El placer de corregir

PatéPor el servicio de corrección Lavadora de textos han pasado trabajos de todo tipo: novelas buenas, novelas malas, tesis, cedés musicales, libros de divulgación científica, memorias de viejos desmemoriados, catálogos… Con todos ellos hemos sufrido, porque a quien corrige no le corresponde el placer de la lectura; todo lo contrario: el corrector debe dudar y pasarlo mal mientras limpia para que sean otros quienes disfruten. Sin embargo, hace casi un año entró por aquí una novela policiaca (o policíaca, que también se puede escribir así) en la que poco hubo que lavar, y ese lavado corto constituyó un auténtico placer que compartimos el autor y yo durante varias semanas. La novela se titula Paté de foie y será presentada mañana en Tenerife.

A decir verdad, la corrección de estilo de Paté de foie solo planteó dos problemas graves. El primero fue ese puñetero ‘foie’, que no está registrado como voz española y que causó la primera discusión con Guillermo Alemán, autor del libro y primo mío de toda la vida. Más bien de toda su vida, porque él es un año y dos meses más joven que yo. El otro obstáculo tuvo que ver con el empleo de la palabra ‘como’ con la función de conjunción completiva o bien de adverbio interrogativo de modo. Por ejemplo, si yo digo ‘Vi como entrabas en el hotel’, ¿debo escribir ‘como’ con tilde o sin ella? Sea cual sea la respuesta que me den, a nadie le voy a llevar la contraria, porque la cosa es más complicada de lo que parece. Pero hoy no toca hablar de eso.

De lo que toca hablar es de Paté de foie, una novela policiaca exquisitamente construida, con polis malos, polis regulares e incluso polis buenos; con mujeres fatales, con crueles asesinos y con jóvenes asesinadas; con una presencia constante de música –la que escuchan los personajes– que casi se puede sentir mientras se lee este relato trepidante que se resuelve en apenas cuarenta y ocho horas…

Hay que decir que también le tocó a Lavadora de textos hacer la corrección de pruebas una vez que el libro fue maquetado por Enrique Alemán, hermano del autor, primo mío (también de toda su vida) y maquetista tolerante y paciente, como todo buen maquetista. Para quienes no lo sepan, les diré que la corrección de pruebas es una segunda revisión que se hace para comprobar que cada cosa está en su sitio y que no falta nada (comas, puntos, comillas, tildes, cursivas, números de páginas…), y también para quitar lo que sobra (erratas que no se vieron –o que se añadieron– durante la corrección de estilo, líneas huérfanas y viudas…).

El libro será presentado mañana jueves, a las 20:00 horas, en Aguere Espacio Cultural, en La Laguna (Tenerife), la misma ciudad que nos vio nacer y crecer al autor, a mí y a Alberto Mel, abogado, lector, exentrenador de baloncesto y revisor intransigente de todos los textos que ha escrito hasta ahora Guillermo Alemán.

Mel estará en el Aguere junto al responsable de la edición, Yotty Delgado (yo habría escrito ‘Yoti’, con una sola te y con i latina al final, pero allá él…), para acompañar al autor en el bautizo del Paté. Ellos tres y un servidor charlaremos un rato sobre esta criatura recién parida. El libro ha sido publicado por la editorial Los ‘80 Pasan Factura (yo habría escrito ‘Ochenta’, con letras…), un fantástico invento de Yotty en el que, según me cuentan, no solo caben libros, sino también discos y todo aquello que se le ocurra a este joven inquieto y nervioso.

La entrada es gratuita. Si les apetece, allí nos vemos.

Ramón Alemán

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Una respuesta a El placer de corregir

  1. Yoti dice:

    Genial, pensaba que ibas a desnudarme con el nombre y apellido. Me ha encantado, y deseo más. Mañana seguro, abrazos!

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