Soneto lingüístico número 41
El oxímoron1 es la fiel balanza
cuyos platos empatan en altura
al pesar, para echar en la escritura,
dos voces de imposible semejanza.
«Dulcísimo amargor», «quieta mudanza»,
«amor odiado», «plácida premura»:
el oxímoron es cabal locura,
cual charla de Quijote y Sancho Panza.
De las armas que tiene el literato,
es esta la más bella y la más clara
para inventar complejas emociones.
Su cuerda absurdidad es el relato
de la historia del hombre, especie rara
que vive llena de contradicciones.
Ramón Alemán
