Teclistas y electos

La inmensa mayoría de los textos originales que han de convertirse en carne de imprenta llegan hoy en día en soporte electrónico a editoriales y periódicos, pero eso no ha impedido –afortunadamente– que siga existiendo el viejo oficio de teclista, cuyas funciones actuales son variadas: desde copiar sobre la maqueta de un diario el lamento de una esquela manuscrita hasta pasar a Word las páginas de un viejo libro que alguna editorial quiere poner otra vez en circulación.

Dicho así, ustedes podrían pensar que los teclistas no son más que fotocopiadoras humanas, pero lo cierto es que en los veinte años que llevo trabajando con ellos no he conocido a ninguno que no mostrara un delicado interés por los entresijos de nuestro idioma. Un interés que no va en sus sueldos y que para sí quisieran algunos de los autores que pasan por los ojos y los dedos veloces de estos artesanos de la edición, piezas invisibles –como los correctores– de la compleja maquinaria que vomita sin parar palabras sobre papel.

Muestra de ese afán por conocer el terreno sobre el que uno se mueve es la consulta que me ha hecho una teclista, vieja compañera de faenas –vieja porque su compañerismo ‘no es reciente ni nuevo’, según la definición de la RAE (ella es joven)–, acerca del participio del verbo ‘imprimir’. Como a tantas otras personas, a ella le suena raro eso de ‘imprimido’. Pues bien, lo único que he hecho es recurrir al Diccionario panhispánico de dudas, de la Real Academia Española, que dice lo siguiente: “Tiene dos participios: el regular ‘imprimido’ y el irregular ‘impreso’. Aunque existe hoy una clara tendencia, más acusada en América que en España, a preferir el uso de la forma irregular ‘impreso’, ambos participios pueden utilizarse indistintamente”.

Duda resuelta. Pero la pregunta que me planteó mi amiga me llevó a recordar otros participios irregulares, así que volví al Panhispánico para ver qué nos dice, por ejemplo, sobre el verbo ‘freír’. “Tiene dos participios: el regular ‘freído’ y el irregular ‘frito’. Ambos se utilizan indistintamente […], aunque hoy es mucho más frecuente el empleo de la forma irregular”.

Leonardo Gómez Torrego es más preciso y explica, en Gramática didáctica del español (Ediciones SM), que hay otros verbos con participio irregular: ‘atendido/atento’, ‘prendido/preso’, ‘despertado/despierto’, ‘soltado/suelto’…, pero aclara que en estos casos la forma irregular actúa simplemente como adjetivo. Solo ‘imprimir’, ‘freír’ y ‘proveer’ admiten el participio irregular como forma verbal, según este autor. En otras palabras: se puede decir ‘Se ha provisto de mantas a los refugiados’, pero es incorrecto decir ‘La policía ha suelto al detenido’.

Gómez Torrego no hace referencia a otra palabra que en estos días está en boca de todos: ‘electo’. Según el Panhispánico, esta forma está “considerada tradicionalmente” participio irregular de ‘elegir’, pero es en realidad un adjetivo que significa ‘que ha sido elegido para una dignidad o cargo y aún no ha tomado posesión’. Recomienda el diccionario no emplearlo en frases como ‘Juan Pérez fue electo concejal’. Sin embargo, la Fundación del Español Urgente (Fundéu) emitió hace apenas dos días una nota en su página web en la que dice lo siguiente: “La Nueva gramática de la lengua española considera válido el empleo del participio ‘electo’ utilizado en las formas verbales pasivas”. Y pone este ejemplo: ‘Todavía no han sido electos los nuevos alcaldes’.

¿Cuál de los dos criterios es el correcto? ¿El del Panhispánico o el de la Gramática? No se les ocurra preguntarle a la Real Academia Española, pues uno y otro manual son hijos de esa contradictoria guardiana de la lengua. Mejor déjense llevar por el instinto: casi nunca falla.

Ramón Alemán

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