Archivo de la etiqueta: Alberto Gómez Font

Vigilancia de corto alcance

EditajeSiendo yo adolescente tenía una profesora a la que tanto mis compañeros de clase como yo solíamos dejar en evidencia en aquellas ocasiones –demasiadas– en las que los alumnos le demostrábamos que se había equivocado al impartir alguna lección. Lejos de verlas como un triunfo, estas escenas me provocaban una mezcla de vergüenza ajena, compasión y, sobre todo, decepción, pues es triste comprobar que la autoridad es un honor volátil que se desvanece cuando quien la ejerce no está todo lo capacitado que debiera para tal fin. Algo vagamente parecido me ocurrió la semana pasada con la denominada «Unidad de Vigilancia Lingüística», una sección del programa de radio La ventana, de la cadena SER, cuyos responsables perdieron la autoridad que se les supone al censurar de manera arbitraria la palabra editaje. Sigue leyendo

Esto son palabras mayores

MayoresDice el Diccionario fraseológico documentado del español actual (Aguilar), de Manuel Seco, que la expresión palabras mayores es una locución nominal que significa ‘cosa de importancia mayor de lo corriente’. Siempre se usa en plural, aunque lo denominado sea singular, de tal manera que si yo digo, por ejemplo, que me han regalado un libro escrito por Alberto Gómez Font, Xosé Castro, Antonio Martín y Jorge de Buen y alguien me responde: «Oye, eso son palabras mayores», esa expresión es triplemente correcta. Es correcto que eso sea singular y palabras mayores sea plural –como ya hemos dicho–, pero también es correcto decir que el libro son palabras mayores, porque es cierto que su contenido es de importancia mayor de lo corriente. Para colmo, el libro en cuestión se titula Palabras mayores, y este hecho es el que completa el trío de correcciones señalado más arriba. Sigue leyendo

La valiente capitana

ZaidaHay que tener los ovarios bien puestos (y perdonen ustedes la expresión) para soportar lo que ha soportado la comandante Zaida Cantera, de la que en estos días hablan todos los españoles al conocerse el terrible acoso que ha venido sufriendo por parte de sus superiores en el Ejército. Aunque la valiente joven, como he dicho, es comandante, casi todo el mundo sigue refiriéndose a ella como «la capitán Zaida Cantera», no sé por qué. Curiosamente, solo unos pocos han optado por la forma capitana, y ese escaso uso que se le da a este femenino podría ser una muestra del exceso de testosterona que circula por nuestras Fuerzas Armadas. Sigue leyendo

Un cóctel del barman don Alberto

EstiloIntentar describir brevemente a don Alberto Gómez Font es algo así como llamar camarero al artista que hace cócteles, un señor (o señora) al que en rigor debemos llamar barman. Aun así, intentaré hacer un retrato suyo en pocas líneas. Alberto Gómez Font es un barman apasionado, un conversador sereno y entretenido, de voz grave y mecedora, y también es uno de mis guardianes de la lengua favoritos, porque su alma mestiza –mezcla de Colombia y España, entre otros amores telúricos– ha hecho posible que su trabajo en el ámbito de nuestro idioma quede del lado de los tolerantes, de los que miran con el mismo respeto a la norma y al uso, de los que nadan con idéntica soltura en el mar Cantábrico y en el Caribe, de los que creen que reírse de una falta de ortografía ajena es algo bastante feo. Sigue leyendo

No tilde usted más de la cuenta

TildarDice el dicho que «perro no come carne de perro». Esta vieja frase, que los periodistas emplean a la menor ocasión para recriminarle a algún colega una crítica pública o una acción inmoral contra un compañero de profesión, es –en el ámbito del periodismo– uno de los refranes más alejados de la realidad que he escuchado en mi vida: veintitrés años de oficio me permiten afirmar que las puñaladas en este gremio, al que pertenezco, son el pan nuestro de cada día. Dicho esto, ustedes habrán podido comprobar que una de las fuentes de las que bebe este blog son los errores de escritura que cometen los periodistas, errores que yo aprovecho aquí para tratar de enmendarlos. No obstante, al hacer eso no estoy comiendo carne de perro: yo digo el pecado, pero nunca nombro al pecador. Sigue leyendo

Miscelánea galáctica

Siempre me han fascinado las personas que inventan palabras a tutiplén y las emplean con naturalidad y, por lo general, para arrancar una carcajada a quienes las escuchan. Eso me ocurre con los locos manchegos del programa español Muchachada nui (un nido de extraordinarios cómicos que –muerto ya ese espacio televisivo– se han desparramado por los diferentes canales de nuestro país) y con el genial humorista Forges, quien hace años escribía esto en una viñeta: «Tiene escaporniado el firdulasto de la percutoria». Tal sarta de disparates la decía un supuesto mecánico que reparaba el cañón de un militar, y este le respondía: «Vaya, y yo que tenía desembarco esta tarde». Cuando yo era un pibe de 14 años, Forges también me enseñó una palabra que ya existía, aunque yo pensé al leerla que era de su cosecha: miscelánea. Sigue leyendo

¿Se puede cosechar una derrota?

Más de una vez he sido cruel en este blog con los periodistas –con los malos y con los regulares– por sus temeridades lingüísticas, algunas de las cuales son para tirarse de los pelos. Eso no quiere decir que crea que este gremio, al cual yo también pertenezco, tenga por costumbre maltratar nuestro idioma. En absoluto. Conozco a excelentes periodistas que se toman muy en serio eso que he dicho yo aquí en más de una ocasión: la lengua es nuestra herramienta fundamental. Uno de esos excelentes profesionales es Carlos García, un redactor de deportes –lo suyo es sobre todo el baloncesto– que el otro día me preguntó si consideraba aceptable la expresión cosechar una derrota. La respuesta es que se trata, en efecto, de una incorrección, pero no por los motivos que él argumentaba. Sigue leyendo

Un año de papel

Mañana, día 15 de diciembre, se cumple un año del nacimiento del libro Lavadora de textos, una aventura en la que me vi metido casi sin darme cuenta, pero que valió la pena porque me ha reportado pingües beneficios. Beneficios emocionales, se sobrentiende; del resultado económico mejor hablamos en otro momento. Dice la Real Academia Española que beneficio es ‘bien que se hace o se recibe’. Ignoro si todos los lectores de mi libro han obtenido algún bien –en forma de conocimiento, resolución de dudas o entretenimiento–, pero les puedo asegurar que, como dice el anuncio de no sé qué tarjeta de crédito, a mí me ha dado cosas que el dinero no puede comprar. Cosas tan simples como que un amigo enviara a mi teléfono una foto de un jubilado esperando su turno en su centro de salud mientras leía un ejemplar de Lavadora de textos. Sigue leyendo