Ya llega la Buhita (sin tilde)

Sara SálamoEn estos tiempos de televisión a la carta y redes sociales hay que ser un auténtico anacoreta (qué hermosa palabra) para no haberse enterado uno ya de que hoy se estrena en España la serie Brigada Costa del Sol, que tiene muy buena pinta y en la que participa, entre otros grandes profesionales, la actriz tinerfeña Sara Sálamo, que interpreta el papel de una joven a la que conoceremos como la Buhita. De momento, la única crítica negativa que se le puede hacer a la serie es que en su eficaz campaña de promoción escriben el nombre de este personaje con tilde: Buhíta, y, para colmo, los medios de comunicación repiten y propagan el error. Hay que decir, en todo caso, que es una falta comprensible, pues esa /i/ es tónica y nuestro dedo se ve tentado a dejárselo claro al lector, como hacemos con caída, prohíbe, etc. Mal hecho; ahora veremos por qué.

Antes que nada, debemos decir que esto de ponerles tilde a palabras que llevan la combinación /ui/ es un asunto en el que en absoluto ha habido consenso (después hablaremos de ello), pero las reglas ortográficas actuales, las establecidas por la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, lo dejan bien claro: en la Ortografía de la lengua española (Espasa) nos recuerdan que la unión de dos vocales cerradas distintas –las vocales cerradas son la u y la i– «se consideran siempre diptongos a efectos ortográficos». ¿Qué quiere decir esto de «a efectos ortográficos»? Pues que, independientemente de que nosotros pronunciemos o no en dos sílabas esta pareja de vocales (lo hacemos en je-su-i-ta, pero no en cui-do), a la hora de escribir palabras que contengan esa secuencia, debemos interpretarla siempre como un diptongo, o sea, para nosotros ambas vocales formarán parte de la misma sílaba.

Bien, pues vayamos ahora con la palabra buhita. Para empezar, aclaremos que «la h intercalada no afecta en absoluto a la consideración como hiatos o como diptongos de las secuencias de vocales entre las que se sitúa», tal y como nos recuerda la obra antes citada, de tal manera que aquí habrá que aplicar a rajatabla la regla de la que hemos hablado, y lo haremos de la siguiente manera: tenemos una palabra bisílaba (buhi-ta; no olvidemos que da igual que la pronunciemos como trisílaba –bu-hi-ta: a efectos de escritura ya sabemos que no lo es), llana y terminada en vocal. ¿Y qué pasa con las palabras llanas terminadas en vocal? Que no llevan acento gráfico. No lo llevan perro, gato, coche, taxi, perfecto, casada…; por lo tanto, buhita tampoco lo lleva.

¿Y por qué huía –una palabra que muchos pronunciarían, a efectos tonales, igual que buhíta– sí lleva tilde? Pues porque aquí debemos aplicar otra regla de nuestro sistema de acentuación, esa que dice que aquellos vocablos en los que hay un hiato formado por una vocal cerrada tónica y una abierta «llevan siempre tilde en la vocal cerrada, con independencia de las reglas generales de acentuación». El entrecomillado, nuevamente, es de la Ortografía académica. Entonces, si tenemos un hiato (o sea, dos vocales seguidas que forman parte de sílabas diferentes) con una vocal cerrada tónica –la /i/ o la /u/– y una abierta –la /a/, la /e/ o la /o/–, le pondremos tilde siempre a la letra que representa a la vocal cerrada. Lo hacemos en palabras como cacatúa, búho, ríe y huía (pero no en huida, por la misma razón que no se la ponemos a buhita).

Dicho todo esto, no puedo quedarme con las ganas de citar, como casi siempre hago en este blog, al gran maestro de la ortografía española José Martínez de Sousa, que le dedica un espacio considerable –más de cuatro páginas– a las combinaciones u-i e i-u en su obra Ortografía y ortotipografía del español actual (Ediciones Trea). No entraremos en detalles, pues el caudal de información que nos da el ortógrafo gallego es inmenso, con referencias a la Academia, Andrés Bello, Ángel Rosenblat, Tomás Navarro, Rufino José Cuervo, Julio Casares y otros expertos en la materia que nos ocupa. Quedémonos simplemente con una cita del venezolano Rosenblat que Sousa reproduce en su libro: dice ese autor que con esta regla se le impide al que escribe marcar «un matiz sutil de pronunciación: en jesuita, altruista, disminuido, etc., ¿cómo sabrá el hablante o lector que la u y la i se pronuncian en sílabas distintas?».

La pregunta de Rosenblat es más que oportuna y explica por qué son tantos los que escriben cosas como huída –o buhíta, aunque esta palabra no es de uso muy común–, pero lo cierto es que, si bien nuestra lengua es una inmensa alfombra que se extiende por varios continentes –con infinidad de variedades, todas ellas estupendas y eficaces–, la ortografía ha de ser la misma para el conjunto de los hispanohablantes, que debemos respetar ese código, nos guste o no. ¿Se imaginan que en la ciudad de al lado se usaran señales de tráfico diferentes a las que ustedes conocen? Sería un caos, ¿verdad? Lo mismo ocurre con la ortografía: por lo general tenemos que acatar las reglas establecidas; si son mayoría quienes rechazan alguna de ellas, tarde o temprano se cambiará.

Entretanto, quedémonos con Brigada Costa del Sol, con la Buhita (sin tilde) y con mi paisana Sara Sálamo, una actriz extraordinaria cuyo talento, que lleva demostrando desde hace unos años, la hace merecedora de una larga y exitosa carrera.

Ramón Alemán

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