Archivo de la categoría: Errores frecuentes

No tilde usted más de la cuenta

TildarDice el dicho que «perro no come carne de perro». Esta vieja frase, que los periodistas emplean a la menor ocasión para recriminarle a algún colega una crítica pública o una acción inmoral contra un compañero de profesión, es –en el ámbito del periodismo– uno de los refranes más alejados de la realidad que he escuchado en mi vida: veintitrés años de oficio me permiten afirmar que las puñaladas en este gremio, al que pertenezco, son el pan nuestro de cada día. Dicho esto, ustedes habrán podido comprobar que una de las fuentes de las que bebe este blog son los errores de escritura que cometen los periodistas, errores que yo aprovecho aquí para tratar de enmendarlos. No obstante, al hacer eso no estoy comiendo carne de perro: yo digo el pecado, pero nunca nombro al pecador. Sigue leyendo

No es lo mismo desmonte que desmontaje

DesmonteEntre los errores que habitualmente se detectan en textos de prensa figura uno que a veces pasa desapercibido y que consiste en emplear la palabra desmonte donde realmente queremos decir desmontaje. Este despiste se da con más frecuencia de la que pudiera parecer, pero ocurre que a quien lo lee le pasa lo mismo que a quien lo escribió: no se da cuenta de que ahí hay un error, aunque sí que lo hay. Y lo hay porque en español tenemos dos verbos idénticos que se emplean para describir acciones muy diferentes. En efecto, cuando hablamos de desmontar nos podemos referir a ciertas operaciones que se realizan en montes y terrenos o a cosas tales como desarmar un artefacto o bajar de un caballo. Sigue leyendo

Un carácter, dos caracteres…

carácterLos informáticos son una fauna que me fascina y de la que dependo para poder tener al día este blog y otras herramientas que funcionan con bits. Como cualquier otro gremio, estos profesionales usan sus propios tecnicismos y también tienen algunos tics a la hora de hablar. Uno de ellos es la palabra caracter en lugar de carácter, un invento que se sacaron de la manga para referirse a los signos de escritura. Supongo que la intención del primer informático que cometió este error era dejar claro que estaba hablando de un signo de escritura y no del temperamento de una persona; pero se equivocó, porque en ambos casos se emplea la misma palabra, por lo que no hay ningún motivo para cambiar la acentuación. Sigue leyendo

¿Apóstrofe o apóstrofo?

Me pregunta José Peraza, estimadísimo periodista deportivo y muy buen redactor (no todos los periodistas redactan bien, desgraciadamente) por qué tanta gente dice apóstrofe cuando quiere decir apóstrofo. La respuesta es muy sencilla: son dos palabras que se parecen muchísimo; sin embargo, significan cosas diferentes. El apóstrofe es una figura retórica, o sea, un truco de esos que emplean los escritores para repujar sus obras literarias. En cuanto al apóstrofo, se trata de un signo ortográfico «que apenas se usa en el español actual», según la Real Academia Española. ¿Que apenas se usa? Yo no sería tan categórico… Sigue leyendo

La coma es bohemia, pero no tanto

Hace más de dos años, hablando en este mismo blog sobre la coma, decía yo que es un signo de puntuación bohemio y que a veces aterriza donde le viene en gana. Aquello de llamar «bohemia» a la coma le hizo tanta gracia a mi amigo –mi hermano– Eduardo García Rojas que desde entonces repito la ocurrencia cada vez que puedo. Sí, la coma es libre y de ella dice la Real Academia Española que es el signo «que más dudas plantea», pero no es menos cierto que está sometida a ciertas reglas. En determinados casos, la presencia o la ausencia de este garabato cambia radicalmente el sentido de una oración. Sigue leyendo

Son tres palabras y me gustan

Osvaldo Farrés.

Cuentan que el maestro cubano Osvaldo Farrés, autor, entre otras canciones, de Toda una vida y Quizás, quizás, quizás, compuso la célebre Tres palabras después de que una cantante le pidiera una creación para su repertorio, a lo que él le contestó que eso de escribir una balada no era coser y cantar. La artista le dijo entonces que con solo tres palabras él podía hacer algo maravilloso. Y así nació este inmortal bolero, en el que las famosas tres palabras son «cómo me gustas». En fin, no he hecho sino empezar y ya estoy divagando. Hoy vamos a hablar de tres palabras muy maltratadas y que los hispanohablantes usamos a veces al tuntún, tal vez porque son un poco raras, aunque a mí me gustan. Se trata de cuyo, ambos y sendos. Sigue leyendo

¡Que no escribas ‘qué’!

Después de leer lo que dijo hace unos meses Bonnie Tyler sobre nuestro país («¡Qué viva España!», con una tilde bastante sorprendente), me da la impresión de que la cantante galesa no tiene ni idea de la apatía que se extiende entre los españoles, incapaces de dar un golpe sobre la mesa ante una de las mayores crisis de su historia. Aunque, pensándolo bien, creo que lo que ocurrió fue que la persona que convirtió en texto las palabras de la rubia se equivocó y puso una tilde donde no debía; en tal caso, lo que Bonnie Tyler dijo fue «¡Que viva España!», como queriendo dar ánimos a los chicos de El Sueño de Morfeo, que finalmente no se comieron una rosca en el festival de Eurovisión. Sigue leyendo

Esto no es un microrrelato

Todos sabemos lo que es un microrrelato, ¿verdad? Tal vez el más famoso sea El dinosaurio, del escritor guatemalteco Augusto Monterroso. Dice así: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí». Inquietante. Hoy no vamos a escribir un microrrelato, sino un relato breve sobre la incapacidad que tienen algunos (pocos, esperemos) para enmendar sus errores. La protagonista se llama Sabina y, según me manifestó a través de una red social días atrás, vive atormentada por los concursos de microrelatos que se anuncian en Internet. Yo también vivo así desde hace tiempo, y la culpa de nuestro común tormento es una simple letra erre. Sigue leyendo

‘Sexy’ es una palabra sexi

No me digan ustedes que la palabra sexy no llama la atención. ¿Será por esa equis? ¿O será porque todo lo que tenga que ver con el sexo nos resulta interesante? Yo creo que sí, que es por esto último. Sea como sea, lo cierto es que en cuanto nuestros ojos la ven, nos lanzamos a leer el resto de la frase en la que aparece. Cómo somos… Los personajes del genial humorista y escritor canario Juan Luis Calero lo dirían así: «¡Oiga! ¡Hay que ver lo que es el cerebro humano de las personas!». Sí, sexy nos resulta una palabra atractiva y nos hace pensar en sexo, así que podríamos decir que es sexi. Pero sexi con i latina, que conste. Sigue leyendo

El deber me llama, supongo

Hace un tiempo hablaba aquí de la importancia de las preposiciones, unas palabritas que parecen insignificantes, pero que en realidad son esenciales para que nuestro idioma funcione como un reloj de precisión. Hay un caso concreto en el que la ausencia o la presencia de una de ellas puede cambiar notablemente el sentido de una oración. Estoy hablando de la preposición de, que, añadida al verbo deber, modifica su significado. La ligereza de los hispanohablantes –algunos de ellos escritores de renombre– a la hora de ponerla y quitarla ha motivado que este asunto aparezca en todo diccionario de dudas que se precie. Sigue leyendo