Soneto lingüístico número 65
Un soneto me manda hacer Violante1
cargado de metáforas2 secretas
que oculten lo veraz bajo discretas
audacias de una rima consonante.
Y empiezo la tarea yo al instante:
«Lejanas ya las roncas siluetas
de las nubes rotundas y completas
que anegaron mi yo resucitante,
»hoy solo el cascabel casi inaudible
de una vieja canción en mi ventana
susurra: “Si estás bien, iré esta tarde”».3
Lector, si ves mi texto incomprensible,
culpable es la metáfora, esa arcana
verdad que se escabulle por cobarde. 4
Ramón Alemán
1 Este primer verso, «Un soneto me manda hacer Violante», lo he robado de uno de los más famosos poemas de Lope de Vega, en el que el escritor explica precisamente cómo va escribiendo un soneto. Cuando yo era joven, pensaba que lo que decía Lope era «Un soneto me manda ser violante», o sea, que un soneto le ordenaba ser transgresor; pero no: lo que dice el escritor es que alguien llamado Violante le pide un soneto.
2 Según el diccionario de la Real Academia Española, una metáfora es la «traslación del sentido recto de una voz a otro figurado, en virtud de una comparación tácita, como en las perlas del rocío, la primavera de la vida o refrenar las pasiones». Es una de las figuras retóricas más útiles para todo aquel que quiera enriquecer sus textos. En el Diccionario de términos literarios (Espasa), su autora, Ana María Platas Tasende, identifica unos veinte tipos de metáforas, desde la pura hasta la alucinante, pasando por la antropomórfica, la aposicional, la cinestésica, la hiperbólica, la de segundo grado, la vivificadora…
3 Ya lo he explicado en otro sitio, pero lo repito aquí: las comillas de cierre que vemos antes de la palabra hoy se llaman comillas de seguir, y con ellas le estoy indicando al lector que las comillas que se abrieron antes de Lejanas siguen abiertas. Yo uso comillas españolas (« ») para encerrar toda esa parte del poema, pero a la vez necesito otras comillas para identificar un segundo entrecomillado dentro del principal, por lo que ahí debo usar las comillas inglesas (“ ”). Por eso he escrito “Si estás bien, iré esta tarde”.
4 No es cierto que la función de la metáfora sea ocultar por cobardía el sentido recto de una expresión, pero a mí me viene muy bien –por varias razones, entre ellas la rima– usar la palabra cobarde para terminar mi soneto. Si se preguntan cuántas metáforas hay en este poema, yo diría que tenemos siete:
– lejanas ya las roncas siluetas
– las nubes rotundas y completas
– anegaron mi yo resucitante
– el cascabel casi inaudible
– una vieja canción
– en mi ventana
– susurra: «Si estás bien, iré esta tarde»
Sus significados no los diré porque no es necesario. Creo recordar que, cierta vez, el cantautor cubano Silvio Rodríguez, cansado ya de que le preguntaran qué demonios era el unicornio azul, respondió que ese raro animal (que en su texto funciona como una metáfora) podía significar lo que cada oyente de la canción quisiera.