Antes de que se me olvide

Hace un tiempo les prometí dedicarle un artículo a José Martínez de Sousa, el gran maestro de la tipografía, la ortografía, la ortotipografía, la lexicografía y todas las artes acabadas en ‘grafía’ relacionadas con el cuidado de la lengua española y su escritura. Aunque hasta hoy no lo había hecho, no es menos cierto que cada dos por tres aparece su nombre en mi blog, porque siempre que tengo que resolver alguna duda recurro a la sabiduría que este gallego genial ha depositado en infinidad de libros de consulta, desde su Ortografía y ortotipografía del español actual hasta el Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas.

Pero como lo prometido es deuda, aquí va este panegírico en su honor antes de que se me olvide la promesa, lo cual sería injusto para sus destinatarios –ustedes– y también ingrato por mi parte. Dice la Real Academia Española que ‘ingrato’ es aquel que olvida los beneficios recibidos, algo que yo no haré en lo que respecta a Martínez de Sousa, a quien, por cierto, he plagiado a la hora de comenzar este artículo: Antes de que se me olvide es el título del más personal de sus libros, un trabajo que no está dedicado a mirar con microscopio la lengua española sino a contarnos, a modo de memorias, su larga trayectoria profesional. El título esconde un doble sentido maravilloso. ¿Lo captan?

En esta obra, Martínez de Sousa recuerda con orgullo su formación autodidacta pero también exhibe esa modestia que caracteriza a los que creen que su fama –innegable y merecida en el caso que nos ocupa– no es más que la consecuencia de haber puesto sus conocimientos a disposición de quienes quisieran hacer uso de ellos.

No conozco personalmente a Pepe (así lo llaman), pero me consta que su modestia no es pura fachada. Y me consta porque hace un tiempo tuve la osadía de hacerle una consulta por correo electrónico sobre un asunto más bien trivial –pero que me tenía de los nervios–, y no solo me contestó sino que lo hizo a las pocas horas de haber recibido mi carta (por cierto, la RAE aún no adjudica la condición de ‘carta’ a las comunicaciones privadas enviadas por correo electrónico; ya lo hará) y argumentó su respuesta a un desconocido con la misma precisión de relojero que emplea en sus diccionarios.

Martínez de Sousa no es catedrático de Filología ni de Lexicografía. De hecho no es catedrático de nada. No tiene –que yo sepa– ningún título universitario. Ni falta que le hace. Su escuela ha sido un obsesivo afán por aprender. En su página web (www.martinezdesousa.net) él mismo dice esto: “Todos mis conocimientos profesionales son absolutamente autodidactas. Aprendí por mi cuenta (y riesgo) lo que necesité cuando me hizo falta. Algunos de mis libros, ciertamente, surgieron por mis propias necesidades de conocimientos concretos”.

Cercano ya a los ochenta años, Martínez de Sousa –que empezó su carrera como cajista de imprenta– no les tiene ningún miedo a las nuevas tecnologías y mete mano en sus memorias a los programas Word, InDesign y QuarkXPress, todos ellos herederos electrónicos del oficio antiguo con el que él comenzó a hacerse grande.

Tan grande se hizo que hasta la RAE le tiene un temeroso respeto. Y no porque el maestro sea su enemigo sino porque su meticulosa pasión por la lengua española lo lleva a analizar exhaustivamente cada paso de los académicos, legisladores de un idioma que él conoce mejor que nadie. Por eso la RAE se puso a temblar cuando Martínez de Sousa escribió, hace unos años, su Recensión sobre el Diccionario panhispánico de dudas. Y ahora ha vuelto a ponerse nerviosa con La ortografía académica del 2010: cara y dorso, un documento que algunos consideran excesivamente crítico con la nueva Ortografía, aprobada en 2010 y mucho más extensa y rigurosa que la anterior, de 1999.

Martínez de Sousa es inteligente, trabajador, honesto, controvertido, valiente y atrevido. Y además es maniático, o sea, tiene ‘preocupación caprichosa por un tema o cosa determinada’, según la definición de la RAE. Por esta vez yo voy a arrogarme la función de censor que se ha ganado merecidamente Pepe Sousa y elimino la palabra ‘caprichosa’, porque nada tiene de caprichoso el amor de este gurú por cada átomo de nuestro idioma.

Todos los hispanohablantes le debemos muchísimo a José Martínez de Sousa, uno de los más implacables guardianes de la lengua. Por lo que a mí respecta, doy por saldada con estas palabras una ínfima parte de mi deuda.

Ramón Alemán

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2 respuestas a Antes de que se me olvide

  1. Miguel dice:

    ¿Por qué me emociono por leer algo bien expresado? ¿Por qué me fascina que me expliques, amigo (disculpa el atrevimiento) Ramón, estos intrincados vericuetos de la lengua? ¿Por qué no una columna periódica en un diario local sobre estos asuntos? (cuanto añoro, y me recuerdas, con todo el respeto, al maestro Carreter). Bueno, vale, ya está bien de peloteo. Gracias.

    • Muchas gracias, Miguel, aunque la comparación con Carreter me parece excesiva (ya quisiera yo). En cuanto a publicar estos artículos en un diario, no contemplo actualmente esa posibilidad. Un saludo.

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