Soneto lingüístico número 32
Andrés Bello, un genial venezolano,
soñó con reinventar la ortografía
y muchos lamentamos hoy en día
que su cabal esfuerzo fuera en vano.
Propuso Bello al mundo americano
matar duplicidades de grafía,
dar fin a la española algarabía
y hacer de la escritura un arte llano.
Andrés el Sabio construyó un modelo
que dice que una letra cohabita
con un fonema solo, no con varios.
A España llegó el eco de su celo,
pero ordenó la reina Isabelita
parar tal osadía, ¡vaya ovarios! 1
Ramón Alemán
1 La reforma de Andrés Bello es heredera de propuestas anteriores, que contemplaban la simplificación de la ortografía española con base en criterios fonéticos y en el ideal de que cada fonema debe ser representado por una sola letra y cada letra puede representar no más de un fonema. Si su proyecto, dado a conocer en 1823, hubiera tenido éxito, hoy escribiríamos, por ejemplo, ‘El ombre qiere la qasa, el zetro, la gitarra i el rramo de jeranios’ en lugar de ‘El hombre quiere la casa, la guitarra, el cetro y el ramo de geranios’. Y aunque esto nos pueda parecer una extravagancia, es en realidad una audaz idea que se abrió camino no solo en América, sino en España. Sin embargo, la reina Isabel II ordenó en 1844 que en las escuelas del país se adoptaran los criterios de la Real Academia Española. Finalmente, las naciones americanas se doblegaron a la RAE, aunque Chile siguió usando algunos elementos de la ortografía de Bello (también llamada «ortografía chilena») hasta 1927.