Archivo de la etiqueta: Ortografía de 2010

Pongamos los puntos sobre algunas íes

¿Se acuerdan de Rociito? La hija de la cantante Rocío Jurado… Los más jóvenes y los que viven lejos de España probablemente no sabrán quién es. No se pierden nada. Yo, en cambio, era corrector de prensa en los años gloriosos de Rocío Carrasco, y su diminutivo (su hipocorístico, en realidad), puntiagudo como su propio rostro, aparecía cada dos por tres en las páginas de cotilleos cuando los periódicos todavía tenían páginas de cotilleos. No sé si sería por lo estridente del nombrecito de la muchacha, pero recuerdo que todos los redactores lo escribían con tilde –Rociíto–, algo que va contra las reglas de acentuación. Sigue leyendo

¡Que no escribas ‘qué’!

Después de leer lo que dijo hace unos meses Bonnie Tyler sobre nuestro país («¡Qué viva España!», con una tilde bastante sorprendente), me da la impresión de que la cantante galesa no tiene ni idea de la apatía que se extiende entre los españoles, incapaces de dar un golpe sobre la mesa ante una de las mayores crisis de su historia. Aunque, pensándolo bien, creo que lo que ocurrió fue que la persona que convirtió en texto las palabras de la rubia se equivocó y puso una tilde donde no debía; en tal caso, lo que Bonnie Tyler dijo fue «¡Que viva España!», como queriendo dar ánimos a los chicos de El Sueño de Morfeo, que finalmente no se comieron una rosca en el festival de Eurovisión. Sigue leyendo

Esto no es un microrrelato

Todos sabemos lo que es un microrrelato, ¿verdad? Tal vez el más famoso sea El dinosaurio, del escritor guatemalteco Augusto Monterroso. Dice así: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí». Inquietante. Hoy no vamos a escribir un microrrelato, sino un relato breve sobre la incapacidad que tienen algunos (pocos, esperemos) para enmendar sus errores. La protagonista se llama Sabina y, según me manifestó a través de una red social días atrás, vive atormentada por los concursos de microrelatos que se anuncian en Internet. Yo también vivo así desde hace tiempo, y la culpa de nuestro común tormento es una simple letra erre. Sigue leyendo

‘Sexy’ es una palabra sexi

No me digan ustedes que la palabra sexy no llama la atención. ¿Será por esa equis? ¿O será porque todo lo que tenga que ver con el sexo nos resulta interesante? Yo creo que sí, que es por esto último. Sea como sea, lo cierto es que en cuanto nuestros ojos la ven, nos lanzamos a leer el resto de la frase en la que aparece. Cómo somos… Los personajes del genial humorista y escritor canario Juan Luis Calero lo dirían así: «¡Oiga! ¡Hay que ver lo que es el cerebro humano de las personas!». Sí, sexy nos resulta una palabra atractiva y nos hace pensar en sexo, así que podríamos decir que es sexi. Pero sexi con i latina, que conste. Sigue leyendo

Miscelánea galáctica

Siempre me han fascinado las personas que inventan palabras a tutiplén y las emplean con naturalidad y, por lo general, para arrancar una carcajada a quienes las escuchan. Eso me ocurre con los locos manchegos del programa español Muchachada nui (un nido de extraordinarios cómicos que –muerto ya ese espacio televisivo– se han desparramado por los diferentes canales de nuestro país) y con el genial humorista Forges, quien hace años escribía esto en una viñeta: «Tiene escaporniado el firdulasto de la percutoria». Tal sarta de disparates la decía un supuesto mecánico que reparaba el cañón de un militar, y este le respondía: «Vaya, y yo que tenía desembarco esta tarde». Cuando yo era un pibe de 14 años, Forges también me enseñó una palabra que ya existía, aunque yo pensé al leerla que era de su cosecha: miscelánea. Sigue leyendo

Te quiere, porque te dibujó un corazón

No crean ustedes que vamos a hablar del día de los Enamorados.1 No. Vamos a hablar de una coma que causa muchos problemas y que no tiene nada que ver con Cupido ni con san Valentín. Lo del título ha sido simplemente para llamar su atención en un día tan meloso como el de hoy, pero aprovechemos esa oración para explicar por qué a veces hay que escribir una coma antes de porque y en otras ocasiones no. Sigue leyendo

¿Cuántas palabras tiene una carcajada?

La comunicación escrita a través de Internet y de los teléfonos móviles es un gran invento, pero la lengua española (y supongo que también otras) se ha visto sorprendida y apaleada por su culpa con el nacimiento de una suerte de nuevo código que, si bien podría estar algo justificado en el caso de los SMS y de Twitter –que imponen un número máximo de caracteres en cada mensaje–, no lo está en absoluto en los chats y otros sistemas de diálogo escrito, como Facebook y Skype, donde podemos copiar la Biblia entera si queremos. Afortunadamente, no todo el mundo ha sucumbido a la moda de abreviar por abreviar, y somos muchos los que preferimos escribir cosas como jajajá antes que emplear un emoticono con cara de risa. Pensándolo bien, ¿debería haber escrito jajajá o ja, ja, ja? Ahora lo veremos. Sigue leyendo

Como decíamos ayer…

Cuentan que cuando fray Luis de León se reincorporó a su cátedra después de pasar unos años en las mazmorras de la Inquisición, comenzó su clase con las mismas palabras que dan título a este artículo. Yo me permito hoy la libertad de plagiar al gran escritor español, aunque ni mi ausencia ha sido tan larga como la suya ni en este blog se ha pretendido nunca sentar cátedra. Tampoco he estado estos silenciosos cuatro meses en una prisión –ni de parranda ni tocándome… las narices, que conste–, pero valga la célebre frase del maestro para que el blog Lavadora de textos1 vuelva a la carga sin más y, de paso, para hablar un poco sobre los puntos suspensivos. Sigue leyendo

¿‘Traslúcido’ o ‘translúcido’? Vaya usted a saber…

Más de una vez he dicho aquí que la lengua española esconde algunos conflictos que traen de cabeza a los gramáticos desde no se sabe cuándo y para los que, a pesar de discusiones, análisis y debates, no se encuentra una solución definitiva. Entre ellos hay uno que podría llevarse la palma: el uso de los prefijos trans- y tras-. El desorden aquí es mayúsculo, así que si ustedes quieren saber, por ejemplo, cuál de las dos palabras que aparecen en el título de este artículo es la correcta (o si ambas lo son), yo les recomendaría que vayan por el camino más corto: consulten un diccionario. En realidad la recomendación no es mía, es de María Moliner. Casi nada. Sigue leyendo

Adicción a las tildes

Una lectora que se define a sí misma como «adicta a ver las faltas de ortografía» me dio el otro día un tirón de orejas porque leyó el pronombre aquellos sin tilde en la página que Lavadora de textos tiene en Facebook. Con toda su buena intención, esta mujer me regañó amablemente, pues, según sus propias palabras, pensaba que en nuestra Lavadora «cuidaban esto» (o sea, la escritura sin faltas de ortografía). Lo cierto es que sí que cuidamos esto. Tanto lo cuidamos que, guiados por el sentido común y por las recomendaciones ortográficas de los gramáticos, escribimos sin tilde los pronombres este, ese y aquel y también sus femeninos y sus plurales. Hay que tener cuidado con las adicciones –aunque sean figuradas–, porque el síndrome de abstinencia puede llevar a más de uno a buscar la dosis en el sitio equivocado. Sigue leyendo