Apología del gerundio de posterioridad

GerundioComo diría el abdicante rey Juan Carlos de Borbón, me llena de orgullo y satisfacción algo que he leído en el Diccionario de uso del español (Gredos), el famoso María Moliner. A cuenta del pavor que les tienen muchos gramáticos y algunos correctores a determinados gerundios, la lexicógrafa escribió esto en su célebre libro: «… el gerundio tiene sus usos específicos de los cuales es indesalojable». El orgullo y la satisfacción tienen que ver –vanidoso que es uno– con que hace doce años, y sin saber que Moliner había escrito esto, yo decía lo siguiente en la segunda edición del manual de estilo del periódico La Opinión de Tenerife: «El gerundio es una forma verbal maldita en periodismo, pero hay que aclarar que su uso no es incorrecto en muchas ocasiones».

Efectivamente, si el gerundio existe, será porque quienes lo inventaron (y lo hicieron sin darse cuenta) le encontraron alguna utilidad –así de funcionales son las lenguas–, pero también es verdad otra cosa que dice Moliner en el texto citado antes: «El manejo del gerundio es uno de los puntos delicados del uso del español; el abuso de él revela siempre pobreza de recursos y su uso en algunos casos es francamente incorrecto». ¿Cuáles son esos usos incorrectos? Bueno, comencemos por los correctos, que son unos cuantos, aunque aquí solo citaremos los más habituales.

La Nueva gramática de la lengua española (Espasa), de la Real Academia Española, ofrece una larga lista de usos correctos del gerundio. Veamos algunos: tenemos el perifrástico (‘Estoy trabajando’), el predicativo (‘Me lo dijo sonriendo’), el adjunto (‘Esto se arregla comprando un coche nuevo’), el absoluto (‘Viendo que era sincero, Juan se reconcilió con su hijo’), el ilocutivo (‘Hablando de la hora, ¿no crees que deberías marcharte ya?’)… No existe razón alguna para censurar estos gerundios y, de hecho, quien pretenda sustituirlos por otras fórmulas lo va a tener muy complicado.

En cuanto a los usos incorrectos, las cacerías gramaticales han tenido casi siempre como presas dos tipos de gerundio, denominados especificativo y de posterioridad. Sobre el primero, señala Manuel Seco en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española (Espasa) que «no es normal» su uso en nuestro idioma. Por ejemplo, en lugar de decir ‘En la clase hay tres alumnos llamándose igual’ debemos decir ‘En la clase hay tres alumnos que se llaman igual’.

Y ahora vamos con el de posterioridad. Este es, sin duda, el gerundio de la discordia, y no solo en la actualidad: gramáticos de renombre ya lo analizaron con lupa hace muchísimos años y, aunque por lo general ha sido humillado, maltratado y denostado, también ha tenido defensores, como el filólogo venezolano Ángel Rosenblat, quien, en un artículo publicado en 1975 y titulado «Curanderismo lingüístico. El terror al gerundio», lo elogiaba por su expresividad, y eso a pesar de que otro ilustre venezolano, el genial Andrés Bello, lo rechazaba, como recordaba el propio Rosenblat en este texto.

¿Qué es el gerundio de posterioridad? Es «la construcción en la que el gerundio indica una acción posterior a la del verbo principal del cual depende», según la definición que da José Martínez de Sousa en su Manual de estilo de la lengua española (Ediciones Trea). Por ejemplo, si yo digo ‘Carlos se enfadó durante el almuerzo, marchándose en cuanto se tomó el café’, me puede caer una bronca de agárrate y no te menees por parte de algún purista del lenguaje, puesto que el gerundio, por su naturaleza, no debería indicar una acción posterior a la del verbo principal, sino simultánea o, en algunos casos, inmediatamente anterior. Lo correcto, por tanto, sería decir ‘Carlos se enfadó durante el almuerzo y se marchó en cuanto se tomó el café’. ¿O no? Ahora lo veremos.

Rosenblat no es el único defensor del gerundio de posterioridad: Manuel Seco dice en su Diccionario de dudas que «contra el parecer de muchos gramáticos, […] no es incorrecto, siempre que esa posterioridad sea inmediata». Ahí parece coincidir con Rosenblat, que indica que en la oración ‘Salió de puntillas, cerrando la puerta sin hacer el menor ruido’ el gerundio «asocia las dos acciones, les da inmediatez, con lo que la frase adquiere más valor expresivo». Ahora bien, si la acción posterior no es inmediata, el gerundio no es admisible, según Seco. Por ejemplo, es mejor decir ‘Juan llegó a Madrid en 1990 y se trasladó a Barcelona diez años después’ que ‘Juan llegó a Madrid en 1990, trasladándose a Barcelona diez años después’.

Sin llegar a defenderlo vehementemente, María Moliner también justifica el uso del gerundio de posterioridad. Según esta autora, entre las dos acciones que quedan enlazadas en este tipo de oraciones existe «una interdependencia […] de naturaleza imprecisa y recíproca», razón por la cual «no parece justo condenar a rajatabla tales construcciones», aunque no se debe abusar de ellas. Por último, la Nueva gramática dice que «la anomalía de estas construcciones, documentadas ya en la lengua clásica, se atenúa cuando la posterioridad que se expresa es tan inmediata que casi se percibe como simultaneidad, y también cuando cabe pensar que el gerundio denota una relación causal, consecutiva o concesiva».

Dicho todo esto, concluyo con un mea culpa: ya señalé al principio de este artículo que desde hace años defiendo los usos correctos del gerundio, pero no es menos cierto que durante todo este tiempo también he formado parte de ese ejército de inquisidores que ha tachado sin piedad cientos y cientos de gerundios de posterioridad que expresaban claramente esa inmediatez o esa dependencia de la que se ha hablado más arriba. Hoy, y tras este enriquecedor recorrido por las palabras de Rosenblat, Seco, Moliner y la Academia, he decidido desertar de ese ejército –en el que, a decir verdad, me alisté sin mucho entusiasmo– y pido perdón a todos los gerundios agredidos y a sus autores.

Ramón Alemán

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8 respuestas a Apología del gerundio de posterioridad

  1. Francisco dice:

    Aún cuando comprendo la explicación, me queda la duda respecto a qué se entiende exactamente por inmediatez, ya que el ejemplo ‘Juan llegó a Madrid en 1990, trasladándose a Barcelona diez años después’ me es confuso, por un lado, se asume por el espacio de tiempo que no es la acción inmediata (obviedad pura), pero en el contexto en el que se ubica la oración, que es la movilidad del individuo entre ciudades, es efectivamente la acción inmediata.
    Aunque es contradictorio que mi comentario critique la subjetividad del criterio de inmediatez, e introduzca otro no menos subjetivo como el del “contexto” (tal vez no uso la palabra adecuada), me gustaría saber qué tan válido sería.
    Quedaré atento a tus comentarios, llegué acá gracias a la página de Facebook Delcastellano.com, saludos desde Chile.

    • Hola, Francisco.
      Creo que tiene toda la razón: estamos hablando de asuntos bastante subjetivos en los que el contexto juega un papel fundamental. Por ejemplo, ese gerundio de posterioridad tal vez podría tener cierto sentido si previamente alguien hubiera dicho algo parecido a esto: “¿Pero Juan no había vivido siempre en Barcelona? No sabía que al llegar de México hubiera pasado unos años en Madrid”.
      Saludos y gracias por leernos.

  2. ¡Excelente artículo, Ramón! Un resumen claro, conciso y simple sobre los usos de esa forma verbal. El tema del gerundio siempre me ha apasionado, y me llama la atención que todavía haya autores que le huyan al gerundio, en lugar de, como magistralmente has hecho tú, buscar lo que dicen los maestros, lo que dicen las gramáticas, y usarlo sin temor. Gracias por este aporte. Te invito, y disculpa la publicidad, a que leas el próximo martes 2 de septiembre en la página lasdosvidasdelaspalabras.com un artículo académico que escribí sobre el gerundio (del español estándar y del español de América) y la interferencia que ha tenido por parte de otros idiomas.
    Un abrazo.

    Leidy

  3. A mi me gustan mucho los gerundios y, la verdad, no tengo la sensación de que se abuse de ellos. Sí que es cierto que el de posterioridad me rechina un poco, pero leyendo tu artículo he aprendido que tiene su lugar.

    Un saludo,
    Marina

  4. Démosle el espacio y el uso que se merece, a nuestro orondo gerundio, ¿por qué no?
    Otra cosa es la ligereza y osadía con la que inventamos gerundios anglosajones que nadie parece cuestionar… Aberraciones,como “footing”o “balconing”, que son adoptadas sin remilgos, enfocando sin embargo nuestra lupa crítica sobre los de posterioridad (que, aunque sutiles, tienen su porqué).
    Excelente artículo, gracias.

  5. rafael dice:

    Hola, Ramón:
    Muy clarificadora tu entrada sobre el gerundio, que, como las demás formas no personales del verbo, plantea abundantes valores. Te refieres a sus usos correctos como verbo y su función o carácter claramente adverbial. Citas su aparición formando parte de perífrasis (progresivo-durativas) y en proposiciones subordinadas adverbiales (temporales, causales, condicionales…) como predicativo, adjunto, ilocutivo, en cláusulas absolutas (Sonando el reloj, saldremos a la calle / Estando todos los alumnos en el aula, el profesor repartió los exámenes), y yo añadiría también el gerundio en oraciones simples (independientes) como pie de fotos o cuadros (Los novios saliendo de la iglesia / Ronaldo lanzando el penalty decisivo). En cuanto a los usos incorrectos del gerundio aludes al especificativo y al de posterioridad. Según Lázaro Carreter, el primero debe especificar (o complementar) a un nombre animado (o de persona) en función de sujeto o complemento directo del verbo principal (Encontraron al niño durmiendo en el suelo), aunque rechazaba su empleo cuando el CD era inanimado (o de cosa) (Descubrí una caja conteniendo joyas; mejor, que contenía…), si el verbo en gerundio expresa un estado o una cualidad (Necesito un empleado siendo eficiente; mejor, que sea… / Busco una secretaria sabiendo inglés; mejor, que sepa… / Hay muchas personas llevando el mismo apellido; mejor, que llevan…), o si el nombre animado desempeñaba otra función distinta de las de S o CD (Disparé un tiró a un jabalí -CI- saliendo del bosque; mejor, que salía… /El orador era un diputado -atributo- hablando con torpeza; mejor, que hablaba…). Sobre el tan controvertido gerundio de posterioridad, creo que se hace bien en admitir los que poseen un carácter inmediato (Salió dando un portazo) y cuestionar otros cuya inmediatez no está tan clara (Se fracturó una pierna, quedándose todo el mes en cama; mejor, y se quedó… / Cogimos un taxi en Los Rodeos dirigiéndonos a La Laguna; mejor, y nos dirigimos… / Sufrieron un fuerte asedio rindiéndose a los quince días; mejor, y se rindieron…). Por lo tanto, como tú concluyes y basándonos en los opiniones de tan insignes gramáticos, salvo en aquellos casos incorrección evidente –y a veces hasta malsonante–, debemos ser más tolerantes o comprensivos con los gerundios de posterioridad inmediata. De las formas no personales, el gerundio, menos frecuente que en el infinitivo pero mucho más que el participio, es la que más induce al error. Y así como el infinitivo y el participio son verbos que, a veces, dejan de serlo para funcionar como nombre (o sustantivo) y adjetivo respectivamente, el gerundio posee una doble naturaleza coexistente –es a la vez adverbio y verbo–, y su uso correcto o incorrecto depende del sustantivo al que especifica (o complementa) o del verbo del que depende.
    Gracias, Ramón, por permitir esta aportación. Un cordial saludo para todos y hasta la próxima.

  6. Pingback: ¿Es correcto decir “Salió de puntillas, cerrando la puerta”? – Pilkunnussija

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