Hay palabras más allá del diccionario

RubénTal y como nos recuerda la Real Academia Española cada dos por tres, dentro de muy poco –el 16 de octubre– se publicará la vigesimotercera edición de su diccionario, una obra imprescindible para todos los hispanohablantes de bien, pero que ni por asomo es la panacea de los lexicones (esta palabra tan rara –lexicón– se usa a veces como sinónima de diccionario por aquello de no ser redundantes). Y no lo es por tres razones: primero, porque no recoge todas las posibles maneras de formar palabras (no aparecen, por ejemplo, la mayoría de los diminutivos); segundo, porque tampoco registra algunas voces que, aun estando perfectamente formadas y habiendo tenido notable éxito entre los hablantes, no han superado todavía la lenta criba que lleva a la Academia a concederles el honor de incluirlas entre sus páginas; y tercero, porque no siempre señala todas las acepciones que puede tener una palabra.

Sin ir más lejos, yo acabo de usar en el párrafo anterior la palabra panacea y lo he hecho con el significado (me lo voy a inventar) de ‘aquello que tiene solución y respuesta para todos los problemas y dudas en un ámbito determinado’. Pero si nos vamos al diccionario de la RAE nos encontramos con que panacea significa ‘medicamento a que se atribuye eficacia para curar diversas enfermedades’ y ‘remedio o solución general para cualquier mal’. No obstante, yo sé que todos aquellos que saben qué quiere decir la palabra panacea me entendieron perfectamente al leer el primer párrafo de este artículo.

Todo esto viene a cuento porque días atrás comentaba yo en una red social que la voz reycitos –diminutivo de reyes–, con la que me tropecé leyendo un artículo de prensa, está mal escrita, pues la letra i griega funciona como vocal solo en ciertos casos, entre los que no se incluyen aquellos en los que el fonema /i/ aparece en posición interior, o sea, dentro de una palabra y rodeado de otros sonidos. Lo correcto, decía yo, es reicitos, con i latina. Al rato, una persona que había leído mi comentario me reprendía por haber cometido un error: la palabra reicito –me advertía– no está registrada en el diccionario académico. A renglón seguido me sugería la forma reyecito como alternativa.

En su advertencia, esta persona se detuvo a copiarme lo que se lee en el diccionario en línea de la RAE cuando buscamos una palabra para la que la Academia no tiene una entrada. Esto es lo que dice: «La palabra [equis] no está en el Diccionario». Efectivamente, la palabra reicito no está en el diccionario, pero tampoco lo está (y creo que mi reprensora no se paró a comprobarlo) reyecito. Y no lo están porque, como nos explica la Academia en sus «Advertencias» para el uso del diccionario, no se incluyen en esta obra todos los diminutivos ni los aumentativos, sino aquellos que la Docta Casa, siguiendo su particular criterio, considera adecuado incorporar.

En realidad, la duda sobre el diminutivo reicitos no se puede resolver con una simple consulta al diccionario, sino que hay que combinar sentido común, gramática y ortografía. Cuando publiqué aquel comentario, fueron varias las personas que opinaron que lo correcto es reyecitos, de la misma manera que la palabra rey nos ha dado el diminutivo despectivo reyezuelo, y no reizuelo. Sin quitarles la razón, añado yo aquí que ambas formas –reicito y reyecito, y sus plurales– son igual de correctas, pues las dos han sido construidas, desde mi punto de vista, respetando las silenciosas órdenes de la gramática española.

De hecho, podríamos incluso decir que el diminutivo natural de la palabra rey es reicito, y no reyecito, que parece más apropiado –si le añadimos una ese– para el plural reyes, donde la i griega ya ha perdido su condición de vocal para pasar a ser una consonante. Pero si la realidad es que a rey le puede corresponder reyecito, aplicando una regla de tres inversa yo afirmo que a reyes le puede corresponder reicitos, ¿no creen? Y, evidentemente, ambas construcciones pueden tener singular y plural.

Si no me hacen caso a mí, háganselo al nicaragüense Rubén Darío, poeta y rey de la palabra que escribió esto en su cuento Las albóndigas del coronel: «Así es que en estas tierras era un reicito sin corona». Yo no he leído este relato, pero sí me he tomado la molestia de ir al Corpus Diacrónico del Español (CORDE), una de las bases de datos que hay en la web de la RAE y que nos sirve para saber, a base de ejemplos, cómo se escribía y cómo se escribe en nuestro idioma. ¿Les parecería a ustedes más correcto por parte de don Rubén haber escrito reyecitos? Pues a mí no…

De tal manera que si un periodista –que, por cierto, es de Hispanoamérica, donde, como hacía Rubén Darío y como hacemos los canarios, tratan a nuestro idioma con mucha dulzura– decidió hace unos días usar el dulce diminutivo reicitos, ni ustedes ni el diccionario de la RAE ni yo somos quiénes para decirle que lo ha hecho mal. Lo que sí podemos hacer, y eso fue lo que hice yo, es avisarle del error que cometió al usar una i griega en lugar de una i latina a la hora de convertir ese diminutivo en letras. No lo olvidemos: hay palabras más allá del diccionario, pero –salvo contadas excepciones– las reglas ortográficas son las mismas para todas ellas.

Ramón Alemán