Las palabras hay que inventarlas bien

Si una palabra no existe pero pide a gritos que la inventen, inventémosla. La lengua nos lo agradecerá. Si tiene éxito, tarde o temprano aparecerá en el diccionario de la Real Academia Española. Pero puestos a inventar, hagámoslo bien.

Los políticos y los periodistas canarios se han sacado de la manga la palabra archipielágico («Para el líder del ejecutivo canario, “éste tiene que ser el siguiente hito”, tras la consecución del reconocimiento del mar archipielágico…». Edición digital de La Provincia, 6 de noviembre de 2010). El invento es oportuno porque lo necesitan para explicar todo el follón acerca de las aguas que rodean nuestras islas y demás cuestiones que no vienen al caso, pero lo han hecho con prisas, sin pensar.

Lo que ellos necesitaban era un adjetivo que significara ‘perteneciente o relativo al archipiélago’, así que añadieron el sufijo -ico y se quedaron tan anchos. Pero se equivocaron. O no, porque lo cierto es que el diccionario de la RAE no recoge esta palabra, pero tampoco la que yo voy a proponer, que considero, en todo caso, más correcta que la que se inventaron nuestros políticos.

No vamos a entrar aquí en el fondo de la cuestión, simplemente vamos a referirnos a otra palabra, piélago, que sí aparece en el diccionario, como también lo hace el adjetivo que deriva de ella: pelágico (‘perteneciente o relativo al piélago’). Si tenemos en cuenta que piélago es aquella ‘parte del mar que dista mucho de la tierra’, no es difícil deducir que la palabra archipiélago proviene de piélago (es más, la RAE las considera sinónimas en otra de sus acepciones), y por tanto todo aquello perteneciente o relativo al archipiélago es archipelágico y no archipielágico. ¿Tengo razón? Quién lo sabe. El tiempo lo dirá.

Los políticos y los periodistas canarios son grandes inventores de palabras. Más adelante hablaremos de touroperador, que en Lavadora de textos hemos reinventado un poco más a la española: turoperador. Eso será otro día.

Ramón Alemán