Mayúsculas y tildes (por si quedaba alguna duda)

¿Todavía hay quien crea que las palabras escritas en mayúsculas están exentas de cumplir las reglas de acentuación gráfica? Tengo la impresión de que sí, y probablemente parte de la culpa sea de la Real Academia Española, que hasta hace unos años no le prestó demasiada atención al asunto. También hubo en el pasado razones de carácter técnico –las veremos a continuación– que llevaron a la confusión y casi acabaron por otorgar categoría de norma a lo que nunca lo fue. En todo caso, y por si quedaba alguna duda, la RAE recuerda en su nueva Ortografía de la lengua española lo que ya había dicho en la de 1974: «El empleo de la mayúscula no exime de poner la tilde cuando así lo exijan las reglas de acentuación gráfica».

Las viejas razones técnicas de las que les hablaba son varias. La RAE explica algunas en su Ortografía: «… en la composición tipográfica antigua muchos juegos de caracteres no contaban con mayúsculas acentuadas y no había un espacio reservado para la tilde, lo que obligaba a empequeñecer el tamaño de la letra […]. Además, la mayor parte de las máquinas de escribir convencionales no incorporaban la posibilidad de escribir con tilde las mayúsculas sin herir el cuerpo de la letra». Por su parte, José Martínez de Sousa dice, en Ortografía y ortotipografía del español actual (Ediciones Trea), que «… en la impresión se rompían los acentos (sobre todo los de las primeras líneas de las páginas) y así se daban a lo largo de una obra mayúsculas acentuadas y sin acentuar», lo que llevó a muchos editores a eliminar todas las tildes de las mayúsculas.

Todo eso ha pasado a la historia con los actuales sistemas de composición e impresión, por lo que ya no hay excusas para no poner las tildes. Además, la Academia puntualiza, acertadamente, que nunca fueron válidas en el pasado tales excusas para los textos manuscritos. Y siguen sin serlo, por supuesto. Sin embargo, la RAE no era tan rigurosa hace unos años: en su Ortografía de 1969 apenas abordó el asunto, y lo hizo a modo de recomendación, según recuerda Sousa en la obra citada.

Veamos ahora algunas explicaciones que da la Academia sobre esta cuestión. Para empezar, dice que también deben tildarse las versalitas, esas discretas mayúsculas que tienen el mismo tamaño que las minúsculas. Añade que la regla de la tilde vale igualmente para la diéresis: PINGÜINO. Por último, aclara que las siglas escritas íntegramente en mayúsculas quedan exentas de la norma: CIA (y no CÍA). Sin embargo, aquellas que han pasado al léxico general como nombres comunes o propios sí se someten a las reglas: módem, MÓDEM. Los dos últimos ejemplos los tomo prestados de la Ortografía de la RAE. Evidentemente, también hay que poner la tilde cuando solo la letra inicial de la palabra está escrita en mayúscula (en el comienzo de una oración, por ejemplo): Álamo, Órbita.

Lamentablemente, todavía sigue siendo demasiado habitual tropezarnos –en la placa que da nombre a una calle, en una valla publicitaria, en la cubierta de un libro…– con esta mala costumbre, que, despojada ya de toda excusa, es una falta de ortografía de tomo y lomo aunque sea vista como un pecado menor incluso en ámbitos cultos: el periódico El País, que es modelo de exquisito cuidado de la escritura y la tipografía (o lo era hasta hace unos años), mantuvo hasta 2007 su famosa cabecera sin tilde. Pero acabó pasando por el aro. Háganlo ustedes también, es de ley.

Ramón Alemán