A vivir, que son dos días

VivirLas redes sociales han cambiado radicalmente la forma en que los ciudadanos de a pie nos relacionamos con los medios de comunicación. Por poner solo un ejemplo: antes, para hacerle saber a un periódico que había cometido un error había que escribir una carta al director que, tras llegar al buzón correspondiente, corría grave riesgo de acabar en una papelera. Ahora es todo más sencillo: basta con redactar un tuit y etiquetar al destinatario para saber que tarde o temprano leerá tu comentario. Otra cosa muy distinta es que te haga caso, y eso (que no me hagan caso) es lo que me ha ocurrido a mí con los responsables del fantástico programa radiofónico A vivir que son dos días, de la cadena SER, a los que días atrás –y con afán constructivo, como hacemos siempre en Lavadora de textos– les indiqué que en el título de ese magacín falta una coma. ¿Saben ustedes por qué? Ahora lo veremos.

Las personas que viven en España deben de haber oído hablar de Isaías Lafuente, un periodista que ha dedicado varios años de su vida a defender el buen uso de nuestro idioma. Pues bien, después de que nosotros lanzáramos el tuit del que les hablaba más arriba, una amiga de Twitter etiquetó a Lafuente en otro tuit en el que se podía leer más o menos esto: «A ver si lo comenta el amigo Isaías Lafuente en la Unidad de Vigilancia de La ventana».

La Unidad de Vigilancia Lingüística es un espacio del programa de radio La ventana, también de la SER, en el que el citado periodista da cuenta de errores que detecta en el uso diario de nuestro idioma. Yo esperé un tiempo prudencial por ver si el vigilante lingüístico comentaba algo sobre la dichosa coma, pero, dado que ni él ni Javier del Pino, director de A vivir que son dos días, han acusado recibo de la ayuda que humildemente le estábamos prestando a la SER para el cumplimiento de una de sus obligaciones como emisora de radio –el correcto uso de la lengua–, ha llegado el momento de explicar por qué en ese título falta una coma. Vamos allá.

Ya hemos dicho en más de una ocasión en este blog que las comas son bohemias, algo en lo que coincide la Real Academia Española, que, en su Ortografía de la lengua española de 2010 (Espasa), dice esto sobre tan rebelde signo de puntuación: «Dada la diversidad de contextos en los que aparece y la variedad de usos que presenta, no es extraño […] que sea el signo de puntuación que más dudas plantea». Efectivamente, la coma da muchos quebraderos de cabeza: las hay opcionales, las hay obligatorias… Y en algunos casos su presencia llega a cambiar radicalmente el significado de una oración. Eso es lo que ocurre en este ejemplo:

 Tiraron a la basura la fruta que estaba podrida.

 Tiraron a la basura la fruta, que estaba podrida.

¿Cuál es la diferencia entre una y otra frase? Pues que en la primera tenemos una oración subordinada de relativo especificativa (‘que estaba podrida’); por lo tanto, quien escribe eso nos está diciendo que alguien tiró a la basura solamente la fruta que estaba podrida. La segunda, por el contrario, contiene una oración subordinada de relativo explicativa (que es también ‘que estaba podrida’). En este caso lo que hacemos es decir que se ha tirado a la basura la fruta y después de una pausa explicamos que la fruta –toda la fruta– estaba podrida. Y hacemos una pausa porque las subordinadas de relativo explicativas «son modificadores agregados a modo de inciso», según la Ortografía académica. Y, como todo inciso, se separan con comas, de la misma manera que lo hacemos en estas oraciones: ‘Ya llegó a la fiesta Juan, el hermano de María’, ‘Pedro, gordísimo, no cabía por la puerta’.

Pues bien, en la oración ‘A vivir, que son dos días’ –así, con coma, es como debe escribirse– nos encontramos ante un caso similar, aunque no idéntico, al de las subordinadas de relativo explicativas. Aquí la construcción ‘que son dos días’ pertenece al grupo de las llamadas subordinadas causales explicativas, y el bohemio signo de puntuación es obligatorio porque esas oraciones son estructuras «externas al predicado principal y, por tanto, se separan de él mediante comas, vayan antepuestas o pospuestas», siempre según la Ortografía. Este es uno de los ejemplos que pone la RAE: ‘Cierra, que hace frío’. Otros ejemplos de causal explicativa son estos: ‘Comoquiera que todos estamos de acuerdo, se levanta la sesión’, ‘Tuvimos que llamar al proveedor, pues se agotaron las existencias’, ‘No pienso ir, ya que no me han invitado’.

Como nuestros lectores habituales ya saben, no pretendemos en este blog sentar cátedra, tirar de las orejas ni hacer burla de los errores ajenos. Simplemente, nos guía una obsesión –tan enfermiza como placentera– por el buen uso de nuestra lengua. Esa nueva forma de relacionarnos a través de las redes, de la que les hablaba al principio, nos ha permitido avisar de los más variopintos errores a colectivos como el periódico El Mundo y la propia RAE, por citar solo dos. Ellos –a veces– han escuchado nuestras advertencias y han corregido los fallos que las motivaban. (También nosotros hemos enmendado nuestros propios errores cuando hemos sido advertidos). Ahora le toca el turno a la cadena SER, aunque algo me dice que no nos harán caso. No me importa: yo seguiré escuchando cada fin de semana el programa A vivir, que son dos días. Con coma, por supuesto.

Ramón Alemán

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10 respuestas a A vivir, que son dos días

  1. Isaías Lafuente dice:

    Querido Ramón: gracias por este interesante artículo. En lo que se refiere a la bohemia coma, nada que objetar. Pero como aparezco citado en dos de los siete párrafos, quiero aclarar alguna cosa. La primera, que sí acusé recibo del tuit que citas marcándolo como favorito. Es una de las formas que tengo de hacerlo. La segunda, que en los 429 informes de la Unidad de Vigilancia, dedicada a los errores en la lengua hablada, son muy excepcionales las referencias a errores escritos. La tercera, que a pesar de nuestro intento de recoger todas las llamadas de atención que nos hacen y de la forma más rápida posible, no siempre puede ser así. Somos humanos y tenemos nuestro congelador repleto de vigilancias a la espera de ver la luz. Desde que fui citado en ese tuit y acusé recibo sólo hemos hecho UN informe en antena. Quizás podríamos discutir sobre lo que cada cual considera “tiempo prudencial” de espera. Y una cosa más: desde que fui avisado estoy intentando confirmar si el título del programa se inspiró, como creo que oí en alguna ocasión, en un pequeño poema de Mario Benedetti que acaba con un verso que dice “a vivir a vivir que son dos días”, sin comas. Si fuera así, tu artículo y tu observación seguirían siendo impecables, pero la SER y A vivir podrían optar libérrimamente entre respetar la puntuación ortodoxa de la Academia o la heterodoxa del hermoso poemita de Benedetti. Seguiremos en contacto. Y enhorabuena por tu labor. Un abrazo.
    Isaías Lafuente

    • Admirado Isaías:

      Muchísimas gracias por su rápida respuesta. Dejemos de lado las cuestiones más subjetivas de este asunto (el acuse de recibo y lo que cada cual pueda considerar «tiempo prudencial») y vayamos a lo importante. Para empezar, le doy las gracias por la información relativa al poema de Benedetti, pues no sabía que el título del programa podría estar inspirado en esos versos. Y sobre esto hay que decir que, efectivamente, es de sobra conocido el uso bastante libre que hacía Benedetti de la puntuación, algo con lo que también han experimentado otros autores. Sobre este asunto escribe algunas notas el maestro José Martínez de Sousa en las páginas 389 y 390 de su ‘Ortografía y ortotipografía del español actual’ (Ediciones Trea). Ahí cita Sousa al experto en ortografía José Polo, que dice lo siguiente sobre la puntuación en obras literarias: «… no existe […] ninguna puntuación literaria especial […]. De ahí que nos opongamos a una división, artificial, entre puntuación normal y puntuación literaria». Dando por bueno el criterio de Polo –cosa que yo hago con los ojos cerrados–, Benedetti (cuya obra admiro) podría ser muy libre de puntuar como quisiera, pero su condición de literato no le otorgaba una suerte de fuero ortográfico, de tal manera que, si puntuaba libremente, corría el riesgo (lo aceptara o no) de cometer falta ortográfica. Y, evidentemente, todo aquel –incluida la cadena SER– que asuma como propias las palabras del poeta y, con ellas, la puntuación que las acompaña debe aceptar su sometimiento al mismo rigor ortográfico que censura y critica la eliminación de la famosa coma por parte de Benedetti.

      Un abrazo.
      Ramón Alemán

      • Ana dice:

        Tienes toda la razón.

        Nadie está por encima de la lógica de las comas, porque es eso, cuestión de lógica. Benedetti lo vería muy divertido, pero es una bobada y un acto de ignorancia escribir sin comas, salvo que se trate de alguna clase de juego. La única gracia en poesía puede ser hacer coincidir todas las comas con las pausas versales, donde además de pausa hay entonación de final de verso. En este caso, no se notaría su falta. Supongo que eso debe de ser bastante agotador.
        Los poetas escriben bastante mal, es raro el que sabe puntuar, deben de pensarse que no es necesario.

        Hay personas que piensan que las comas marcan las pausas; a veces es así, pero lo que marcan es la entonación, y sin entonación no hay quien entienda y lea correctamente.

        No sé que es lo que estudian hoy los periodistas, pero los artículos están muy mal puntuados.

  2. Pedro Jimeno dice:

    Hola:
    Me gusta vuestro trabajo y trato de suscribirme, pero no hay manera. ¿Cómo puedo hacerlo?
    Un saludo,
    Pedro Jimeno

  3. Daniel dice:

    Esto me recuerda a la cantidad de veces que digo que los ingleses no saben puntuar ni en las gramáticas didácticas, por diosssss.

  4. Simón GV dice:

    Me asomo a la Lavadora con retraso, motivado por el mes y medio transcurrido desde su último centrifugado, que sin duda ha hecho mella en la asiduidad con que acudo a la lavandería.
    Al margen del corporativismo radiofónico que pudiera transpirar la defensa que Isaías Lafuente hace de “A vivir que son dos días”, su argumentación no me convence, y me pongo, Ramón, de tu parte. El presunto fuero ortográfico de que gozan algunos escritores de renombre no debe inducirnos a imitarlos cuando incurren en solecismos o en anfibologías no retóricas. Un ejemplo frecuente atribuible también a las mejores plumas es la confusión entre la probabilidad del “deber de” y la prescripción del “deber” a secas. Y eso no nos lleva, claro está, a seguir su ejemplo.
    Aprovecho que al final de tu artículo insertas un paréntesis entre dos puntos para invitarte a que expreses tu opinión sobre por qué el último punto ha de ir después del paréntesis de cierre y no antes. En la práctica observamos las dos modalidades, pero muy pocas veces se han expuesto las razones que avalan uno u otro uso.
    Saludos cordiales, y adelante con la Lavadora.

  5. Antonio Jesús dice:

    Salivo, Ramón. Salivo de gusto cada vez que descubro en tu blog que yo tenía razón en algo que tú también defiendes. Me acabas de confirmar que al libro «No sonrías que me enamoro», de Blue Jeans, efectivamente le falta la coma de marras. Investigando, he averiguado que la editorial Planeta, después de meter ese patón, empezó a poner la coma en la portada de la segunda edición. Más vale tarde…

    Tengo intención de leérmelos para ver si se los recomiendo a mi sobrino adolescente, aunque reconozco que la ausencia de esa coma ya de entrada me descorazona. A ver qué me encuentro.

    Saludos.

  6. Da gusto leer algo que explica, es firme y sin embargo no lleva consigo mala baba.

    Gracias. Así sí.

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