Soneto lingüístico número 18
Mi amigo sentenció, tras raudo juicio,
que vio un error brutal mientras leía:
«¡Guion sin tilde!», no se lo creía,
pues era yo el autor del estropicio. Sigue leyendo
Mi amigo sentenció, tras raudo juicio,
que vio un error brutal mientras leía:
«¡Guion sin tilde!», no se lo creía,
pues era yo el autor del estropicio. Sigue leyendo