Archivo de la etiqueta: Nueva gramática

Cese de hostilidades

cesarLos correctores de textos somos gente muy fastidiosa: nuestro trabajo consiste en buscar defectos en los actos de otras personas, y a nadie le resulta agradable que le anden diciendo que hace las cosas mal, aunque mis clientes me pagan por tan extraña tarea (ellos sabrán…). Para encontrar esas imperfecciones, mis colegas y yo tenemos que contrastar con un modelo aquello que creemos que está mal escrito, un modelo que en muchos casos es proporcionado por la Real Academia Española. Sin embargo, a veces el defecto tiene tanto éxito que acaba convirtiéndose en modelo, de tal manera que algunas de nuestras críticas y enmiendas pierden el sentido que un día tuvieron. Por ejemplo, yo ya no podré meterme con nadie por usar el verbo cesar como transitivo. Sigue leyendo

La valiente capitana

ZaidaHay que tener los ovarios bien puestos (y perdonen ustedes la expresión) para soportar lo que ha soportado la comandante Zaida Cantera, de la que en estos días hablan todos los españoles al conocerse el terrible acoso que ha venido sufriendo por parte de sus superiores en el Ejército. Aunque la valiente joven, como he dicho, es comandante, casi todo el mundo sigue refiriéndose a ella como «la capitán Zaida Cantera», no sé por qué. Curiosamente, solo unos pocos han optado por la forma capitana, y ese escaso uso que se le da a este femenino podría ser una muestra del exceso de testosterona que circula por nuestras Fuerzas Armadas. Sigue leyendo

Mi calcáneo es solo mío (y está roto)

CalcáneoNo digo nada nuevo si afirmo que los periodistas deportivos son para echarles de comer aparte en lo que al uso de la lengua se refiere. Una de las costumbres que más me llaman la atención de ellos es esta que les describo: desde una emisora de radio contactan con un informador que está en el entrenamiento de un equipo y que da cuenta de la sesión preparatoria. Cuando concluye le preguntan: «¿Algo más?» y el muchacho responde: «No, solo podemos añadir que Manolo sigue entre algodones por una lesión en su pie». ¿Para qué comienzan la oración con una negación si a renglón seguido añaden algo más? En fin, ellos son así (excepto el gran Manoj Daswani, jefe de deportes de Radio Club Tenerife, que hoy mismo tuvo la osadía de responder con un «sí»). Pero en esa oración –que me acabo de inventar– se registra otro uso que queda bastante feo en nuestra lengua: eso de decir su pie. ¿Acaso podría ser el pie de otro? Evidentemente, no. Lo recomendable, por tanto, es decir el pie. Sigue leyendo

Verbos para el alma

AlmaCuando yo era joven, una amiga mía, cantautora ella, escribió una canción en la que hablaba de una muchacha a la cual «la prensa no le convenció». La canción era divina, pero a los pocos días de escucharla por primera vez su autora me la volvió a cantar con un cambio: en lugar de «le convenció», ahora decía «la convenció». La razón que me dio para esta corrección fue que la protagonista de la canción funcionaba en esa oración como complemento directo del verbo convencer; por lo tanto, el pronombre que le correspondía era la. En caso contrario –me dijo–, estaría incurriendo en un leísmo flagrante. Sigue leyendo

Apología del gerundio de posterioridad

GerundioComo diría el abdicante rey Juan Carlos de Borbón, me llena de orgullo y satisfacción algo que he leído en el Diccionario de uso del español (Gredos), el famoso María Moliner. A cuenta del pavor que les tienen muchos gramáticos y algunos correctores a determinados gerundios, la lexicógrafa escribió esto en su célebre libro: «… el gerundio tiene sus usos específicos de los cuales es indesalojable». El orgullo y la satisfacción tienen que ver –vanidoso que es uno– con que hace doce años, y sin saber que Moliner había escrito esto, yo decía lo siguiente en la segunda edición del manual de estilo del periódico La Opinión de Tenerife: «El gerundio es una forma verbal maldita en periodismo, pero hay que aclarar que su uso no es incorrecto en muchas ocasiones». Sigue leyendo

Un futuro que es presente

FuturoUna conocida mía lleva varios días discutiendo con su hermano a cuenta de algo que ella le dijo hace poco. El motivo de la contienda es esta frase: «¿Qué más dará?». Su hermano piensa que ella tendría que haber dicho ‘¿Qué más da?’, pues ambos hablaban sobre un hecho presente –presente en aquel momento, claro está–, por lo que, según él, el futuro que la muchacha había usado no tenía sentido alguno. Ella me pidió mi opinión, pero lo que yo le di no fue mi punto de vista, sino el de los gramáticos. Y resulta que a los gramáticos les parece muy bien que a veces usemos el futuro donde aparentemente no pinta nada. Sigue leyendo

Yo escribo absolutamente

LaHace unos días se puso en contacto conmigo una amiga para ver si le podía echar una mano con una discusión lingüística que mantenía con su jefe. Ella sabía que tenía razón, pero no encontraba un argumento convincente, así que me envió unos cuantos mensajes para exponerme la cuestión. Resulta que el jefe, al que llamaremos Juan, le dijo lo siguiente a mi amiga, a la que llamaremos María: «He llamado a Lucía, debe de estar reunida. La escribo». María advirtió a Juan del laísmo en el que había incurrido en esa oración y este le contestó que ahí no había laísmo, puesto que, según él, «no hay otro complemento directo». ¿Tenía razón Juan? Para nada. Ahí sí hay un complemento directo –que no es Lucía–, pero está escondido. Absolutamente escondido. Sigue leyendo

A la RAE no le gustan los manises, pero a mí sí

Un amigo me llamó el domingo pasado a las seis de la tarde para preguntarme cuál es el plural de maní. ¿Se aburría el hombre? Creo que no: me dio más bien la impresión de que se encontraba con unos amigos, con los que probablemente estaba comiendo manises –o maníes, o manís–. Y como resulta que el tipo es muy curioso, me lo imagino discutiendo sobre el asunto entre maní y maní –o sea, entre cacahuete y cacahuete (también es correcta la forma cacahuate)– hasta que optó por resolver la duda a golpe de teléfono. Muy a mi pesar, para responder a esta cuestión no me va a quedar más remedio que discrepar una vez más de la Real Academia Española. Sigue leyendo

Borbones, González y Alemanes

Según datos del Instituto Nacional de Estadística, en España hay 336 Borbones frente a un millón y medio de Garcías –el apellido más común en nuestro país– y casi un millón de González, lo cual podría servir como aperitivo para un pintoresco debate entre monárquicos y republicanos en el que yo me lo pasaría bomba. Sin embargo, no entraré hoy en ese asunto, pues lo que realmente me interesa es hablar de los plurales de los apellidos. ¿Se han fijado en que he escrito Borbones y Garcías –plurales de Borbón y García–, pero el apellido González, que también está aquí en plural, lo he escrito igual que en singular? Sigue leyendo

¡Que no escribas ‘qué’!

Después de leer lo que dijo hace unos meses Bonnie Tyler sobre nuestro país («¡Qué viva España!», con una tilde bastante sorprendente), me da la impresión de que la cantante galesa no tiene ni idea de la apatía que se extiende entre los españoles, incapaces de dar un golpe sobre la mesa ante una de las mayores crisis de su historia. Aunque, pensándolo bien, creo que lo que ocurrió fue que la persona que convirtió en texto las palabras de la rubia se equivocó y puso una tilde donde no debía; en tal caso, lo que Bonnie Tyler dijo fue «¡Que viva España!», como queriendo dar ánimos a los chicos de El Sueño de Morfeo, que finalmente no se comieron una rosca en el festival de Eurovisión. Sigue leyendo