El tuitero que se quitó de enmedio

EnmedioDías atrás un señor me acusó de ser corporativista por sostener, ante una pregunta suya, que no se podía afirmar rotundamente que un periódico hubiera cometido una falta de ortografía al escribir ‘enmedio’ en lugar de ‘en medio’. Además de corrector de textos, yo soy periodista, pero no tengo ataduras que me impidan criticar las malas formas de escribir de mis colegas cuando se tercia. Si no me creen, hagan clic aquí y verán cuántas veces me he metido con ellos. No, yo no soy corporativista; simplemente, defiendo una postura de tolerancia hacia determinados usos ortográficos que, sin haber recibido la bendición de la Real Academia Española, están bastante extendidos y son vistos con buenos ojos por expertos de reconocida solvencia. La RAE –no lo olvidemos– es humana, no divina, y los dictámenes de sus miembros no son palabra de Dios.

La acusación de la que les hablo tuvo lugar en Twitter, y fue tal la desilusión del tuitero a causa de mi supuesto corporativismo que dejó de seguir mi cuenta en esa red social (podríamos decir que se quitó de enmedio). Su defensa de la grafía ‘en medio’ estaba basada pura y exclusivamente en que esta es la que ordena la RAE, y de nada sirvió que yo le dijera que algunos maestros en asuntos de ortografía no están de acuerdo con la Academia. Su postura era tajante: si los académicos prohíben escribir ‘enmedio’, aquello era una falta de ortografía.

Para saber si este tuitero tenía razón al hacer tal afirmación habría que empezar por preguntarse qué es una falta de ortografía. Según la Ortografía de la lengua española (Espasa), de la RAE, la ortografía es un conjunto de reglas que deben ser respetadas, «y su incumplimiento da lugar a lo que se conoce como “faltas de ortografía”». ¿Quién dicta esas reglas? Se supone que la Academia, pero la propia RAE dice en la misma obra, unas páginas más adelante, lo siguiente: «[Es] la sociedad la que valora como faltas los errores ortográficos y quien sanciona a las personas que muestran una ortografía deficiente». Por lo tanto, ¿qué ocurre cuando la sociedad no considera un error algo que sí lo es para la Academia?

Veamos qué opina el ortógrafo José Martínez de Sousa. Como creo que a mi exseguidor de Twitter no le quedó claro el otro día de quién estaba hablando, se lo explico ahora: Sousa es en la actualidad la mayor autoridad en asuntos de ortografía española. Sus criterios –siempre razonados y coherentes– son aceptados por la inmensa mayoría de editores, correctores, traductores y demás profesionales de la lengua hasta el punto de que la RAE, tal vez temerosa de que le hiciera sombra, le propuso en su día que entrara a formar parte de la Docta Casa, pero por la puerta pequeña (o sea, como académico correspondiente, no numerario), a lo que este gigante se negó, como es natural. Un gigante nunca puede pasar por una puerta pequeña.

Vayamos al grano. En su Ortografía y ortotipografía del español actual (Ediciones Trea), Sousa dice lo siguiente: «El concepto de falta de ortografía depende de la aceptación y el cumplimiento de las normas emanadas de la Academia. Sin embargo, puesto que tales normas son incompletas y en algunos casos contradictorias o incoherentes, este concepto se complica». En esa misma obra también habla el maestro gallego de la heterografía, que viene a ser aquella práctica por la cual quien escribe prescinde de la ortografía académica cuando esta cojea. Según Sousa, la heterografía «no constituye, en sentido estricto, falta de ortografía, por cuanto no responde a ignorancia de las reglas, sino a la superación de estas cuando, a juicio de un escritor, son anticuadas, incoherentes o no responden a la actualidad del idioma».

Queda claro, pues, que saltarse las reglas ortográficas de la Academia no significa necesariamente que se haya cometido una falta de ortografía. Por eso es normal que haya personas expertas en el uso de nuestra lengua que consideren aceptable la grafía ‘enmedio’, empezando por el propio Sousa, que en otra de sus obras –el Diccionario de usos y dudas del español actual (Ediciones Trea)– señala que, de la misma manera que a la RAE le parece igual de correcto escribir ‘en seguida’ que ‘enseguida’, o ‘en frente’ que ‘enfrente’, no hay ninguna razón para no aceptar ‘enmedio’. Este autor recuerda que muchos topónimos españoles utilizan esa palabra (Navarra de Enmedio, Cumbres de Enmedio…); además, pone varios ejemplos de expresiones que, según señala la Academia en su Diccionario panhispánico de dudas, se pueden escribir en una sola palabra aunque habitualmente se haya hecho en dos, como ‘arcoíris’, ‘guardiacivil’ y ‘medioambiente’.

Mucho antes que Sousa, la lexicógrafa María Moliner –otro gigante que no entró en la RAE– ya defendió esta grafía en su famoso Diccionario de uso del español (Gredos). En la tercera edición de este manual, publicada en el año 2007, todavía puede leerse la descripción que doña María hizo años atrás de esta locución adverbial soldada gráficamente. Decía Moliner que ‘enmedio’ es una «variante ortográfica, no corriente, de ‘en medio’». Por último, y más cercano en el tiempo, tenemos este comentario de la Fundación del Español Urgente (Fundéu) sobre el asunto del que estamos hablando: «… es fácil pronosticar que el uso de ‘enmedio’ se irá extendiendo y algún día será considerado como correcto».

Dada la intransigencia que mostró mi exseguidor de Twitter en la conversación que mantuvimos, no espero que estas explicaciones le resulten convincentes, a pesar de que son bastante claras. Pero cuando este individuo dio por zanjado el debate y me eliminó de su lista de Twitter sin atender a razones, lo hizo con un cortante «adiós» y yo le prometí que también me despediría de él, pero a través de este blog. El artículo que acaban de leer es mi despedida.

Ramón Alemán

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2 respuestas a El tuitero que se quitó de enmedio

  1. Hola, Ramón. Nunca te lo he confesado, pero para mí eres un referente muy importante en esta profesión que compartimos. Me ganaste por completo cuando en una de tus entradas anteriores entonaste el mea culpa por todos esos gerundios agredidos sin razón, y es que la humildad, tan importante en la vida en general, no lo es menos en este trabajo que realizamos. No nos queda otra que aprender todos los días, reflexionar mucho y estar abiertos a todos aquellos criterios que sean razonables y acertados y propongan soluciones a ciertos embrollos que la RAE no hace más que fomentar. Menos mal que existen grandes como los que tú citas en este importante artículo que ofrecen recursos a todos los que nos resistimos a acatar la palabra de un solo “dios” y preferimos enriquecernos con las de excelentes profesionales que lucharon y luchan por el buen uso de nuestra lengua, dentro o fuera de la Academia. Un saludo con admiración.

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