No solo para Arturo Pérez-Reverte

SoloExiste en ciertos ámbitos un debate en torno a los criterios que se siguen para la elección de quienes han de ocupar los asientos que la muerte va dejando vacantes en la Real Academia Española. ¿Deben ser siempre científicos de la lengua –gramáticos, lexicógrafos, filólogos…– o también pueden ir a parar allí las posaderas de los artistas de la lengua? Personalmente, no creo que esté mal del todo que haya en la Docta Casa algún que otro escritor, pero me produce grima la torpe injerencia del académico Arturo Pérez-Reverte, que va por ahí –por Twitter, sobre todo– diciendo que dará la batalla para que la RAE le devuelva al adverbio ‘solo’ una tilde que, a decir verdad, jamás le debió corresponder. Y lo hace como miembro de la Academia, no a título personal. Ya lo dijo Goethe: nada hay más terrible que una ignorancia activa…

Si don Arturo fuera un científico –y no un artista– de la lengua, probablemente sabría, por poner un ejemplo, que a finales del siglo XIX la Academia tildaba la palabra ‘luego’ cuando significaba ‘después’ (‘Voy luégo, cuando termines de comer’) y no lo hacía cuando quería decir ‘por lo tanto’ (‘No te lo daré, luego no me lo pidas más’). Sin embargo, hoy nadie emplea ese acento gráfico y no nos rasgamos las vestiduras, y eso que hay que decir que en este caso la tilde diacrítica tenía cierto sentido, mucho más que el que algunos le quieren dar a la del adverbio ‘solo’.1

ReverteTras la invasión de tildes diacríticas que se dio durante el siglo XIX, la Academia rectificó, puso un poco de sentido común y eliminó poco a poco todas las que no estaban justificadas. Entre ellas, por supuesto, figura la que mucha gente sigue poniéndole al adverbio ‘solo’. Quienes aún la emplean se parapetan en el trillado argumento de que hay que evitar dobles interpretaciones: «Si escribes que trabajas solo por la tarde, no sé si te refieres a que por la tarde trabajas sin compañía o a que no trabajas por las mañanas», dicen. Tonterías. En realidad, aquellos que se niegan a eliminar esta tilde solo tienen una razón, profunda e invisible para ellos: la costumbre.

Si lo que se pretende es romper la ambigüedad, deberíamos recurrir a la tilde para evitar el juego que provocan los sintagmas ‘vino blanco’ (¿estamos hablando de alguien que llegó pálido o de un caldo hecho de uva clara?) y ‘para arriba’ (¿le estamos pidiendo a alguien que se detenga arriba o estamos indicando una dirección?), o la imprecisión que esconde la oración ‘Él aceleraba cuando los pasajeros le decían que frenase’ (¿él aceleraba en el momento en el que le decían que frenase o a pesar de que le dijeran que frenase?). O, volviendo a la palabra ‘luego’, ¿cómo resolvemos la doble interpretación que vemos en la oración ‘Me estoy cansando, luego me voy’? Queridos amigos, el contexto siempre nos salvará, como lo hace en la comunicación oral, en la que, por cierto, no existen las tildes. Y, como dice la RAE en su Ortografía de la lengua española del año 2010 (Espasa), los casos de ambigüedad que no resuelve el contexto (se refiere a ‘solo’ y a las voces ‘este’, ‘ese’ y ‘aquel’ como determinantes o pronombres) «son raros y rebuscados».

Antes de seguir, digamos para qué sirven las tildes diacríticas. Su función es la de «distinguir voces homógrafas, esto es, que tienen igual grafía y distinto oficio gramatical», tal y como explica el maestro José Martínez de Sousa en Ortografía y ortotipografía del español actual (Ediciones Trea). En otras palabras, con el objeto de diferenciar dos vocablos que se escriben igual, nos saltamos a la torera las normas generales de acentuación gráfica y hacemos cosas como ponerle tilde a la voz ‘te’ si estamos hablando de la planta y su correspondiente infusión, pero no se la ponemos cuando funciona como pronombre.

Entonces, si el adverbio ‘solo’ y el adjetivo ‘solo’ se escriben igual y tienen distinta función gramatical, ¿por qué no está bien diferenciar uno de ellos con una tilde? Muy sencillo: porque en esta pareja de palabras no se cumple otra de las reglas que se siguen en la atildación diacrítica, aquella que dice que solo se empleará esta distinción si en la cadena hablada uno de los vocablos es átono y el otro tónico (la tilde siempre la lleva el que es tónico). Digan en voz alta ‘A mí me gusta mi casa’ y fíjense en la manera en que pronuncian. Marquemos las sílabas tónicas de esa oración: ‘a me GUSta mi CAsa’. ¿Lo notan? El primer ‘mi’ es tónico, pero el segundo no; por eso le ponemos tilde al primero.

Veamos ahora esta otra frase: ‘Solo se pone triste cuando está solo’. Marquemos las tónicas: ‘SOlo se POne TRISte cuando es SOlo’. Como podrán comprobar, tanto el adjetivo ‘solo’ como el adverbio ‘solo’ son tónicos –tienen una sílaba tónica en la cadena hablada–; por lo tanto, no es adecuado aplicar aquí la atildación diacrítica. Para que entiendan mejor eso de que una palabra es tónica o átona en la cadena hablada, dense cuenta de que en esta oración que hemos puesto de ejemplo la palabra ‘cuando’ es átona al pronunciar el conjunto de la frase a pesar de que tiene una sílaba tónica si la pronunciamos aisladamente.

Aclarado todo esto, hay que añadir que la Ortografía académica de 2010, de cuyas páginas brotó la absurda polémica de la tilde de ‘solo’ –aunque no era esa la intención de la RAE–, no dicta ninguna norma al respecto; simplemente nos dice (con gran acierto aunque un poco tarde, para no variar) que «a partir de ahora se podrá prescindir de la tilde […] incluso en casos de doble interpretación». Por lo tanto, quien quiera seguir usando esa tilde, que lo haga: si don Arturo y el ejército de sobreatildadores que lo secundan se niegan a dar un paso en pro de la eficacia de nuestro sistema de acentuación, allá ellos.

Sin embargo, el insigne escritor hace mal en aprovechar su condición de académico para dar la batalla en favor de una reliquia que tarde o temprano será cosa del pasado, como lo son tantos otros usos ortográficos que hoy nos resultarían impensables: ¿se imaginan a un miembro de la RAE pidiendo que volviéramos a escribir ‘alphabeto’, ‘pentagramma’, ‘sequaz’, ‘mysterio’, ‘christiano’, ‘abaxo’, ‘mui’ o ‘anathema’, como se hacía en el siglo XVIII? Por supuesto que no, aunque sí es probable que en otros tiempos algún reverte pusiera el grito en el cielo cuando sus ojos se encontraron de repente con grafías nuevas e inesperadas como ‘alfabeto’, ‘pentagrama’, ‘secuaz’, ‘misterio’, ‘cristiano’, ‘abajo’, ‘muy’, ‘anatema’…

Lo mejor para todos los hispanohablantes sería que Pérez-Reverte dejara la ortografía en manos de los ortógrafos y se dedicara a las batallas que nos cuenta en sus libros, que son las que realmente se le dan bien. O eso dicen.

Ramón Alemán

1 Como se explica en el sexto párrafo de este artículo, para distinguir dos palabras homógrafas se usa la tilde diacrítica si una es tónica y otra átona. En el caso de ‘luego’, es tónica cuando significa ‘después’ y átona cuando significa ‘por lo tanto’, como nos recuerda el maestro Manuel Seco en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española (Espasa), de tal manera que, según el criterio actual de los ortógrafos y de la RAE, no sería un disparate escribir ‘luego’ con tilde cuando significa ‘después’.
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14 respuestas a No solo para Arturo Pérez-Reverte

  1. Susana dice:

    Hola!
    Muy claro e interesante. ¡Muchas gracias!Comparto la opinión.

  2. Héctor Halcón Soto dice:

    No sólo Reverte. Javier Marías, Mario Vargas Llosa, Luis Mateo Diez, José María Merino se niegan a aceptar la eliminación de la tilde. Y te comunico que Darío Villanueva, director de la RAE, ha dicho que en vista de que en la próxima edición de la Ortografía se recupera la tilde. O estás mal informado, o Reverte te cae mal, o te fastidia que haya novelistas en la RAE y no todos sean filólogos, o tú sabrás. Pero deberías informarte mejor antes de contarnos tu vida. Que por cierto, sé quienes son ellos y sobre todo Reverte, ese que según tú “dicen” que escribe buenas novelas, pero no sé quien eres tú.

    • Santi dice:

      Madre mía, menos mal que ha puesto usted al señor Mateo y al señor Merino que, a pesar de su rechazo, son dos personas con cierto criterio. Porque si pone otro ejemplo más, no sé a quién hubiera puesto…

      Su comentario, de hecho, apesta a rencor y a una admiración desmedida, frente a los argumentos estrictamente lingüísticos usados en el artículo, aun cuando es usted quien dice que el autor del artículo es quien rezuma rencor por una extraña manía a Reverte, el escritor que tilda la palabra ‘ti’ y culpa a sus profesores.

      Imagino que, muy a su pesar, no es el autor del artículo quien pone en duda la maestría de Reverte, sino que en el mismo sector editorial es considerado un autor de una índole más comercial. Que a usted le guste, sin embargo, no le hace menos inteligente que nadie.

      Me temo que, a pesar de la información de la que presume, no ha leído el articulo, si lo único que tiene que decir es que le han contado una vida ajena. Siento tener que ponerme a ese nivel y contarle la vida literaria de Pérez Reverte «tras las cámaras». Un saludo.

      • Susana dice:

        Ramón Alemán es despectivo en su trato hacia Reverte, y es innecesario, eso es así te guste Alatriste o no. Exacto: sobraba la pulla, luego falta elegancia.

  3. “Quienes aún la emplean se parapetan en el trillado argumento de que hay que evitar dobles interpretaciones: «Si escribes que trabajas solo por la tarde, no sé si te refieres a que por la tarde trabajas sin compañía o a que no trabajas por las mañanas», dicen. Tonterías. “

    ¿Tonterías? No. Quienes trabajamos editando textos escritos (que por su propia naturaleza no pueden acompañarse de gestos ni entonación) agradecemos enormemente la economía que supone una tilde diacrítica a la hora de clarificar instantáneamente un significado. Las alternativas que se proponen suelen ser fatigosas contorsiones del lenguaje y, sobre todo, muy poco naturales.

    En cuanto al argumento del “luégo” abandonado, es completamente tramposo: de los propios ejemplos que pones se desprende claramente que, dadas las estructuras gramaticales que forman, los dos “luego” difícilmente podrían confundirse, como en cambio lo harían tan a menudo “solo/sólo” de no ser por la utilísima tilde diacrítica.

    • «¿Tonterías? No. Quienes trabajamos editando textos escritos (que por su propia naturaleza no pueden acompañarse de gestos ni entonación) agradecemos enormemente la economía que supone una tilde diacrítica a la hora de clarificar instantáneamente un significado. Las alternativas que se proponen suelen ser fatigosas contorsiones del lenguaje y, sobre todo, muy poco naturales.»

      Yo trabajo escribiendo y corrigiendo textos (escritos, claro está) y agradezco justo lo contrario, evitar una tilde innecesaria que no todos saben colocar bien, o que lo hacen de forma arbitraria, cuando las ocasiones en las que está justificada son tan contadas que resultan materia de anécdota.

      De hecho, lo que es fatigoso es el empeño en defender esta tilde diacrítica con ejemplos cada vez más rebuscados (pero ingeniosos, he de admitir).

      En cualquier caso, amigo Luis, no deja de ser sino una recomendación de la RAE; puedes hacer caso de ella o no. Recuerdo una discusión por Twitter, a todo esto, en el que me dejaste claro que en el libro de estilo de vuestra editorial solo (sería con tilde) aceptáis las normas de la RAE que os convienen. Ningún problema entonces, ¿no? :)

      • Iñaki dice:

        Sí, hombre, sí, evitemos las tildes “innecesarias” y que “no todos saben poner bien”. Y de paso hebitemos las haches y uves/bes hinnezesarias que no todos saven poner vien.

        Porque dime tú en qué ejemplo revuscado pero hingenioso se confunde “vien” con halgo que no sea “bien”. ¡Si se leen igual! ¡Para qué hempezinarse en diferenciar v/b! ¡Hi qué me dices de la hache! ¿No preferirías hevitar husarla, o que fuera hopcional? Se haorrarían muchos problemas.

      • Iñaki dice:

        Muy sencillo: porque en esta pareja de palabras no se cumple otra de las reglas que se siguen en la atildación diacrítica, aquella que dice que solo se empleará esta distinción si en la cadena hablada uno de los vocablos es átono y el otro tónico (la tilde siempre la lleva el que es tónico).

        Esto es, sencillamente, mentira.

        Cualquier persona que no sea un robot pronuncia “sólo” más tónicamente que “solo”. Ni de lejos pronuncio igual “He tomado sólo un helado” que “He tomado un helado solo”. Ni yo, ni nadie. La diferencia de entonación es comparable a mí/mi o cuando/cuándo. Quizá menor, pero comparable.

        Además, es falso que (por ejemplo) “mi” se pronuncie siempre muy diferente de “mí”. Supongamos que alguien dice “Este es mi coche”, señalando nuestro coche, y nosotros respondemos, enfurecidos: “Ese es MI coche, no el tuyo”. ¿Ahí habría que poner tilde? No, ¿verdad?

        • Estimado Iñaki:

          Que usted diga que yo digo una mentira no tiene la menor importancia. Lo llamativo es que, al hacerlo, está afirmando que también mienten eminentísimos sabios que han consagrado sus vidas al estudio de nuestra lengua, entre los que podemos citar a José Martínez de Sousa, Manuel Seco y Félix Restrepo. De este último le copiaré su opinión al respecto, para que usted mismo compruebe lo mentiroso que era este gran filólogo: «… adjetivo o adverbio, la palabra solo tiene el mismo tono; ¿qué oficio hace, pues, la tilde?».

          Saludos.
          Ramón Alemán

        • Juanan dice:

          Increíble, hemos descubierto una nueva categoría gramatical: ahora en vez de palabras átonas y tónicas tendremos las átonas, las poco tónicas y las palabras “muy tónicas y mucho tónicas”.

  4. No quiero irme sin comentar el artículo en sí:
    Estoy de acuerdo con lo que señala, en esencia, sobre todo porque lo que fastidia en el caso de Pérez-Reverte es que desautorice a la RAE cuando él mismo es académico. Siendo como es una recomendación, ¿a qué empecinarse en el asunto?
    Eso sí, la última frase (e incluso el último párrafo) me han parecido poco elegantes. Sobraba la pulla, en mi opinión.

  5. Iñaki dice:

    Me parece que el artículo contiene ciertas incoherencias, además de una opinión que no comparto.

    En primer lugar dices que la RAE debería estar compuesta por “científicos” de la lengua, y no “artistas” de la misma. Claro, el que no sepa, que no opine. Me parece bien. Claro que por esa regla de tres la RAE debería dejar de introducir en el DRAE voces incorrectas sólo porque se diga así en la calle, y cuando se le cuestiona decir que “es que estamos para recoger usos, no implantarlos”. Pues vaya, 47 millones de analfabetos (me refiero sólo a España, en todo el mundo más) pueden introducir sus analfaburradas en el diccionario, pero Reverte que no opine, porque sólo es escritor (y lector, no lo olvidemos. Que seguro que ha leído más libros que otros “científicos” del idioma). Vaya.

    En segundo lugar, te parece absurdo el argumento de quienes defienden (defendemos) la diferenciación sólo/solo “por ser necesario para evitar ambigüedades”. Estoy de acuerdo, yo no uso ese argumento. Pero se te olvida que la RAE sí lo hace. La RAE dice, precisamente, que “sólo” debe escribirse sin tilde, excepto cuando pueda ser confundido con “solo”. O sea, justo el argumento de algunos defensores de la tilde, pero para usarlo chapuceramente “de vez en cuando”, en vez de siempre.

    En tercer lugar, desprecias la “costumbre” como argumento, pero es que no existe otra razón para defender una lengua. La lengua es lo que la costumbre dicta que es. Es como decir que yo soy rubio “sólo” porque mis padres son rubios, o que soy zurdo porque ayer fui zurdo. Si la costumbre no es razón, llamemos “frenoligarfio” a la mesa, porque, total, la única razón para llamarla “mesa” es la costumbre de que siempre la hemos llamado así (y frenoligarfio mola mucho más). En las lenguas, como en la genética, existe evolución y cambio, pero el cambio “porque sí” no es una razón. Ante el cambio “porque sí”, decir que algo es costumbre es razón suficiente. Sólo si hay una verdadera razón objetiva puede ignorarse la costumbre.

  6. Nona Escofet dice:

    Muchas gracias por el texto. Comparto su opinión de principio a fin. ¡Un saludo!

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