Verbos para el alma

AlmaCuando yo era joven, una amiga mía, cantautora ella, escribió una canción en la que hablaba de una muchacha a la cual «la prensa no le convenció». La canción era divina, pero a los pocos días de escucharla por primera vez su autora me la volvió a cantar con un cambio: en lugar de «le convenció», la cantante decía ahora «la convenció». La razón que me dio para esta corrección fue que la protagonista de la canción funcionaba en esa oración como complemento directo del verbo ‘convencer’; por lo tanto, el pronombre que le correspondía era ‘la’. En caso contrario –me dijo–, estaría incurriendo en un leísmo flagrante.

Pese a que el argumento era demoledor, a mí aquello de «la prensa no la convenció» siempre me sonó fatal. Lamentablemente, en esa época yo era mucho más indocumentado de lo que lo soy ahora, y por tal motivo en esos tiempos no sabía que hay unos verbos muy especiales que salen directamente del alma, o bien entran en ella, y para los que las fronteras que separan laísmo, leísmo y corrección gramatical están un poco borrosas.

A esos verbos, que son conocidos como «de afección psíquica», los llamo yo en el título de este artículo «verbos para el alma» porque ‘psíquico’ es un adjetivo que nos habla del espíritu, según el Diccionario de uso del español (Gredos), y es pariente del sustantivo ‘psique’, que usamos para referirnos al alma humana, según el diccionario de la Real Academia Española. También han sido bautizados como verbos «psicológicos» o, simplemente, como verbos «de afección», según la Nueva gramática de la lengua española (Espasa), de la Academia.

Antes de seguir con el asunto, les voy a poner un ejemplo, a ver qué opinan ustedes. Si yo digo ‘Juan ya está cansado: María LO molesta tirándole del pelo’, todo suena bien, ¿no? Pero ¿qué ocurre si digo ‘Juan ya está cansado: el ruido de la calle LO molesta’? ¿No les parecería mejor decir ‘Juan ya está cansado: el ruido de la calle LE molesta’? Claro que sí, eso suena mucho mejor. ¿Por qué? Pues porque, «dependiendo de distintos factores» –según el Diccionario panhispánico de dudas, de la RAE–, los verbos de afección psíquica funcionan a veces con los pronombres ‘lo’ y ‘la’ y otras veces con ‘le’.

Hay que tener en cuenta que los verbos para el alma son muy sensibles (no podría ser de otra manera), de tal forma que la elección del pronombre depende mucho de cuáles son las intenciones con las que se presente el sujeto. Si se trata de una persona –o de un animal– y además se presupone una voluntariedad en su acción, el objeto sobre el que recae esta se considera un complemento directo. Por eso es normal decir ‘María LO molesta tirándole del pelo’, porque María es una persona y le tira del pelo adrede y con la intención de fastidiar.

Por el contrario, el ruido de la calle no es humano, sino algo inanimado, así que el genio de la lengua –un ser invisible y poderoso que mueve los hilos de nuestro idioma– nos ordena interpretar a Juan como un complemento indirecto. Para tomar esta decisión no nos paramos a pensar: simplemente usamos el pronombre ‘le’ de manera espontánea e intuitiva; por eso nos parece normal decir ‘Juan ya está cansado: el ruido de la calle LE molesta’.

También puede ocurrir que María, aun siendo un ser animado, actúe sobre la psique de Juan de manera involuntaria, y en tal caso no sería nada extraño encontrarnos con construcciones como ‘María LE asustó al entrar en la casa a las dos de la madrugada’. ¿Y si el susto hubiera sido consciente? Entonces tenemos que ‘María LO asustó para que saliera del cuarto’, por ejemplo.

Por último, la vacilación a la hora de escoger entre el complemento directo y el indirecto puede depender también de factores tan curiosos como la posición del sujeto en la oración cuando este es inanimado: si está colocado antes del verbo, a veces nos inclinamos por el complemento directo; si está pospuesto, solemos quedarnos con el indirecto. El Panhispánico pone estos dos ejemplos: ‘Mi actitud LO decepcionó’ y ‘Nunca LE decepciona mi actitud’.

Les dejo aquí una lista de verbos de afección psíquica que aparecen en el Panhispánico y en la Nueva gramática (elimino las comillas simples en esta relación para hacer más fácil la lectura y no aburrirles… o aburrirlos): aburrir, afectar, agobiar, agradar, alegrar, asombrar, asustar, atraer, cansar, complacer, contentar, convencer, desagradar, disgustar, divertir,  doler, encantar, entristecer, entusiasmar, escocer, estimular, extrañar, gustar, herir, impresionar, interesar, irritar, molestar, obsesionar, ofender, pesar, perjudicar, preocupar y sorprender.

Como verán, aparece entre ellos el verbo ‘convencer’, así que, volviendo a la frase del principio, tenemos un sujeto inanimado (la prensa) que está colocado antes del verbo, de tal forma que no es un disparate decir «la prensa no LA convenció». Pero no es menos cierto que la prensa, por el mismo hecho de ser algo inanimado (o sea, por no ser persona ni animal, aunque yo conozco a profesionales de la prensa que son unos animales), carece de voluntariedad y de intención, así que no es nada extraño que yo hubiera preferido –igual que la cantautora, de manera espontánea, en su primera versión de la canción– la forma «la prensa no LE convenció».

¿Los he convencido? Quién sabe… Las cosas del alma, como las de la lengua, son muy suyas.

Ramón Alemán

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2 respuestas a Verbos para el alma

  1. Me parece increíble cómo los hablantes hacemos uso de la regla sin saberla conscientemente. Los andaluces, por mucho que se diga, somos perfectos conocedores involuntarios de lo que explicas. En todo caso, me encanta entender los motivos de por qué una cosa o la otra.

    Un saludo,
    Marina

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