Un año y un día: año dos

Quienes leen habitualmente este blog saben que una de mis fuentes preferidas para resolver todo tipo de dudas es la sabiduría del lexicógrafo José Martínez de Sousa, a la que recurro a diario en busca de respuestas con las que estrechar mi ignorancia en asuntos lingüísticos. Hasta hace poco Sousa era para mí nada más –y nada menos– que el admirado, invisible y remoto autor de varios manuales de consulta que manoseo a todas horas, pero la semana pasada tuve el inesperado honor de mantener con él una conversación telefónica, larga y divertida, que me ha servido no solo para poner voz a los cientos de consejos que he leído en sus libros, sino también para reiterar lo que en su día dije aquí sobre este gallego genial: grandeza y sencillez son dos virtudes que rara vez caminan separadas.

Eso lo dije a cuenta de una pregunta que, por la cara y a través del correo electrónico, le había hecho tiempo atrás. Era la siguiente: ¿qué criterio se debe seguir a la hora de indicar el año en los periódicos? Me explico. No sé si ustedes se habrán fijado, pero en las cabeceras de algunos diarios y revistas se puede leer, junto a la fecha y al número de edición, un dato que dice, por ejemplo, “Año XXI”, generalmente en números romanos. A mí siempre me ha resultado chocante ese numerito porque suele esconder una pequeña mentira: si un periódico saliera a la calle por primera vez un 31 de diciembre, sus editores –lógicamente– pondrían en la cabecera “Año I”, pero en la del número siguiente (o sea, la del 2 de enero: en Año Nuevo no hay prensa) escribirían “Año II”.

¿No les parece ridículo? A mí sí, pero como no soy quién para juzgar costumbres como esta, hace un tiempo recurrí a Sousa para que me diera su opinión. Y él opinaba lo mismo que yo, aunque a renglón seguido me decía que “el procedimiento es válido en la medida en que no exista una regla de cumplimiento generalizado”. La respuesta del experto me alegró doblemente, pues no solo estuvo de acuerdo conmigo en cuanto a la absurdidad de ese año enanísimo y falso, sino que mostró grandeza y sencillez al tomarse la molestia de contestar con argumentos coherentes y precisos a un tipo al que no conocía de nada.

Si esta vieja historia no les vale como mérito para las medallas que le estoy poniendo al señor Martínez de Sousa, les diré que la reciente llamada telefónica de la que les hablaba más arriba fue cosa suya, y la hizo para darme las gracias por citarlo cada dos por tres en el libro Lavadora de textos, que llegó a sus manos hace unos días. Vaya disparate: el sabio aplaude los plagios del novicio. Si eso no es sencillez, ustedes me dirán qué es…

Volviendo al asunto del año en las publicaciones periódicas, la opinión de Sousa –que yo comparto– es que el Año II debería comenzar un año después de la fecha del primer número. Por ejemplo, si una publicación nació el día 17 de enero de 2011, su Año II no llegaría hasta el 17 de enero de 2012.

Tal vez ustedes no se han dado cuenta, pero todo lo que les acabo de contar no tiene otro propósito que decirles que hoy, 17 de enero de 2012, el blog Lavadora de textos (que no es un periódico pero sí una publicación periódica, aunque el diccionario de la Real Academia Española no piense igual) ha cumplido un año. O lo que es lo mismo, acaba de entrar en su Año II. Cuento con ustedes para subir, a golpe de dudas y pasión por la lengua, los 366 peldaños que nos separan del Año III.

Ramón Alemán

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2 respuestas a Un año y un día: año dos

  1. Naima Pérez dice:

    Enhorabuena por ese primer aniversario, Ramón, que no Año II, jeje. Y gracias por demostrar que el lenguaje, que en tantos medios de comunicación no se cuida como debiera, es muy importante.

    Besos

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