Comas, intuición y normas

Hay personas con las que resulta difícil discutir aunque uno sepa que tiene razón. Son amigos con los que se compartieron años de batallas perdidas, compañeros periodistas que –como uno– ya no son lo que eran pero a los que, por afecto, no nos apetece llevarles la contraria. De uno de ellos –genial orfebre de la escritura– tengo grabada, por repetida, una frase machacona: “Mon, échale un vistazo bueno a este texto”. Rara vez tuve algo que objetar a sus reportajes, salvo una manía suya que me disgustaba pero que, a falta de más argumento que mi intuición, nunca corregí: tenía este hombre la costumbre de poner una coma después de la palabra ‘pero’.

Se trata de un pecado menor si tenemos en cuenta lo que dice la Real Academia Española sobre la coma en su nueva Ortografía de la lengua española (Espasa): “Dada la diversidad de contextos en los que aparece y la variedad de usos que presenta, no es extraño que sea […] el signo de puntuación que más dudas plantea”. Aun así, no está exenta de una serie de normas impepinables, cuyo incumplimiento pasa a veces desapercibido pero otras resulta lamentable.

La coma es complicada y bohemia, y aunque los grandes maestros de la gramática llevan una eternidad intentando meterla en vereda, ella se resiste y se planta donde la mano –ignorante o libre– del que escribe la hace aterrizar. Por eso cuando aquel viejo camarada se empeñaba en poner una coma después de un ‘pero’ en los fantásticos textos que yo le corregí, nunca encontré una ley con la que poder argumentar mi certeza de que él estaba equivocado. Y él, convencido a su vez de la bondad de su coma, me chantajeaba con mirada de amigo y me decía: “Es que a mí me gusta ponerla ahí”.

Era yo quien llevaba razón, pero no lo pude demostrar hasta hace unos meses, después de pagar una burrada de euros por la nueva Ortografía. En ese tocho de 743 páginas, publicado recientemente tras años de arduo trabajo entre las 22 academias de la lengua española, encontré una frase que confirmó mi intuición: “No se escribe coma detrás de las conjunciones adversativas”, entre las que se incluye la palabra ‘pero’. Incluso aunque después de ella vaya una oración interrogativa o exclamativa, la coma está de más. Es incorrecto, por tanto, escribir esta frase: ‘Pero, nunca me contó la verdad’. Y esta otra: ‘Pero, ¿nunca me contó la verdad?’. No obstante, sí es correcto emplearla cuando tras ‘pero’ se escribe una secuencia que queda aislada por comas: ‘Pero, a pesar de todo, nunca me contó la verdad’.

Ya lo dije al principio: esto del ‘pero’ es un pecado menor, sobre todo si lo comparamos con otros como ese tan horrendo de colocar una coma entre el sujeto y el verbo. Este flagrante error, cada vez más común entre las nuevas generaciones de periodistas (‘El alcalde, dijo que se tomarán medidas’), lo justifican algunos –equivocadamente– en la pausa que se hace al hablar cuando el sujeto es muy largo. Sobre este extremo, la RAE explica que la “frontera fónica” que se produce en esos casos “no debe marcarse gráficamente mediante coma”. Y pone este ejemplo de redacción correcta: ‘Los alumnos que no hayan entregado el trabajo antes de la fecha fijada por el profesor suspenderán la asignatura’. Si usted hubiera puesto una coma entre ‘profesor’ y ‘suspenderán’, lo habría hecho mal. Y aquí no caben intuiciones ni gustos ni preferencias. Las normas están para acatarlas.

Ojalá fueran solo estas las dudas que genera la coma, pero lo cierto es que hay muchas más. Por eso la Ortografía de 2010 le dedica 46 páginas al asunto. Y por eso les recomiendo la lectura del libro Perdón imposible (RBA), de José Antonio Millán, en el que se explican de manera sencilla las normas básicas de la puntuación. El título está inspirado en una anécdota atribuida a Carlos V, según la cual el emperador debía firmar la siguiente sentencia: “Perdón imposible, que cumpla su condena”. En un arrebato de compasión, el rey movió la coma y, de paso, cambió el destino del reo, ya que el fallo quedó así: “Perdón, imposible que cumpla su condena”.

Ya lo ven ustedes: un minúsculo trazo sobre el papel puede salvar la vida de un condenado… pero también condenar a muerte un texto. Seamos, por tanto, modestos. No despreciemos nuestra intuición pero tampoco olvidemos las normas que hacen de la coma una frontera entre lo correcto y lo mediocre.

Ramón Alemán

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17 respuestas a Comas, intuición y normas

  1. Jöel dice:

    Pero ¿qué me estás contando? ; )
    Me compraré el libro de José Antonio Millán porque se me han despertado muchas dudas.

  2. Victoria Cabrera dice:

    ¡Qué bien tu artículo! Cierto lo que cuentas de la coma. Es algo que siempre me ha hecho y me sigue haciendo dudar. Gracias por tus sabios consejos.

  3. inma dice:

    Me encanta esta entrada. La verdad es que para mí las comas y los punto y coma ¡uy!, ¿cómo sería esto en plural?, ¿puntos y comas?, mmm, ya me dirás. Pues eso, que las comas son fastidiosas porque todo el mundo opina y al final entre lo que lees mal puntuado y las dudas que surgen te haces un lío.

  4. Couk dice:

    ¡Qué bonita entrada! Me encantan las comas.

  5. Me ha encantado lo que acabo de leer; siempre tengo dudas a la hora de poner puntos, comas o puntos y coma. Seguro que en este pequeño escrito he metido la pata varias veces. Ya me dirá.

  6. veronica dice:

    Totalmente acertado este artículo. Y aún se queda corto. Las comas entre el sujeto y el verbo me enferman. Le pido que comente también esa manía que adopta cada vez más gente de “mayusculizar” a su arbitrio todo sustantivo común que les apetece destacar, y la de entrecomillar palabras sin necesidad. ¡Aaaaaaaargh!

  7. Orlando Ampuero dice:

    Disculpen, pero Carlos V no habló nunca español

    • Gracias, Orlando. En todo caso, en el texto se lee que la anécdota está “atribuida” a Carlos V. Y la definición de ‘atribuir’ es ‘aplicar, a veces sin conocimiento seguro, hechos o cualidades a alguien o algo’. Saludos.

  8. Fernanda Aguilar dice:

    Gracias por el artículo. Aún dudo (dudaba) al poner coma tras un sujeto muy largo; con esta nota se aclara el garrafal error. Disfruto mucho la lavadora de textos y la consulto frecuentemente. Saludos.

  9. Gustavo A. Silva dice:

    La coma después de “pero” es un uso que se repite sistemáticamente en algunas obras de Vargas Llosa. Coincido en que esa coma es del todo innecesaria.

  10. Norma Rosa dice:

    Buen artículo. Hoy, por primera vez, me encuentro con Lavadora de textos. (Creo que están bien mis comas.)

  11. Fernando Quirós dice:

    Gracias por la explicación. Me ha gustado tanto la claridad que ya he comprado el libro. Sin embargo, hay una duda que me queda. Entiendo que detrás de las conjunciones adversativas no se escribe coma. Pero ¿hay alguna regla que se pueda seguir con otras conjunciones, tales como “porque” y “pues”, cuando después de la conjunción va una oración interrogativa o exclamativa?
    Por ejemplo, en un libro he leído lo siguiente: “Porque, ¿qué podría decirle?, ¿y cómo explicarle lo de Georgina y aquella suerte de espejismo de la infancia?”. Y en la siguiente página: “Pues ¿qué conocemos en definitiva del misterio último de los seres humanos, aun de aquellos que han estado más cerca de nosotros?”.
    Saludos y gracias nuevamente.

    • Gracias a ti, Fernando (también por haber comprado el libro). Como acertadamente aclara la Academia en su Ortografía, tanto las conjunciones adversativas como las subordinantes «forman un grupo sintáctico con la sencuencia que introducen». Por lo tanto, no debe escribirse una coma después.

      Saludos.
      Ramón Alemán

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