En mi humilde condición de corrector de textos, me he permitido la libertad de criticar en este blog a la Real Academia Española cuando lo he creído oportuno. Al hacerlo, siempre he dicho que esa institución es tan humana como cualquiera de nosotros y, por tanto, posee, igual que ustedes y que yo, esa gran virtud que es la capacidad de equivocarse. Sin embargo, también es cierto que hasta ahora la RAE era para mí algo en cierta forma virtual y nada humano: tres letras mayúsculas, varios libros magníficos, una dirección de correo electrónico, una página web… Pero el pasado viernes pude ponerle rostro a una parte importante de la Docta Casa: su vicedirector, José Antonio Pascual, vino a Tenerife y yo me planté en su hotel con total desvergüenza para robarle unos minutos. Ahora sé que la Academia también tiene voz, una voz suave y capaz de pronunciar palabras que destilan un fino sentido del humor. Sigue leyendo
