Archivo de la etiqueta: Gómez Torrego

Yo no hubiera sido tan categórico

hubieraEsperanza Aguirre, concejala del Ayuntamiento de Madrid, cometió el otro día dos faltas de ortografía al escribir un pequeño texto en la red social Twitter. Y, como es habitual en estos casos, el personal se lanzó al cuello de la lideresa para tomarle un poco el pelo. Un tuitero decía: «Dos faltas de ortografía en 140 caracteres tampoco es para que te llamen ignorante, pero repasa un poco…». A este tuit, otro individuo contestaba así: «Posiblemente si lo hubiese escrito Esperanza Aguirre hubiese tenido 139». Y un tercer tuitero le respondió al segundo en estos términos: «Se escribe: “Si lo hubiese escrito… habría tenido”». Este tercer tuit tenía por objeto señalarle al autor del segundo un supuesto error gramatical, pues empleó el subjuntivo donde debería haber usado el condicional. Eso al menos es lo que pensaba el autor de la reprensión, pero se equivocaba: el texto del segundo tuitero, con ese subjuntivo repetido (hubiese escrito/hubiese tenido), es absolutamente correcto. Sigue leyendo

Cese de hostilidades

cesarLos correctores de textos somos gente muy fastidiosa: nuestro trabajo consiste en buscar defectos en los actos de otras personas, y a nadie le resulta agradable que le anden diciendo que hace las cosas mal, aunque mis clientes me pagan por tan extraña tarea (ellos sabrán…). Para encontrar esas imperfecciones, mis colegas y yo tenemos que contrastar con un modelo aquello que creemos que está mal escrito, un modelo que en muchos casos es proporcionado por la Real Academia Española. Sin embargo, a veces el defecto tiene tanto éxito que acaba convirtiéndose en modelo, de tal manera que algunas de nuestras críticas y enmiendas pierden el sentido que un día tuvieron. Por ejemplo, yo ya no podré meterme con nadie por usar el verbo cesar como transitivo. Sigue leyendo

Un cóctel del barman don Alberto

EstiloIntentar describir brevemente a don Alberto Gómez Font es algo así como llamar camarero al artista que hace cócteles, un señor (o señora) al que en rigor debemos llamar barman. Aun así, intentaré hacer un retrato suyo en pocas líneas. Alberto Gómez Font es un barman apasionado, un conversador sereno y entretenido, de voz grave y mecedora, y también es uno de mis guardianes de la lengua favoritos, porque su alma mestiza –mezcla de Colombia y España, entre otros amores telúricos– ha hecho posible que su trabajo en el ámbito de nuestro idioma quede del lado de los tolerantes, de los que miran con el mismo respeto a la norma y al uso, de los que nadan con idéntica soltura en el mar Cantábrico y en el Caribe, de los que creen que reírse de una falta de ortografía ajena es algo bastante feo. Sigue leyendo

Un bacilón es un bacilo muy grande

BaciloHace un tiempo se armó un revuelo descomunal en las redes sociales a cuenta de una falta de ortografía en un cartel en el que se leía «PRECAUCION LLUBIAS». Tal alarma la ocasionó, por supuesto, esa letra be, que no pinta nada ahí. Sin embargo, resulta curioso que la multitud pidiera la cabeza del redactor por ese error ortográfico y no, por ejemplo, por haberse olvidado de una tilde en la primera palabra o por haber prescindido de un signo de dos puntos que parece necesario entre ambos vocablos. Sí, nos encanta la burla cuando vemos una hache de más o de menos, cuando una ce le usurpa su sitio a una ese o cuando alguien convierte una uve en be. Lamentablemente, al hacerlo olvidamos que esas son precisamente las faltas de ortografía con las que deberíamos ser más indulgentes. Sigue leyendo

El deber me llama, supongo

Hace un tiempo hablaba aquí de la importancia de las preposiciones, unas palabritas que parecen insignificantes, pero que en realidad son esenciales para que nuestro idioma funcione como un reloj de precisión. Hay un caso concreto en el que la ausencia o la presencia de una de ellas puede cambiar notablemente el sentido de una oración. Estoy hablando de la preposición de, que, añadida al verbo deber, modifica su significado. La ligereza de los hispanohablantes –algunos de ellos escritores de renombre– a la hora de ponerla y quitarla ha motivado que este asunto aparezca en todo diccionario de dudas que se precie. Sigue leyendo

Te quiere, porque te dibujó un corazón

No crean ustedes que vamos a hablar del día de los Enamorados.1 No. Vamos a hablar de una coma que causa muchos problemas y que no tiene nada que ver con Cupido ni con san Valentín. Lo del título ha sido simplemente para llamar su atención en un día tan meloso como el de hoy, pero aprovechemos esa oración para explicar por qué a veces hay que escribir una coma antes de porque y en otras ocasiones no. Sigue leyendo

Sí cabe duda

Si no lo he dicho antes, lo digo ahora: una de las mejores herramientas del corrector de textos es, según mi experiencia, la capacidad de dudar. Para este oficio son precisas determinadas manías que algunos arrastramos, sin saber muy bien por qué, desde hace una eternidad. Por ejemplo: amar obsesivamente la lengua española, comprender –o intuir– las causas y las consecuencias de algunos de sus caprichos gramaticales, conocer y admirar sus mecanismos ortográficos y, sobre todo, dudar constantemente durante la lectura de un texto y saber dónde encontrar las respuestas para esas dudas. Sigue leyendo