Echar un vistazo y corregir

Hace unos meses hablaba con un conocido que acababa de publicar un libro y le pregunté, por pura curiosidad, quién se lo había corregido. Lo que me dijo no me sorprendió porque no era la primera vez que lo escuchaba; ya lo había oído años atrás después de leer otra obra que dejaba un poco que desear en cuanto a erratas y puntuación. La respuesta en ambos casos fue esta: “Se lo di a un amigo para que le echara un vistazo”. Tras ser corregidos por amigos, esos dos libros fueron enviados a imprentas en las que trabajan profesionales y no a un establecimiento de fotocopias. ¿Por qué? Porque sus autores deseaban un trabajo de calidad. La pregunta es: si querían un buen producto, ¿por qué no encargaron la corrección –tan importante como la impresión– a un corrector profesional? La respuesta es bien sencilla: porque este oficio es invisible.

Es tan invisible que a veces me resulta complicado explicar en qué consiste. Hay quien me mira y me pregunta: “¿Y se paga por eso?”. Pues sí. No solo se paga, sino que existen tarifas para los distintos tipos de corrección –que los hay–, se elaboran presupuestos, se calculan plazos para la entrega del trabajo y se extienden facturas. Como en una imprenta. Sin embargo, la invisibilidad de sus resultados (nadie, excepto el autor o el editor, los ve) hace que muchos ignoren que corregir y echar un vistazo son cosas totalmente diferentes.

Otros, aunque saben de la existencia de esta profesión, creen que es suficiente con poner una tarea tan singular en manos de un amigo al que le gusta la lectura y además escribe bastante bien. Allá ellos: conozco escritores estupendos que cometen faltas de campeonato y a los que les trae sin cuidado olvidarse de cerrar unas comillas.

La corrección de textos es –o debería ser– una etapa imprescindible en el proceso de edición de cualquier documento escrito que vaya a ser publicado, y hasta hace bien poco todos los periódicos y todas las editoriales contaban para esa tarea con un departamento específico, conformado por un buen puñado de maniáticos que sabían ver a la primera un doble espacio, una coma fuera de lugar, una comilla que brillaba por su ausencia o una errata escurridiza. También sabían cuándo y cómo mover de sitio una palabra con una elegante voltereta para convertir una frase incomprensible en algo inteligible.

Hablo en pasado porque, lamentablemente, los departamentos de corrección han sido los primeros en pagar el pato de la tan cacareada crisis en el sector de la prensa; además, muchas editoriales han prescindido de ellos y encargan el trabajo a servicios externos (de lo cual me alegro por la parte que me toca). Afortunadamente, la profesión sigue existiendo y se va adaptando con éxito a las nuevas tecnologías y a las inquietantes circunstancias del mundo editorial.

Prueba de ello es la asociación La Unión de Correctores (UniCo), que crece día a día y que, por cierto, acaba de activar su nueva página web. O el Centro de Aplicaciones Profesionales del Lenguaje y la Edición Cálamo & Cran, una academia en la que, entre otras cosas, saben domesticar a aquellos correctores que, como yo, se iniciaron en este oficio hace una eternidad y sin más maestros que un par de diccionarios.

En Cálamo & Cran también les dicen a sus alumnos algo que yo ya sabía: con la corrección nunca te vas a hacer rico, pero podrás vivir de ella. Y en eso estamos. Contra viento, marea y echavistazos.

Ramón Alemán

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13 respuestas a Echar un vistazo y corregir

  1. Maria dice:

    Estupenda entrada. Ojalá entre todas y todos podamos hacernos nuestra profesión un poco más visibles y dejemos de escuchar preguntas como “Y si el texto ya está en castellano, ¿para qué hay que corregirlo?”

  2. Lorena González dice:

    Los correctores de textos sobran, porque cualquiera les puede echar un ‘vistazo’ y “si no está el corrector de Word”. Y así se publican las cosas que se publican…Los fotoperiodistas también sobran porque cualquiera hace una foto hasta con un móvil y la manda al instante y gratis- que refleje o no una historia, un momento, el preciso instante de un guiño o una expresión…Eso da igual, lo importante es tener una foto del sitio con qué rellenar-. Con los redactores pasa lo mismo, porque cualquiera sabe escribir y si es en 140 caracteres mejor. Lo de relatar los hechos con concreción, correción y claridad, lo de estructurar el contenido para hacer llegar al lector la esencia de los hechos y ofrecer todos los puntos de vista con “honesta subjetividad”… eso no importa. Con alguien que escriba o que hable “mas o menos bien” ya vale. Y así nos va y así le va al periodismo!!

  3. verónica dice:

    También sobran los traductores, porque tenemos un traductor en el Google gratis; así se ven cientos de cosas traducidas como el prospecto de un mp3 chino de 6€.
    Ah, y los diseñadores gráficos me sobran, porque cualquier indocumentado hace una birria que llama “cartel” o una superbirria que llama “folleto publicitario”. Pero por Dios, para qué queremos que un texto esté corregido si en un telediario nacional el locutor lee “hubieron muchos” ¡¡y se queda tan ancho!!

  4. Por mi propia experiencia diré que siempre hace falta una corrección, incluso en los textos ya corregidos. Como autor, más de una vez he descubierto errores en libros que ya tenía revisados.
    Así que creo que nunca ha de confiarse en que el texto esté bien.

  5. Manuela dice:

    Siento decir que, en la actualidad, vivir de la corrección es prácticamente una quimera; ni siquiera es posible tener unos ingresos mínimos.
    Muchas personas me preguntan: «Pero ¿para qué sirve un corrector si todos sabemos escribir?».
    Es cierto que con la situación económica actual se está prescindiendo de la figura del corrector en muchos ámbitos; no hay más que darse una vuelta por las revistas (incluso culturales), anuncios oficiales y, lo que es peor, por libros de editoriales a las que se les presupone buena calidad y buen crédito.
    Es bastante lamentable. Luego nos encontramos, ocupando una página entera de un periódico, perlas como *Gazpacho Andalúz, por poner un ejemplo flagrante.

    Me ha gustado mucho esta página web. Gracias por la información que ofrecéis.

    Saludos desde el campo.

  6. Roberto Chávez Sánchez dice:

    Acá en México, en la televisión dicen “hubieron algunos” y también se quedan tan anchos.

  7. José Antonio Burunat dice:

    Desde un punto de vista “lógico” es correcto lo que está sucediendo. España es un país en el que no se valora el “conocimiento”. Sin embargo, siempre confía uno en que cambien las tornas. Paciencia…

  8. Eugenia Milano dice:

    Muy bueno este texto.
    Soy correctora de textos y en Venezuela no se valora este oficio.
    No existe mucha demanda y si alguien solicita mi servicio, pues qué difícil es hablar de tarifas.
    La gente no entiende que la corrección es un proceso; que se hacen diferentes tipos de lecturas; que se debe invertir tiempo; que la corrección va más allá de un acento o un género mal empleado.
    Muchos periódicos cuentan con “correctores” que realmente son “acomodadores” de textos, es decir “corrigen” lo que el editor o jefe de redacción le modifica a un periodista.
    Y qué decir de las novedades de la RAE. A veces los periodistas no quieren aceptar los cambios y el criterio es porque les “suena feo”.
    Por eso, vivir de la corrección es imposible; lo tengo como un oficio esporádico.
    Eugenia Milano

  9. Bueno, cada cual con sus errores, no me pidan que ponga acentos, porque pocas veces me acuerdo…
    La verdad que si, uno cuando piensa en esa profesion no piensa en ella como una verdadera profesión, mas que nada, mirar, corregir un poco y listo, para eso estan los amigos, lamentablemente, no es asi, hay que buscar ayuda en profesionales si una misma no sabe.
    Saludos.

  10. José dice:

    Hola.

    A pesar de cómo está la situación laboral en general, y la del corrector en particular, me interesaría saber cómo introducirse en el mundo del corrector.
    Llevo algún tiempo leyendo distintas webs (blogs, academias, etc.), pero no definen en ningún sitio cómo empezar, cómo se dirige uno para ofrecer sus servicios, quiénes son los potenciales o reales clientes, etc.

    En algunas academias sólo informan de los cursos, precios, etc., pero no hacen una muestra real de cómo es posible ganarse la vida con este oficio, aunque sea para comerse un bocadillo todos los días.
    Tampoco sabría decidir qué academia o lugar de estudios recomendáis en Madrid, y que sea serio (vamos, que no ofrecan la formación simplemente para sacar ellos un dinero para sus cervezas y luego la formación que den no sirva de mucho).

    Si algún alma caritativa, que sea corrector y tenga experiencia en ello, quisiera informarme de todos estos aspectos fuera de lo académico, estaría mu agradecido. Mi correo es: honderos@yahoo.es
    Por suerte, podría dedicarle todos los días una parcela de tiempo para la corrección de textos. Y así poder comprarme los libros que leo con lo que vaya sacando de ello.

    Gracias y un saludo.

  11. Sí, una profesión invisible y difícil de explicar en qué consiste. Sin ir más lejos, hace unos días una antigua amiga (maestra de profesión, por cierto), me pidió que le “echase un vistazo” a un cuento corto infantil que había escribo pensando presentarlo a un concurso. Eso, “echarle un vistazo” y no cobrarle, por lo que me pareció entenderle…, como mucho, una merienda de café con leche y trozo de tarta (aprovechando que soy una reconocida golosa…). Y he encontrado fallitos y fallazos en ese texto que no está para ser presentado en un concurso, pero tampoco puedo “pasarme” de correctora, o de sincera, según se mire, por si la ofendo… De todas formas, sigo, aunque lo que gano por algunas escasas correcciones no me dé ni para pagar las tarjetas profesionales que reparto. Pero, repito, sigo, que también ha habido gente que me ha reconocido mi trabajo con un “¡Ahora está mucho mejor!”, y me paga con alegría sabiendo que una corrección es una inversión.

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