¿Apóstrofe o apóstrofo?

Me pregunta José Peraza, estimadísimo periodista deportivo y muy buen redactor (no todos los periodistas redactan bien, desgraciadamente) por qué tanta gente dice apóstrofe cuando quiere decir apóstrofo. La respuesta es muy sencilla: son dos palabras que se parecen muchísimo; sin embargo, significan cosas diferentes. El apóstrofe es una figura retórica, o sea, un truco de esos que emplean los escritores para repujar sus obras literarias. En cuanto al apóstrofo, se trata de un signo ortográfico «que apenas se usa en el español actual», según la Real Academia Española. ¿Que apenas se usa? Yo no sería tan categórico…

Antes que nada, vamos a quitarnos de encima el apóstrofe. Esta voz se usaba en el pasado como ambigua, de tal manera que servía para los dos géneros, aunque en la actualidad funciona exclusivamente como masculina. Según la RAE, la empleamos para referirnos a una figura retórica que consiste «en dirigir la palabra con vehemencia en segunda persona a una o varias, presentes o ausentes, vivas o muertas, a seres abstractos o a cosas inanimadas, o en dirigírsela a sí mismo en iguales términos». Por ejemplo: ‘¡Oh, pasión, no separes nunca a estas dos almas!’. También puede ser un insulto o un dicterio, palabra que no había escuchado hasta hoy. Búsquenla…

Ahora vayamos con el apóstrofo ¿Cómo es eso de que en el español actual apenas se usa? Claro que se usa, aunque muchas veces –no todas– lo hacemos mal. Para quienes no lo sepan, aclaremos que se trata de un signo ortográfico en forma de coma elevada (’). Y, por mucho que la RAE y el gramático Manuel Seco digan que no se emplea en nuestra lengua, la verdad es que lo vemos constantemente en los textos que leemos.

A continuación les expondré tres casos en los que su uso es incorrecto, según la Academia –y según un servidor–: para quitarle cifras a un año, en lo que el ortógrafo José Martínez de Sousa considera un «anglicismo ortográfico» (‘La Olimpiada Barcelona ’92 fue un éxito’); para hacer los plurales de siglas (‘Las ONG’s necesitan dinero’); y para separar los números enteros de los decimales (‘Me debes 95’45 euros’). En el primer caso basta con un espacio; en el segundo, hay que tener en cuenta que el plural de una sigla es invariable (‘Las ONG necesitan dinero’); y en el tercero lo correcto es emplear una coma, que Sousa llama «coma decimal» y que es la coma de toda la vida.

¿Y qué pasa cuando usamos el apóstrofo para marcar la eliminación de un sonido? ¿Es correcto hacerlo? Pues sí, según el Diccionario panhispánico de dudas, de la RAE, que señala que podemos emplearlo para «reflejar, en la escritura, la supresión de sonidos que se produce en ciertos niveles de la lengua oral». La Ortografía de la lengua española (Espasa), también de la Academia, aclara que estamos hablando de la supresión que se produce «al pronunciar dos palabras sucesivas independientes».

Veamos este ejemplo: ‘¿Se marcha ya pa su casa o sigue pa’rriba?’. Como habrán leído, no he usado apóstrofo después de la primera pa, porque no es correcto emplearlo cuando el acortaminto se hace simplemente mediante una apócope (pa por para) o una aféresis (ña por doña). En pa su casa solo hay una apócope –o sea, solo se ha acortado una palabra–, pero en pa’rriba se han fundido, por así decirlo, dos palabras, y al hacerlo han desaparecido algunos sonidos de estas.

También se usa, por supuesto, cuando queremos escribir en nuestros textos los apóstrofos que se emplean de manera habitual en otras lenguas, como el francés, el italiano, el inglés o el catalán, nos recuerda el Panhispánico. ¿O es que a ustedes se les ocurre alguna forma de escribir D’Artagnan sin colocar este curioso signo? A mí tampoco.

¿Ha quedado todo claro? Pues, como decimos en mi tierra, me voy pa’l carajo. Hasta la próxima.

Ramón Alemán

Este artículo fue revisado y modificado en 2020.