Las fechas de Frodo Bolsón

No se me ha ocurrido otra cosa –a mi edad…– que empezar a leer El Señor de los Anillos, de Tolkien. Y me está pareciendo una obra fascinante, mucho más que las maravillosas películas de Peter Jackson, con las que en algunas partes tiene muy poco que ver. La versión cinematográfica altera notablemente varios episodios de las aventuras de los hobbits y también se salta otros detalles menores, como el hecho de que Frodo y Bilbo cumplen años el mismo día: el 22 de septiembre.

Sin embargo, hay algo –en realidad nada importante– que me ha llamado la atención en este libro: los días del mes aparecen escritos unas veces con números, como en la referencia al cumpleaños, y otras con letras. A ojos de un corrector (los correctores sufrimos mucho leyendo, al menos yo), eso de emplear números aquí y letras allá para las fechas queda feo, aunque, como decía antes, no es grave ni le resta calidad a la narración. En cualquier caso, ustedes podrían preguntarse cuál de las dos formas es la acertada. La respuesta es que ambas lo son (lo que no parece apropiado es mezclarlas en un mismo texto), si bien resulta mucho más habitual encontrar los días del mes y los años con números: ‘11 de julio de 2011’ en lugar de ‘once de julio de dos mil once’.

Los expertos en asuntos de escritura coinciden en ello. José Martínez de Sousa dice, en Manual de estilo de la lengua española (Ediciones Trea), que «las fechas se escriben generalmente con cifras arábigas», pero no indica que se trate de una norma. Por su parte, el Diccionario panhispánico de dudas, de la Real Academia Española, señala que «las fechas pueden escribirse enteramente con letras, con una combinación de letras y números o solo con números», pero añade que «no es habitual» escribirlas enteramente con letras. «El sistema más común combina letras y números; el día y el año se escriben con números arábigos, y el mes, con letras y siempre con inicial minúscula», concluye el Panhispánico.

Manuel Seco también habla de las fechas en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española (Espasa) y, aunque no aborda el asunto que estamos comentando, escribe los días del mes y los años con números en todos los ejemplos que pone. Por último, el Libro de estilo de El País (Ediciones El País) ordena a los redactores de ese periódico emplear siempre los guarismos en los días y en los años, aunque no en las décadas (‘los años ochenta’).

Hay una excepción para todo lo dicho: los días se escriben con letras y con mayúscula inicial cuando una fecha se usa para dar nombre a algo: ‘La avenida Tres de Mayo’.

Hablando de fechas, Sousa propone emplear la contracción del ante número de año a partir del año 2000: ‘11 de julio del 2011’, en contra de la recomendación de la Real Academia Española, que prefiere que en cartas y otros documentos (sin especificar cuáles) no se use el artículo el: ‘11 de julio de 2011’. Sousa, siempre polémico, considera que el criterio de eliminar el artículo «es un error» con el que la RAE quiere «imponer una grafía antinatural y artificiosa», pero no argumenta su disentimiento.

Tengo otra duda sobre el dichoso asunto de las fechas en El Señor de los Anillos, pero esta jamás la podré resolver, a no ser que la respuesta esté en las páginas que aún no he leído o que algún día me encuentre con Tolkien más allá de esta vida, en cualquiera de los países que él inventó. La duda es la siguiente: si hobbits, magos, elfos y demás criaturas tienen sus propias cronologías, edades y eras, todas ellas antiquísimas, ¿por qué los nombres de sus meses son los mismos que los de nuestro reciente y nada fantástico calendario gregoriano?

Ramón Alemán