Agua tónica

Un servidor tiene la mala costumbre de no dejar nunca una discusión a medias; da igual que la cosa vaya sobre el asunto más trivial. Y si se trata de discrepancias acerca de la lengua española, la pasión me puede y sigo debatiendo incluso cuando la otra parte ya se ha retirado de la batalla (por aburrimiento, probablemente). Mi última discusión tiene que ver con la palabra apócope: un amigo de Facebook me dijo que debí haber escrito el apócope donde escribí la apócope, pero no tenía razón.

Hoy voy a cerrar aquí dos asuntos que tengo pendientes con sendos amigos virtuales de la página de Lavadora de textos en Facebook. La cuestión en ambos casos tiene que ver con los sustantivos femeninos que empiezan –o no– con /a/ tónica. Hace unos meses se montó un follón a cuenta de un comentario que publiqué en relación con una frase en la que se leía «Un agüita…». Decía yo entonces que el artículo que precede a la palabra agüita debe ser una, y no un, ya que lo que sigue es un sustantivo femenino que comienza con /a/, pero esa /a/ no es tónica. ¿Acaso escribimos un almohada? Yo diría que no… Pero sí escribimos un águila, el habla y algún área, porque esos nombres sí empiezan con /a/ tónica.

Una señora pareció no entender mi argumento, hasta el punto de que llegó a preguntar qué tenía que ver la diéresis con el artículo una… No tiene nada que ver, evidentemente, y, dado que esta mujer no entró nunca en razón –pese a la tormenta de comentarios con los que decenas de personas trataron de decirle lo mismo que yo–, ahora lo explicaré otra vez por si ella casualmente lee estas líneas.

Veamos: para empezar, aunque escribamos EL agua, ese artículo es en este caso concreto femenino y proviene del latín, que nos dio illa y después ela, tal y como explica el Diccionario panhispánico de dudas, de la Real Academia Española. Con el transcurso de los siglos (y resumiendo mucho), cuando la palabra femenina que seguía al artículo ela comenzaba con /a/ tónica, ambas aes se fundían en un economizador abrazo gráfico: en lugar de ela agua, a los hispanohablantes nos pareció mejor escribir el agua, a secas (o a mojadas). Pasado un tiempo, decidimos hacer lo mismo con el artículo un y con los adjetivos alguno y ninguno, de tal manera que solemos escribir un águila, algún área y ningún alma. Pero, ojo, en estos tres casos no es incorrecto usar las formas femeninas de toda la vida: podemos decir una águila, alguna área y ninguna alma, aunque casi nadie lo hace.

Nada de esto tiene sentido cuando entre el artículo –o el adjetivo– y el sustantivo femenino se interpone otra palabra, así que diremos la nueva área y una hermosa águila. Pero cuando esa palabra recién llegada se coloca al final, las formas correctas son estas: EL área nuevA y UN águila hermosA. ¿Todo lo dicho desde el principio hasta ahora sirve para los adjetivos? No. Por lo tanto, dudo mucho que ustedes hayan escuchado alguna vez algo parecido a esto: ‘De esas dos torres, me gusta más el alta’. Lo correcto es ‘De esas dos torres, me gusta más la alta’. Pero sí decimos ‘Recibí el alta médica’. ¿Por qué? Porque en este último ejemplo el vocablo alta es un sustantivo.

El otro debate –que más bien fue un soliloquio– tuvo lugar ayer mismo: hablaba yo de la apócope (o sea, de la supresión de una o más letras al final de una palabra) y un amigo de nuestra comunidad de lavadores de textos comentó que debí haber escrito el apócope. Pues bien, aquí podemos decir exactamente lo mismo que en el caso de una agüita. ¿Comienza apócope con /a/ tónica? No: el acento recae en la primera /o/, así que el artículo la está muy bien puesto, como también lo está en la amiga, la alquimia, la antigüedad, la alacena, la austeridad. Y esto va a misa.

Ramón Alemán

Este artículo fue publicado el 25 de junio de 2013, pero, por razones de las que no quiero acordarme, lo eliminé tiempo después. Ahora, revisado y corregido, lo publico de nuevo. (Nota añadida en 2020).