos y las lobas

(Pieza en un acto, sobre el sentido común)

Lobos–El lobo comienza a convivir con el cromañón, que era cazador, hace decenas de miles de años.

–Alfonso, en esa oración estás invisibilizando a la mujer: deberías decir el cromañón y la cromañona. Date cuenta de que al usar solamente el género masculino estás dejando fuera a la mitad de esa gente. Sigue leyendo

Yo no hubiera sido tan categórico

hubieraEsperanza Aguirre, concejala del Ayuntamiento de Madrid, cometió el otro día dos faltas de ortografía al escribir un pequeño texto en la red social Twitter. Y, como es habitual en estos casos, el personal se lanzó al cuello de la lideresa para tomarle un poco el pelo. Un tuitero decía: «Dos faltas de ortografía en 140 caracteres tampoco es para que te llamen ignorante, pero repasa un poco…». A este tuit, otro individuo contestaba así: «Posiblemente si lo hubiese escrito Esperanza Aguirre hubiese tenido 139». Y un tercer tuitero le respondió al segundo en estos términos: «Se escribe: “Si lo hubiese escrito… habría tenido”». Este tercer tuit tenía por objeto señalarle al autor del segundo un supuesto error gramatical, pues empleó el subjuntivo donde debería haber usado el condicional. Eso al menos es lo que pensaba el autor de la reprensión, pero se equivocaba: el texto del segundo tuitero, con ese subjuntivo repetido (hubiese escrito/hubiese tenido), es absolutamente correcto. Sigue leyendo

Cese de hostilidades

cesarLos correctores de textos somos gente muy fastidiosa: nuestro trabajo consiste en buscar defectos en los actos de otras personas, y a nadie le resulta agradable que le anden diciendo que hace las cosas mal, aunque mis clientes me pagan por tan extraña tarea (ellos sabrán…). Para encontrar esas imperfecciones, mis colegas y yo tenemos que contrastar con un modelo aquello que creemos que está mal escrito, un modelo que en muchos casos es proporcionado por la Real Academia Española. Sin embargo, a veces el defecto tiene tanto éxito que acaba convirtiéndose en modelo, de tal manera que algunas de nuestras críticas y enmiendas pierden el sentido que un día tuvieron. Por ejemplo, yo ya no podré meterme con nadie por usar el verbo cesar como transitivo. Sigue leyendo

Se trata de un verbo sin sujeto

TratarseSi ustedes no conocen a Faemino y Cansado, deberían ir a YouTube inmediatamente y empezar a ver vídeos de esta extraordinaria pareja de cómicos españoles, entre cuyas virtudes como humoristas figura el estrafalario manejo que hacen de la lengua. Uno de sus números más famosos es el del budista, que comienza así: Faemino nos cuenta que estaba tranquilamente en su casa cuando de repente tocan a la puerta. El hombre sale corriendo por el pasillo, abre y, ante el incómodo silencio del visitante, le pregunta: «¿No vas a abrir la boca o qué?, ¿qué quieres, payaso?», a lo que este responde: «No, yo no me trato de un payaso». A mí este sketch me fascina, empezando por eso de «No, yo no me trato de un payaso», una oración que me hace muchísima gracia por lo que tiene de inesperada transgresión gramatical. Sigue leyendo

La valiente capitana

ZaidaHay que tener los ovarios bien puestos (y perdonen ustedes la expresión) para soportar lo que ha soportado la comandante Zaida Cantera, de la que en estos días hablan todos los españoles al conocerse el terrible acoso que ha venido sufriendo por parte de sus superiores en el Ejército. Aunque la valiente joven, como he dicho, es comandante, casi todo el mundo sigue refiriéndose a ella como «la capitán Zaida Cantera», no sé por qué. Curiosamente, solo unos pocos han optado por la forma capitana, y ese escaso uso que se le da a este femenino podría ser una muestra del exceso de testosterona que circula por nuestras Fuerzas Armadas. Sigue leyendo

Mi calcáneo es solo mío (y está roto)

CalcáneoNo digo nada nuevo si afirmo que los periodistas deportivos son para echarles de comer aparte en lo que al uso de la lengua se refiere. Una de las costumbres que más me llaman la atención de ellos es esta que les describo: desde una emisora de radio contactan con un informador que está en el entrenamiento de un equipo y que da cuenta de la sesión preparatoria. Cuando concluye le preguntan: «¿Algo más?» y el muchacho responde: «No, solo podemos añadir que Manolo sigue entre algodones por una lesión en su pie». ¿Para qué comienzan la oración con una negación si a renglón seguido añaden algo más? En fin, ellos son así (excepto el gran Manoj Daswani, jefe de deportes de Radio Club Tenerife, que hoy mismo tuvo la osadía de responder con un «sí»). Pero en esa oración –que me acabo de inventar– se registra otro uso que queda bastante feo en nuestra lengua: eso de decir su pie. ¿Acaso podría ser el pie de otro? Evidentemente, no. Lo recomendable, por tanto, es decir el pie. Sigue leyendo

Azúcar para todos los gustos

Si algo tieneSugar de fascinante esta lengua que hablamos cientos de millones de personas es que se las arregla constantemente para ponérselo difícil a los puristas y a quienes tratan de encorsetarla con reglas y normas. En cualquier esquina de una conversación nos encontramos con usos que chocan contra lo que parecería lógico, y no por ello dejan de ser válidos. Un ejemplo de lo que les cuento lo tenemos en la palabra azúcar, que oscila de manera maravillosa entre los géneros masculino y femenino para desesperación de algún que otro talibán de la gramática. Sigue leyendo

Hay palabras más allá del diccionario

RubénTal y como nos recuerda la Real Academia Española cada dos por tres, dentro de muy poco –el 16 de octubre– se publicará la vigesimotercera edición de su diccionario, una obra imprescindible para todos los hispanohablantes de bien, pero que ni por asomo es la panacea de los lexicones (esta palabra tan rara –lexicón– se usa a veces como sinónima de diccionario por aquello de no ser redundantes). Y no lo es por tres razones: primero, porque no recoge todas las posibles maneras de formar palabras (no aparecen, por ejemplo, la mayoría de los diminutivos); segundo, porque tampoco registra algunas voces que, aun estando perfectamente formadas y habiendo tenido notable éxito entre los hablantes, no han superado todavía la lenta criba que lleva a la Academia a concederles el honor de incluirlas entre sus páginas; y tercero, porque no siempre señala todas las acepciones que puede tener una palabra. Sigue leyendo

Verbos para el alma

AlmaCuando yo era joven, una amiga mía, cantautora ella, escribió una canción en la que hablaba de una muchacha a la cual «la prensa no le convenció». La canción era divina, pero a los pocos días de escucharla por primera vez su autora me la volvió a cantar con un cambio: en lugar de «le convenció», ahora decía «la convenció». La razón que me dio para esta corrección fue que la protagonista de la canción funcionaba en esa oración como complemento directo del verbo convencer; por lo tanto, el pronombre que le correspondía era la. En caso contrario –me dijo–, estaría incurriendo en un leísmo flagrante. Sigue leyendo

Apología del gerundio de posterioridad

GerundioComo diría el abdicante rey Juan Carlos de Borbón, me llena de orgullo y satisfacción algo que he leído en el Diccionario de uso del español (Gredos), el famoso María Moliner. A cuenta del pavor que les tienen muchos gramáticos y algunos correctores a determinados gerundios, la lexicógrafa escribió esto en su célebre libro: «… el gerundio tiene sus usos específicos de los cuales es indesalojable». El orgullo y la satisfacción tienen que ver –vanidoso que es uno– con que hace doce años, y sin saber que Moliner había escrito esto, yo decía lo siguiente en la segunda edición del manual de estilo del periódico La Opinión de Tenerife: «El gerundio es una forma verbal maldita en periodismo, pero hay que aclarar que su uso no es incorrecto en muchas ocasiones». Sigue leyendo