Cuarenta razones para dejar de ponerle tilde a ‘solo’

ColaEn este blog ya hemos explicado varias veces por qué no debemos escribir con tilde el adverbio solo. Lo hemos hecho en prosa y en verso, y también tenemos un vídeo en el que exponemos las razones de índole tonal que hacen de esa tilde diacrítica un disparate. Lamentablemente, la respuesta que nos dan aquellos que siguen defendiendo tan absurdo y anticuado uso siempre es la misma: argumentan estas personas que el sólo (tildado) es imprescindible para romper la ambigüedad en frases como ‘Trabaja solo por la tarde’.

«Es que si no pones la tilde no sé si quieres decir que trabaja sin compañía o que solamente trabaja…», repiten estos sobreatildadores como quien recita un mantra monótono y ancestral. Olvidan, sin embargo, que al pronunciar esa frase, la palabra solo tiene la misma intensidad tonal tanto si es un adjetivo (‘en soledad’) como si es un adverbio (‘solamente’), de tal manera que, si empleamos la tilde diacrítica, no solo nos saltamos una de las reglas por las que se rige este procedimiento acentual –esa que dice que el pronombre (por poner un ejemplo) lleva tilde diacrítica porque al pronunciarlo es tónico, mientras que el posesivo mi no la lleva porque es átono–, sino que ese acento gráfico no nos servirá de nada en la lengua hablada.

Pero como sé que dar argumentos ortográficos a quienes se aferran a la famosa tilde es lo mismo que predicar en el desierto, he pensado que tal vez podría demostrarles de otra manera que lo suyo no es más que una inocente ceguera producida por la costumbre. Para ello, me he tomado la molestia de construir cuarenta oraciones (o frases, o expresiones, como quieran llamarlas) en las que se dan otros tantos fenómenos de ambigüedad, idénticos o muy parecidos al de la pareja solo/solo y que no podemos resolver mediante el empleo de tildes diacríticas, pues no está contemplado para esos casos. (Al final de algunas de estas expresiones verán un asterisco; más abajo sabrán por qué).

Si después de leer estas cuarenta frases alguno de los defensores de la tilde de solo se ha pasado a mi bando, me daré por satisfecho. Ahí van:

El de la cola es mi primo.

Encima puso el aparato de música.

El castaño es mi preferido.

¿Qué traje del escaparate?

Di lo que tenía.

¿Viste tu ropa?

Grita la muchedumbre, la turba.1

Sienta a su lado a un compañero.

Así no puedes jugar al tenis: ¿por qué botas?

El agua de la lluvia cae sobre la manada de la fuente.

Necesito dos botones para estas mochilas.

Le leeremos al público lo que cree Manuel.

Cuando la siembra, la cebada es solamente una semilla.

En las iglesias hay curas para todos los males del alma.

Estaba tan asustado que nada más llegar pidió algo de beber, vino blanco.

Demasiado camino para mi lesión de rodilla.

Siente su voz y la calma.

¿Asiste la americana?

Con esos celos, acabará separándose.

Arriba el barco, y en el mar las olas no dan tregua.

Cuando la llama se esconde, no hay manera de encontrarla.

Si vas al restaurante, para arriba.*

La esposa a la silla.

Como un elefante.*

¡Tamaño imposible!2

La reunión se ha cancelado, luego me voy.*

Entre la gente, se han abierto las puertas.*

¿Qué marcas?

Poco castigo a los culpables.

Para sacarle una sonrisa basta con un mimo.

Ojalá fuera haya verde.3

El tribunal rechaza que se aporte esa imagen como prueba, es especular.

No me gustan las rosas.4

Una lima y una fresa.5

¿Por qué río cuando me dices que prefieres el mar?

La mora es menor de lo que pensábamos.

Ve a lo lejos.

¿Y si está bajo la lámpara?*

El error que nos ha llevado hasta aquí no es tuyo, sino nuestro.*

Enfermo de locura, te olvido.

Como habrán podido comprobar, en todas estas frases existen dos interpretaciones (a veces más, como en ‘El de la cola es mi primo’ y en ‘La mora es menor de lo que pensábamos’), y en ningún caso es posible emplear la tilde diacrítica para acabar con la ambigüedad. Solamente en aquellas oraciones seguidas de un asterisco la duda se resuelve en la lengua hablada (pero nunca en la escrita), pues en uno de los significados la palabra de la discordia es tónica y en la otra es átona. Por ejemplo, en ‘Entre la gente…’, la palabra entre es tónica cuando estamos usando el verbo entrar y es átona si lo que estamos empleando es la preposición entre; lo mismo ocurre con bajo: es átona si funciona como preposición, pero tónica si se trata de una forma del verbo bajar. En las que no hay un asterisco –casi todas las de la lista–, la duda jamás puede resolverse, ni en la escritura ni en el habla.

Ahora algunos estarán pensando que varios de los ejemplos que he puesto son forzados. Ya me parece oír comentarios como este: «Podía haber usado la palabra retraso en lugar de mora, y atraca el barco en lugar de arriba el barco, y remedios en vez de curas, y trozos de cinta adhesiva antes que celos, y cogiste en lugar de asiste…». Tienen razón: mis ejemplos –no todos– son un poco forzados, pero ¿no lo son también los que ponen aquellos que defienden la tilde del adverbio solo? Si tan difícil es comprender cabalmente la oración ‘Trabaja solo por la tarde’, ¿no les parece que sería mejor decir ‘Trabaja solamente por la tarde’ y ‘Por la tarde trabaja solo’, según el caso? ¿No creen que ‘Trabaja solo por la tarde’ podría ser la oración número cuarenta y uno de esta lista?

Queridos amigos, la escritura es un simple código; no es perfecto y nunca lo será. Pero como nuestro afán de comunicarnos nunca cesa, siempre tenemos soluciones para estos problemas, que son mucho más frecuentes de lo que pensamos, aunque algunos se conformen con el de solo. Concretamente, disponemos de dos remedios: cambiar un poco el enunciado –algo que hacemos cada dos por tres en la lengua oral cuando alguien no nos entiende y que debería hacer todo redactor que se precie si su intención es no ser ambiguo– o dejarnos ayudar por el contexto, esa atmósfera mágica que todo lo resuelve: no olvidemos que una simple oración no es más que un trocito de información, pero siempre suele estar rodeada de otros trocitos, que, junto con el entorno en el que se emplean (una conferencia científica, una novela de terror, una charla entre amigos…), son los que crean el contexto.

A los niños ya no se les enseña que el adverbio solo lleva tilde, pero se comunican tan bien como nosotros, porque usan espontáneamente esas dos herramientas: el enunciado y el contexto. Por eso, cuando les hablamos de esta polémica –que para ellos es prehistoria–, nos responden que es tan absurda que solo podía ser cosa de adultos.

Ramón Alemán

1 En esta oración, la homografía (o sea, la existencia de una palabra que se escribe de manera idéntica a otra pero que cumple distinta función gramatical) es doble: no solo hay homografía en turba (que puede ser un sustantivo y una forma verbal), sino en el la que la precede (que puede ser un artículo, pero también un pronombre de complemento directo). El mismo fenómeno ocurre en otras oraciones de esta lista: ‘Cuando la siembra, la cebada es solamente una semilla’, ‘Siente su voz y la calma’, ‘Cuando la llama se esconde, no hay manera de encontrarla’ y ‘La esposa a la silla’.
2 También aquí hay doble homografía: tamaño puede ser un sustantivo, pero también un adjetivo; y lo mismo ocurre con imposible. De esta manera, ‘¡Tamaño imposible!’ puede significar que ese tamaño es imposible o que me están pidiendo un imposible muy grande.
3 Aquí la homografía es triple: fuera (forma del verbo ser, adverbio), haya (un árbol, forma del verbo haber) y verde (adjetivo, sustantivo). Así, se puede interpretar que deseo ser un árbol verde, pero también que espero encontrar en el patio un bote de pintura.
4 Este es un caso en el que el contexto es fundamental. Si estoy en una conversación en la que se habla de flores y digo que no me gustan las rosas, todo el mundo sabrá a qué me refiero; por el contrario, si estoy en una zapatería y mi hermana me pide que elija entre zapatillas de diferentes colores, sería muy extraño que pensara que hablo de flores si le digo ‘No me gustan las rosas’.
5 Por si alguien no entiende dónde está aquí la doble interpretación, aclaremos que lima y fresa no solo dan nombre a dos frutas, sino que son formas de los verbos limar y fresar.
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8 respuestas a Cuarenta razones para dejar de ponerle tilde a ‘solo’

  1. Carmen Herrera dice:

    ¡Me convenciste! Era de las aferradas a la costumbre de distinguir los dos ‘solos’.

  2. María Crespo dice:

    Yo sigo siendo sobreatildadora porque el argumento de que no se pueda evitar la ambigüedad en todos los xasos no me parece buena razón para no evitarla cuando es fácil hacerlo.
    Yo casi me muero por la ambigüedad del informe de un radiólogo que llevó a mi médico a tratarme un cáncer con antibióticos durante cinco meses.

  3. eU dice:

    Resultado negativo.

  4. Admirado Ramón:
    Diste en el blanco, como siempre. Tus sonetos me encantan, pero echaba de menos tu cristalina prosa.
    Ah, a mí no me has convencido… porque ya lo estaba. Solo que ahora más cargado de razones. Gracias.

  5. Miguel Ángel Lucero dice:

    Bueno. Ante tanta sabiduría derramada en su artículo, no me queda sino ofrecerle una solución final: su encono con los prehistóricos sobretildadores se acabará cuando miramos todos nosotros, y usted estará ya en paz y lleno de contento. Y seguiré con mi necedad prehistórica porque ejerzo mi libertad para escribir como se me da la gana. Y aplaudo que los niños y chavales se les enseñe a escribir la palabra “sólo” sin tilde, porque tendrán mayor espacio disponible en su cerebro para aprender cosas más útiles.

    Saludos.

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