Ya he mostrado con anterioridad mi fascinación por algunos humoristas que usan la lengua como arma eficacísima para lograr su objetivo, que no es otro que hacernos la vida un poco más llevadera. Desde el dibujante Forges hasta los muchachos del programa televisivo La hora chanante, pasando por Les Luthiers y el dúo Faemino y Cansado, no hay cómico que se precie que no haya inventado alguna palabra o expresión para convertir en carcajadas una absurdidad léxica o una voltereta sintáctica. A Dani Mateo lo descubrí cuando participaba en aquella locura de un canal de televisión español llamada Sé lo que hicisteis, pero, finiquitado el programa, este catalán sigue alegrando mis tardes desde YouTube. Hoy, ante mi incapacidad para reanudar la jornada laboral tras el almuerzo, me lancé a Internet en busca de sus monólogos y me tropecé con una maravillosa expresión que jamás había escuchado: de empiece. Sigue leyendo
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No tilde usted más de la cuenta
Dice el dicho que «perro no come carne de perro». Esta vieja frase, que los periodistas emplean a la menor ocasión para recriminarle a algún colega una crítica pública o una acción inmoral contra un compañero de profesión, es –en el ámbito del periodismo– uno de los refranes más alejados de la realidad que he escuchado en mi vida: veintitrés años de oficio me permiten afirmar que las puñaladas en este gremio, al que pertenezco, son el pan nuestro de cada día. Dicho esto, ustedes habrán podido comprobar que una de las fuentes de las que bebe este blog son los errores de escritura que cometen los periodistas, errores que yo aprovecho aquí para tratar de enmendarlos. No obstante, al hacer eso no estoy comiendo carne de perro: yo digo el pecado, pero nunca nombro al pecador. Sigue leyendo
Se busca una buena escritura
Hoy toca empezar con otra de mis batallitas de abuelo: hace una eternidad trabajé en un periódico cuyo director daba consejos que eran en realidad órdenes, y había que cumplirlas por mucho que uno supiera que el jefe no tenía razón. No la tenía, por ejemplo, cuando se empeñaba en condenar el empleo de la partícula se en construcciones pasivas reflejas porque, según decía –y al decirlo se equivocaba–, así se estaba haciendo un mal uso del pronombre reflexivo se. No sé si me han entendido, así que me explicaré: cuando este hombre veía una oración como ‘Se ha encontrado el cadáver’, ordenaba inmediatamente sustituirla por ‘El cadáver ha sido encontrado’ y añadía: «¿Es que acaso el cadáver se encontró a sí mismo»? Diecisiete años después, me permito la osadía de llevarle la contraria a aquel buen director, que ya está retirado y seguramente no se enfadará. Sigue leyendo
Mayonesa democrática
En estos tiempos grises en los que millones de personas están sometidas a los intereses espurios (no espúreos) de unos pocos, nuestras libertades se desvanecen entre una niebla de multinacionales, bancos y titiriteros invisibles. Frente a ellos, la lengua se erige como modelo de democracia absoluta: a la hora de hablar y de escribir, siempre triunfa lo que quiere la mayoría. Por eso esta mañana no pude evitar sonreír al escuchar en el programa radiofónico Hoy por hoy, de la cadena SER, un nuevo episodio del eterno debate en torno a las palabras mayonesa y mahonesa; un debate estéril, pues el pueblo ya ha hablado y se queda con la primera de ellas. Sigue leyendo
¡Por Tutatis! ¡El cielo se nos cae encima!
Hoy, día de tormenta en las islas Canarias, escucho en la radio a un locutor que comenta lo curiosa que le resulta la expresión aparato eléctrico. Dice el buen hombre –y no le falta razón– que, para él, aparatos eléctricos son una tostadora, una lavadora y otros artefactos de los que no se debe hablar en horario infantil. Es cierto, pero también es verdad que la palabra aparato significa, según el diccionario de la Real Academia Española, ‘circunstancia o señal que precede o acompaña a algo’. En este caso, la tormenta que nos azota desde ayer ha lanzado ya miles de rayos, con sus relámpagos y sus truenos. Y esos rayos, esas señales que acompañan a la tormenta, son su aparato. Su aparato eléctrico, pues los rayos son descargas eléctricas. Sigue leyendo
¿Apóstrofe o apóstrofo?
Me pregunta José Peraza, estimadísimo periodista deportivo y muy buen redactor (no todos los periodistas redactan bien, desgraciadamente) por qué tanta gente dice apóstrofe cuando quiere decir apóstrofo. La respuesta es muy sencilla: son dos palabras que se parecen muchísimo; sin embargo, significan cosas diferentes. El apóstrofe es una figura retórica, o sea, un truco de esos que emplean los escritores para repujar sus obras literarias. En cuanto al apóstrofo, se trata de un signo ortográfico «que apenas se usa en el español actual», según la Real Academia Española. ¿Que apenas se usa? Yo no sería tan categórico… Sigue leyendo
Borbones, González y Alemanes
Según datos del Instituto Nacional de Estadística, en España hay 336 Borbones frente a un millón y medio de Garcías –el apellido más común en nuestro país– y casi un millón de González, lo cual podría servir como aperitivo para un pintoresco debate entre monárquicos y republicanos en el que yo me lo pasaría bomba. Sin embargo, no entraré hoy en ese asunto, pues lo que realmente me interesa es hablar de los plurales de los apellidos. ¿Se han fijado en que he escrito Borbones y Garcías –plurales de Borbón y García–, pero el apellido González, que también está aquí en plural, lo he escrito igual que en singular? Sigue leyendo
Son tres palabras y me gustan
Cuentan que el maestro cubano Osvaldo Farrés, autor, entre otras canciones, de Toda una vida y Quizás, quizás, quizás, compuso la célebre Tres palabras después de que una cantante le pidiera una creación para su repertorio, a lo que él le contestó que eso de escribir una balada no era coser y cantar. La artista le dijo entonces que con solo tres palabras él podía hacer algo maravilloso. Y así nació este inmortal bolero, en el que las famosas tres palabras son «cómo me gustas». En fin, no he hecho sino empezar y ya estoy divagando. Hoy vamos a hablar de tres palabras muy maltratadas y que los hispanohablantes usamos a veces al tuntún, tal vez porque son un poco raras, aunque a mí me gustan. Se trata de cuyo, ambos y sendos. Sigue leyendo
Apuntes sobre pistolas
En español hay casi tantas frases hechas como comentarios sobre ellas, sobre su origen y sobre lo correcto o incorrecto de usarlas. Hay guardianes de nuestro idioma que se muestran inflexibles a la hora de condenar por absurdas ciertas locuciones y, sin dar su brazo a torcer, ven cómo la lengua salta sobre ellos a paso vertiginoso mientras se dicen, melancólicos, aquello de «¡dónde iremos a parar!». Otros, por el contrario, caminan con los tiempos y, con naturalidad y argumentos, consideran totalmente aceptables las mismas frases que otros no toleran. Víctima y protegida de unos y de otros es la expresión a punta de pistola, que los puristas rechazan porque, dicen, una pistola no tiene punta. ¿Y qué? Tampoco le damos un pie a nadie cuando decimos dar pie. Sigue leyendo
La suave voz de la Real Academia Española
En mi humilde condición de corrector de textos, me he permitido la libertad de criticar en este blog a la Real Academia Española cuando lo he creído oportuno. Al hacerlo, siempre he dicho que esa institución es tan humana como cualquiera de nosotros y, por tanto, posee, igual que ustedes y que yo, esa gran virtud que es la capacidad de equivocarse. Sin embargo, también es cierto que hasta ahora la RAE era para mí algo en cierta forma virtual y nada humano: tres letras mayúsculas, varios libros magníficos, una dirección de correo electrónico, una página web… Pero el pasado viernes pude ponerle rostro a una parte importante de la Docta Casa: su vicedirector, José Antonio Pascual, vino a Tenerife y yo me planté en su hotel con total desvergüenza para robarle unos minutos. Ahora sé que la Academia también tiene voz, una voz suave y capaz de pronunciar palabras que destilan un fino sentido del humor. Sigue leyendo

