Salto sin Red

Cuando se me ocurrió crear este blog, hace ahora más de un año, desconocía las consecuencias que esa creación iba a tener. Simplemente pensé que con él podría ayudar a unas pocas personas a resolver ciertas dudas relacionadas con la escritura. Fue un pequeño salto, un salto sin red, porque el riesgo que asumía al iniciar esa aventura era minúsculo (apenas los gastos necesarios para poner en marcha la página web). Para mi sorpresa, el blog Lavadora de textos ha tenido un éxito en la Red –esta vez con mayúscula inicial– que yo no esperaba. A lo largo de los últimos meses, algunos de sus lectores me han preguntado cuándo se iba a convertir en libro, una ocurrencia que al principio me tomé a risa. Sin embargo, he acabado por hacerles caso, así que dentro de unas semanas esta Lavadora pasará de la Red al papel. Y eso sí que es un salto sin Red.

La primera sorpresa que me llevé con el blog fue comprobar que la mayoría de sus lectores son de la España continental, sobre todo de Madrid, Barcelona y Vigo, según los datos estadísticos que la propia página arroja (también cuenta con bastantes seguidores en Argentina, México, Estados Unidos, Alemania, Suiza, Cuba, Venezuela, Puerto Rico…). Fue una sorpresa porque, como muchos de ustedes saben, yo vivo y trabajo en Tenerife y jamás pensé que mis artículos pudieran ser leídos por alguien que no fuera amigo mío, colega de la prensa o internauta despistado. Por cierto, la Real Academia Española aún no recoge en su diccionario la palabra internauta. Ya lo hará…1

La segunda sorpresa, que además supuso una gran alegría, fue la reacción de muchos lectores tras la publicación de cada artículo: me daban las gracias por resolverles dudas que arrastraban desde hacía una eternidad y además me decían que se habían reído durante la lectura de mis textos. Por si fuera poco, hace unos meses me enteré de que un grupo de profesores de Madrid estaba usando el blog para explicar a sus alumnos algunos secretos de la lengua española, y eso, además de alegrarme, también me aterrorizó un poco: sentí de repente un gran peso sobre mi vieja espalda.

Todo esto me ha llevado a pensar que tal vez aquel invento que en su día saltó a Internet con el único propósito de entretenerme con lo que más me gusta –las palabras– podría ser algo útil, de tal manera que finalmente he hecho caso a todos los que llevan un tiempo dándome la lata para que edite un libro con una selección de mis artículos. El proceso ha sido bastante sencillo y rápido, así que Lavadora de textos estará en las librerías a principios de diciembre.

En las primeras páginas podrán leer un prólogo escrito por Alberto Gómez Font, coordinador general de la Fundación del Español Urgente (Fundéu), que es todo un caballero y accedió a incluir unas líneas de presentación. También hay una pequeña introducción en la que yo mismo explico la naturaleza del libro.

En fin, esta es la noticia que venía anunciando desde hace un mes. Espero no haber decepcionado a quienes querían un notición. Por último, les debo un agradecimiento especial a Guille Padilla, diseñador de la web y del fantástico símbolo que la acompaña; a Deli Delgado, diseñadora del libro; a Andrés Gutiérrez, autor de la foto que aparece en la contracubierta; y a todos los lectores que durante este año me han trasladado sus dudas lingüísticas, sin las cuales el blog no habría durado ni dos telediarios.

Ramón Alemán

1 Ya lo hizo. (Nota añadida en 2020).