No me digan ustedes que la palabra sexy no llama la atención. ¿Será por esa equis? ¿O será porque todo lo que tenga que ver con el sexo nos resulta interesante? Yo creo que sí, que es por esto último. Sea como sea, lo cierto es que en cuanto nuestros ojos la ven, nos lanzamos a leer el resto de la frase en la que aparece. Cómo somos… Los personajes del genial humorista y escritor canario Juan Luis Calero lo dirían así: «¡Oiga! ¡Hay que ver lo que es el cerebro humano de las personas!». Sí, sexy nos resulta una palabra atractiva y nos hace pensar en sexo, así que podríamos decir que es sexi. Pero sexi con i latina, que conste. Sigue leyendo
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Los sónares desorientan a la Academia
Los periódicos de Canarias publicaron hoy una noticia maravillosa: nueve años después de que el Gobierno español prohibiera el uso de sónares para maniobras militares en aguas de estas islas, los varamientos masivos de cetáceos han pasado a la historia. La información apareció en varios diarios, que se mostraron unánimes en cuanto al acierto de darles la jubilación a estos aparatos de detección submarina, que desorientan a las ballenas y a otros mamíferos. Donde se esfumó la unanimidad fue en el criterio a la hora de ponerle tilde o no a la palabra sónar, pero no es de extrañar: la Real Academia Española ha dado tantos tumbos con esta voz que uno ya no sabe cómo escribirla. Sigue leyendo
La suave voz de la Real Academia Española
En mi humilde condición de corrector de textos, me he permitido la libertad de criticar en este blog a la Real Academia Española cuando lo he creído oportuno. Al hacerlo, siempre he dicho que esa institución es tan humana como cualquiera de nosotros y, por tanto, posee, igual que ustedes y que yo, esa gran virtud que es la capacidad de equivocarse. Sin embargo, también es cierto que hasta ahora la RAE era para mí algo en cierta forma virtual y nada humano: tres letras mayúsculas, varios libros magníficos, una dirección de correo electrónico, una página web… Pero el pasado viernes pude ponerle rostro a una parte importante de la Docta Casa: su vicedirector, José Antonio Pascual, vino a Tenerife y yo me planté en su hotel con total desvergüenza para robarle unos minutos. Ahora sé que la Academia también tiene voz, una voz suave y capaz de pronunciar palabras que destilan un fino sentido del humor. Sigue leyendo
El deber me llama, supongo
Hace un tiempo hablaba aquí de la importancia de las preposiciones, unas palabritas que parecen insignificantes, pero que en realidad son esenciales para que nuestro idioma funcione como un reloj de precisión. Hay un caso concreto en el que la ausencia o la presencia de una de ellas puede cambiar notablemente el sentido de una oración. Estoy hablando de la preposición de, que, añadida al verbo deber, modifica su significado. La ligereza de los hispanohablantes –algunos de ellos escritores de renombre– a la hora de ponerla y quitarla ha motivado que este asunto aparezca en todo diccionario de dudas que se precie. Sigue leyendo
Miscelánea galáctica
Siempre me han fascinado las personas que inventan palabras a tutiplén y las emplean con naturalidad y, por lo general, para arrancar una carcajada a quienes las escuchan. Eso me ocurre con los locos manchegos del programa español Muchachada nui (un nido de extraordinarios cómicos que –muerto ya ese espacio televisivo– se han desparramado por los diferentes canales de nuestro país) y con el genial humorista Forges, quien hace años escribía esto en una viñeta: «Tiene escaporniado el firdulasto de la percutoria». Tal sarta de disparates la decía un supuesto mecánico que reparaba el cañón de un militar, y este le respondía: «Vaya, y yo que tenía desembarco esta tarde». Cuando yo era un pibe de 14 años, Forges también me enseñó una palabra que ya existía, aunque yo pensé al leerla que era de su cosecha: miscelánea. Sigue leyendo
Tengo un currículum problemático
Dicen que hace una eternidad todos los caminos conducían a Roma, pero lo que no nos contaron es que el trayecto inverso a veces era tortuoso y con escalas. Por ejemplo, hay palabras que viajaron de Roma a Madrid (y a Canarias y a toda América) pasando por Londres o Nueva York. Eso es lo que parece que hizo la locución currículum vítae, que, aunque proviene del latín, es un anglicismo que empezó a ponerse de moda en nuestro idioma durante el siglo pasado. Cuántos problemas da este latinajo y cuántos su plural… Como en tantos otros asuntos complicados, los guardianes de la lengua no terminan de ponerse de acuerdo sobre la manera de escribirlo. Sigue leyendo
‘Cualquiera’ no es una palabra cualquiera
Hay palabras que resultan tremendamente simples y que no tienen ningún misterio: mesa es un sustantivo femenino, significa lo que todos sabemos que significa (aunque en realidad tiene muchas acepciones) y su plural se forma añadiendo una -s. Otras, por el contrario, me parecen fascinantes por la cantidad de secretos que esconden. Una de ellas es cualquiera. ¿Ustedes podrían definirla sin tener que recurrir a un diccionario? Tarea difícil… A esto se suman otras singularidades: se trata de un adjetivo –y pronombre– que ha dado lugar a un sustantivo, su plural es curiosísimo, puede disminuir de tamaño gracias a la magia de la apócope y a veces, sin darnos cuenta, la empleamos mal por influencia del inglés. ¿Les parece poco encanto? Sigue leyendo
¿Cuántas palabras tiene una carcajada?
La comunicación escrita a través de Internet y de los teléfonos móviles es un gran invento, pero la lengua española (y supongo que también otras) se ha visto sorprendida y apaleada por su culpa con el nacimiento de una suerte de nuevo código que, si bien podría estar algo justificado en el caso de los SMS y de Twitter –que imponen un número máximo de caracteres en cada mensaje–, no lo está en absoluto en los chats y otros sistemas de diálogo escrito, como Facebook y Skype, donde podemos copiar la Biblia entera si queremos. Afortunadamente, no todo el mundo ha sucumbido a la moda de abreviar por abreviar, y somos muchos los que preferimos escribir cosas como jajajá antes que emplear un emoticono con cara de risa. Pensándolo bien, ¿debería haber escrito jajajá o ja, ja, ja? Ahora lo veremos. Sigue leyendo
Un número redondo para una palabra redonda
Después de mucho atosigar al personal con enlaces, fotos y campañitas, la página que el blog Lavadora de textos tiene en Facebook llegó esta tarde, por fin, a los 2000 seguidores.1 Lo primero que tengo que hacer es agradecer las nuevas incorporaciones y la ayuda de todos los atosigados. Dicho esto, voy a responder hoy a una pregunta que me han hecho alguna que otra vez: ¿por qué la palabra Facebook no se escribe en cursiva si se trata de una voz de otro idioma? Aprovechemos que hemos llegado a un número redondo para hablar de una palabra que se escribe en redonda. Sigue leyendo
Hay comas impepinables
En cierta ocasión dije aquí que las comas son muy suyas, muy bohemias, y a veces aterrizan en el sitio menos esperado. Efectivamente, la Real Academia Española reconoce que este signo de puntuación es el que más dudas plantea. Sin embargo, hay comas que son impepinables (o sea, que no admiten discusión, según la definición que da la RAE de la palabra impepinable). Así, igual que es incorrecto escribir este pequeño y gracioso trazo entre el sujeto y el verbo –‘Juan, tiene un coche’–, también lo es prescindir de él cuando un sustantivo (o un grupo nominal o un pronombre) funciona como vocativo. Dicho así puede que no lo entiendan, pero estoy seguro de que algunos de ustedes han cometido ese error más de una vez. Sigue leyendo




