La coma es bohemia, pero no tanto

Hace más de dos años, hablando en este mismo blog sobre la coma, decía yo que es un signo de puntuación bohemio y que a veces aterriza donde le viene en gana. Aquello de llamar «bohemia» a la coma le hizo tanta gracia a mi amigo –mi hermano– Eduardo García Rojas que desde entonces repito la ocurrencia cada vez que puedo. Sí, la coma es libre y de ella dice la Real Academia Española que es el signo «que más dudas plantea», pero no es menos cierto que está sometida a ciertas reglas. En determinados casos, la presencia o la ausencia de este garabato cambia radicalmente el sentido de una oración.

Ayer mismo me decía una periodista que su mayor problema a la hora de redactar son las comas. Durante el tiempo que se tarda en tomar un café traté de explicarle algunos casos en los que su uso es claramente correcto o incorrecto, y me detuve especialmente en las oraciones subordinadas de relativo especificativas y explicativas, que se diferencian entre sí precisamente por las comas, unas comas que en este caso son muy serias y disciplinadas. Me temo que esta amiga no me entendió bien, tal vez porque yo me lie (sin tilde)1 más de la cuenta, así que intentaré ahora ir al grano.

Olvidémonos de esos conceptos engorrosos que tanto les gustan a los gramáticos y vayamos a lo práctico. Voy a escribir dos oraciones casi idénticas:

  • Los obreros que llegaron heridos fueron trasladados al hospital.
  • Los obreros, que llegaron heridos, fueron trasladados al hospital.

Como verán, se diferencian entre sí exclusivamente porque en la segunda hay dos comas que no vemos en la primera, y esas comas hacen que una y otra digan cosas totalmente distintas. En el primer caso estoy especificando qué obreros fueron trasladados al hospital. Supongamos que llegaron veinte obreros; bien, pues, de esos veinte, solamente unos cuantos fueron trasladados al hospital. ¿Cuáles? Los que estaban heridos. Nos encontramos ante una oración subordinada de relativo especificativa (que llegaron heridos).

Ahora veamos la segunda: aquí estoy diciendo que todos los obreros llegaron heridos y todos fueron trasladados al hospital. ¿Para qué he escrito las comas? Para detenerme y explicar algo sobre los obreros. ¿Qué he explicado? Que los obreros –todos ellos– llegaron heridos. En este caso la oración que llegaron heridos es una subordinada de relativo explicativa.

Todo lo dicho también vale para otras estructuras explicativas y especificativas, aunque no sean oraciones de relativo. Por ejemplo, si yo digo ‘El alcalde de La Laguna, Fernando Clavijo, estará en el acto de esta tarde’, estoy interrumpiendo el enunciado «para agregar alguna precisión o comentario», nos dice la RAE en su Ortografía de la lengua española de 2010 (Espasa). En otras palabras, me detengo –y por eso escribo dos comas– para explicar que el alcalde de La Laguna se llama Fernando Clavijo. Este nombre propio es, por tanto, una estructura explicativa.

Por el contrario, si digo ‘El jugador del Tenerife Sergio Aragoneses no fue convocado’, no encierro el nombre de ese jugador entre comas. ¿Por qué? Porque Sergio Aragoneses, que es una estructura especificativa, no está interrumpiendo el curso del enunciado para explicar algo sobre la secuencia el jugador del Tenerife, sino que está especificando a cuál de todos los jugadores del Tenerife me refiero. Si escribiera ‘El jugador del Tenerife, Sergio Aragoneses, no fue convocado’, estaría dando a entender que este señor es el único jugador del club, lo cual no es verdad.

Este asunto de las especificativas y las explicativas es uno de los que más dudas plantean entre los periodistas, según pude comprobar durante los años que trabajé con esta estimada y nunca olvidada fauna. Por cierto, uno de ellos me dijo que un reputado catedrático de universidad les enseñaba a sus alumnos que las comas se usan en estos casos justo al revés de la forma en que realmente se debe hacer. Con maestros así, apaga y vámonos.

Ramón Alemán

1 La Academia estableció en 2010 como regla que la unión de una vocal cerrada y una abierta tónica se considerará siempre, a efectos de escritura, un diptongo, de tal manera que palabras como guion, truhan, fio (pasado de fiar) y lie (pasado de liar), al ser monosílabas, no llevan tilde. Esta regla ha sido criticada, entre otros, por José Martínez de Sousa y Manuel Seco (que es miembro de la RAE). (Nota añadida en 2020).