Para eso está el correo electrónico

Cuando un corrector del montón como un servidor tiene la desfachatez de contactar con José Martínez de Sousa, maestro ortotipógrafo y lexicógrafo, para decirle que va a viajar a Barcelona y que le gustaría conocerlo en persona, cabría esperar que durante ese encuentro ambos hablaran de comas, puntos, cursivas, mayúsculas y todas esas cosas aburridas que tanto nos gustan a quienes nos dedicamos a esto. Yo tenía, en efecto, algunas preguntas que hacerle, pero lo cierto es que durante la hora larga que pasé con él no me quedó más remedio que rendirme a la evidencia de que cuando genialidad, modestia y sentido del humor se dan la mano, el poseedor de tales virtudes prefiere en ocasiones dejar a un lado sus conocimientos y charlar de asuntos tan dispares como aviones, curas y programas de televisión.

Por otra parte, es normal que la conversación no se centrara en cuestiones lingüísticas, pues la cita –que, como dije, fue producto de una osadía mía, a la que él respondió amablemente– no tenía como fin escuchar una conferencia ni hacer una entrevista. Mi intención no era otra que aprovechar mi viaje para conocerlo y tomarme un café con él, cosa que ocurrió el martes pasado.

En todo caso, por supuesto que hablamos de algunos asuntos relativos al español y su escritura. Y ahí Martínez de Sousa –que, por cierto, no me dejó pagar el café– demostró una vez más la naturalidad con la que lleva el ser una autoridad para la inmensa mayoría de los profesionales que se dedican al cuidado de nuestra lengua, que lo sitúan a la altura de la Real Academia Española. Esa altura, no obstante, es compatible, según el propio Martínez de Sousa, con el hecho de que tanto los criterios de la RAE como los del maestro gallego son discutibles: “Todos tenemos nuestras ideas y todos nos podemos equivocar, la Academia como institución y yo como persona”. Eso me dijo.

También hablamos de una cuestión que a mí me trae de cabeza desde hace una eternidad y en la que el ortotipógrafo discrepa de la RAE. Dice la Academia en su nueva Ortografía que palabras como ‘cine’, ‘teatro’, ‘museo’, ‘hotel’ o ‘café’ se pueden escribir con minúscula inicial cuando forman parte de la denominación de un establecimiento o de un centro cultural o recreativo: ‘hotel Ritz’. Pero Sousa no está de acuerdo y propone que en estos casos siempre se escriba el nombre común con mayúscula: ‘Hotel Ritz’. Su explicación fue larga y razonada, pero hoy no toca hablar de eso.

Sin embargo, cambiamos de tercio rápidamente, de lo cual me alegré, pues la sabiduría de Martínez de Sousa ya la tengo registrada en varios libros que consulto cada día como parte de mi trabajo. Lo que yo ansiaba era ponerle cara, voz, gestos y alma a la persona que había escrito esos libros… y lo conseguí: sentados en una cafetería de la calle Gran de Gracia, en la parte alta de Barcelona, aquel hombre y yo acabamos hablando de la fobia a los aviones –que ambos compartimos–, de la crisis de los cuarenta –que a mí me llegó con cinco años de retraso y a él con diez–, de Fidel Castro, de la muerte, de Dios, de curas y santurrones y hasta del programa de televisión Gran hermano.

Me habría gustado quedarme un rato más en la cafetería, pero un avión me esperaba y tuvimos que despedirnos. Cuando salimos a la calle, le conté que mi padre llamaba a aquella vía Gran Desgracia por lo duras que resultan para un peatón su agotadora longitud y su pendiente, a lo que él respondió con una última y sonora carcajada. Mientras cruzaba un paso de peatones de Gran Desgracia, se volvió, movió los dedos como quien escribe con un teclado y me dijo: “Oye, cualquier duda que tengas me la consultas por correo”.

Con esa simple frase remató el maestro José Martínez de Sousa la gran lección que el martes pasado impartió para mí: cuando dos personas quedan para tomar un café no hay que hablar de cosas aburridas como comas, puntos, cursivas y mayúsculas. Para eso está el correo electrónico.

Ramón Alemán

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8 respuestas a Para eso está el correo electrónico

  1. Manuela dice:

    ¡Qué suertudo! Me ha entrado un ataque de envidia. Cuánto me gustaría conversar con el maestro Sousa…
    Hay que atreverse a acercarse a los grandes; suelen ser los más amables y modestos.
    Yo escribí a Leonardo Gómez Torrego (también fue una osadía) y estoy encantada de mantener contacto con él.

    Saludos, Ramón.

  2. Sergio dice:

    ¿Qué te pareció el café, Ramón?

  3. Qué grato es conocer más del maestro Sousa. Muy entretenido su post, felicidades. Me he dado el gusto de aprender muchas cosas de nuestro idioma en su blog. Saludos fraternos desde Perú.

  4. Gustavo A. Silva dice:

    Hará unos diez años asistí a un congreso de traductores en Almagro. Al reunirme con unos amigos en la cena de la noche anterior al inicio de actividades, fuí presentado a Pepe Martínez de Sousa. ¨Este señor no lo sabe, pero ha sido mi maestro desde hace muchísimos años¨, dije mientras le daba la mano. Agregué que le seguía los pasos desde su primer libro y que recomendaba sus obras a todos mis colegas. Pepe me dio un fuerte abrazo y desde entonces hemos mantenido una relación de lo más cordial. Solo quiero rectificar una cosa: la RAE no está a la altura de Pepe, sino muy por debajo En el campo de la ortotipografía, nadie le hace sombra al genial gallego.

  5. Hola Ramón, con este artículo he descubierto su página/blog. ¡Qué buena anécdota, y qué placer compartir tiempo con el maestro de maestros! La sencillez y la generosidad de personas así deberían ser ejemplo para muchos.
    Muchas gracias por compartir la experiencia y la alegría generada. Un saludo cordial de una traductora/correctora en Buenos Aires.

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