Carta al rey de España

ReyEstimado rey de España:

Le escribo esta carta para comunicarle que la persona que lleva la cuenta de Twitter de la Casa Real ha resultado ganadora de un curso totalmente gratuito sobre el uso de las mayúsculas y minúsculas iniciales, que será impartido –si acepta el premio– por esta humilde empresa dedicada a la corrección, Lavadora de textos. Todo esto tiene su historia. Días atrás leí el siguiente texto en un tuit escrito por su empleado: «Audiencia del Rey al Director General de la Organización Internacional para las Migraciones…». Me llamó muchísimo la atención que una cuenta de Twitter tan importante (tiene 578 000 seguidores y es uno de los escaparates del jefe de Estado español –o sea, de usted– en Internet) fuera tan poco cuidadosa con la ortografía de nuestro idioma, así que me propuse un reto…

Mi plan era que si lograba que un tuit mío, escrito en respuesta al antes citado, fuera retuiteado doscientas veces, le regalaría a su empleado el curso del que le hablaba antes. Y así ocurrió: la cifra propuesta fue superada con creces, por lo que le comuniqué al señor o señora que gestiona ese perfil de Twitter que había ganado el premio; pero no me contestó, así que ahora le escribo esta carta a usted con la esperanza de que algún día pueda leerla y fijar con el premiado y conmigo los detalles para la impartición de las clases (lugar, fecha, etc.).

Me permito adelantarle desde ahora el contenido del curso, que se centrará especialmente en tres de las siete mayúsculas iniciales que se pueden leer en el texto que he copiado más arriba. De la primera (Audiencia) y de las tres últimas (Organización, Internacional, Migraciones) no hay nada que criticar. En lo que atañe a Audiencia, vemos que está al comienzo de un texto, y este es uno de los casos en los que la ortografía de nuestro idioma contempla el uso de mayúsculas iniciales. Concretamente, la Ortografía de la lengua española (Espasa), de la Real Academia Española, señala que se escribirá con mayúscula inicial la primera palabra de un escrito.

En cuanto a Organización Internacional para las Migraciones, también ahí las mayúsculas (y las minúsculas) iniciales están perfectamente puestas. Volviendo a la Ortografía de la RAE, dice esta obra que «se escriben con mayúscula inicial todas las palabras significativas que componen la denominación completa de entidades, instituciones, organismos […], organizaciones, asociaciones…». Debo aclararle que las «palabras significativas» son todas aquellas que no son artículos, conjunciones y preposiciones. Por lo tanto, el señor que gestiona su cuenta de Twitter escribió impecablemente todas las palabras de la organización a la que se refería.

Lo que nos ha llevado a regalarle a su empleado este curso –siempre con el afán de mejorar la imagen del jefe de Estado– ha sido el uso de otras tres mayúsculas: las que podemos ver en las palabras Rey, Director y General. Dejemos la primera para el final y detengámonos de momento en las otras dos. Como usted podrá comprobar, estamos hablando de una persona que ejerce un cargo; estamos, dicho de otro modo, ante un sintagma nominal cuyo núcleo es un nombre común, por lo que la mayúscula carece de toda lógica, igual que no la ponemos cuando decimos que Pedro Almodóvar es un director de cine. Por si le queda alguna duda, volvamos a la citada obra de la Academia, que nos dice que «los sustantivos que designan títulos nobiliarios, dignidades y cargos o empleos de cualquier rango […] deben escribirse con minúscula inicial por su condición de nombres comunes». Esto incluye, naturalmente, el cargo de director general… y también el de rey.

Vayamos, ahora sí, a la palabra que más me importa de las escritas en el tuit: Rey. Su empleado la usa con mayúscula inicial pese a que, como todos sabemos, la voz rey es –igual que director– un nombre común, por lo que el uso de letra mayúscula en este vocablo (o en otros por el estilo como papa, majestad, presidente…) no tiene razón de ser. A estas inoportunas letras las denomina la Academia «mayúsculas de relevancia» y de ellas dice que «ninguna […] está justificada desde el punto de vista lingüístico, ya que recaen sobre nombres apelativos o comunes, con independencia de la valoración social o personal asociada a sus referentes».

Debo decir que la persona que trabaja para usted sí emplea correctamente las minúsculas iniciales en otros nombres comunes, como hace con la palabra actor, al referirse a Antonio Banderas, o con empleados, al hablar de los trabajadores de Iberdrola. Sin embargo, la Casa Real es consciente (eso lo sabemos todos) de que el trabajo de actor es igual de digno y honrado que el de rey, por lo que creo que su subordinado precisa algunas recomendaciones sobre unificación ortográfica. Esto queda nuevamente de manifiesto en el caso de empleados, pues, aunque podríamos pensar que usó aquí la minúscula por tratarse de un plural, se da la circunstancia de que la palabra Reyes, que también es un plural, sí la escribe con mayúscula.

Como usted sabe, todos los españoles somos iguales ante la ley –así lo establece la Constitución–, y no estaría nada mal que este principio se aplicara también a las leyes ortográficas, que, como ya le he dicho, rechazan el uso de mayúsculas para los nombres comunes en función del aparente valor social que pueda tener determinada persona por razón de su cargo. Esto no lo digo yo, sino la Real Academia Española, fundada bajo el amparo y la protección de su antepasado Felipe V.

Me gustaría, majestad, terminar esta carta con unas palabras del extraordinario ortógrafo José Martínez de Sousa. En su Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas (Ediciones Trea), este autor divide esas «mayúsculas de relevancia» de las que habla la Academia en varios grupos, uno de los cuales sería el de la «mayúscula de dignidad». Dice Sousa que hay quien cree justificada la mayúscula en palabras como rey, papa, presidente, alcalde y obispo «meramente por la dignidad que percibe detrás de ellas». Y concluye: «No está justificada esa mayúscula […]. Por razones de dignidad, no debería escribirse con mayúscula la palabra papa si no la lleva también bedel». Y quien dice papa dice rey, naturalmente.

La impartición del curso que le he regalado a su empleado queda sobradamente justificada con esta lúcida exposición del maestro gallego. Y escribo maestro con minúscula inicial porque, aunque el corazón me pide poner la palabra a la altura del hombre al que se la adjudico, yo soy muy respetuoso con las leyes.

Ramón Alemán

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9 respuestas a Carta al rey de España

  1. Mariano Sánchez dice:

    Señor Alemán. He leído con placer su inatacable texto dirigido a nuestro rey. Es de agradecer su celo en tan despreciada materia como la ortografía.
    A fuer de sincero no puedo ocultarle mi inquietud de que similares epístolas sean hurtadas a directores de periódicos y revistas de todo tipo que acuchillan sin piedad diccionarios y reglas gramaticales.
    No límite su crítica a los tuiteros pues necesitará un ejército de colaboradores.
    Gracias por erigirse en paladín de la defensa de nuestro idioma, muy maltratado últimamente.

  2. Silvia dice:

    Fantástico, gracias.

  3. Olmy Mesa dice:

    Sin ánimo de ofender, el que regala el curso también debería cuidar su ortografía para no perder credibilidad. Con un vistazo rápido sobre el texto he descubierto algunos casos de dequeísmo. Un saludo.

    • Sin ánimo de molestar, debo decirle que no siempre que se escribe la construcción de que se incurre en dequeísmo. Es más, en ciertos casos es obligarorio escribir de que. Concretamente, en los tres casos en los que se hace en este texto (con la esperanza de que algún día pueda leerla, la Casa Real es consciente de que el trabajo, se da la circunstancia de que la palabra) las oraciones estarían mal escritas si no se hubiera usado la forma de que.

      Saludos.
      Ramón Alemán

  4. Olmy Mesa dice:

    Disculpe, quería decir QUEÍSMO, no dequeísmo. Mi dispositivo móvil me jugó una mala pasada. Casos de dequeísmo no he encontrado ninguno.

  5. Olmy Mesa dice:

    Observo que en el fragmento: «En lo que atañe a “Audiencia”, vemos está al comienzo de un texto, y este es uno de los casos en los que la ortografía de nuestro idioma contempla el uso de mayúsculas iniciales», se ha omitido el pronombre relativo ‘que’ introductorio de la oración subordinada: «vemos QUE está al comienzo»

    (Perdone que utilice comillas inglesas (“) en donde usted aplica la cursiva, pero el teléfono móvil no me lo permite en esta ocasión).

    La falta de este pronombre no es un queísmo pero también es un error.
    Gracias por su amable respuesta anterior.

    Un cálido saludo de otra correctora y filóloga.

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