Soneto lingüístico número 8
Andaba yo escribiendo mis sonetos,
feliz, sin mencionar fuerte y audible
a Pepe Sousa, un hombre imprescindible;
fue solo un gran despiste, lo prometo.
Hablar, ya sea en prosa o verseado,
de nuestra ortografía y no inclinarse
–o bien, si lo prefiere, arrodillarse–
a los pies de este sabio es un pecado.
Él solo, cual quijote, da batalla
a tropas de nefastos redactores
y siempre con rigor los avasalla.
Si tú eres incapaz de ver errores
en textos ilegibles y canallas,
don Pepe es tu remedio; no lo ignores.
Ramón Alemán
