Borbones, González y Alemanes

Según datos del Instituto Nacional de Estadística, en España hay 336 Borbones frente a un millón y medio de Garcías –el apellido más común en nuestro país– y casi un millón de González, lo cual podría servir como aperitivo para un pintoresco debate entre monárquicos y republicanos en el que yo me lo pasaría bomba. Sin embargo, no entraré hoy en ese asunto, pues lo que realmente me interesa es hablar de los plurales de los apellidos. ¿Se han fijado en que he escrito ‘Borbones’ y ‘Garcías’ –plurales de ‘Borbón’ y ‘García’–, pero el apellido ‘González’, que también está aquí en plural, lo he escrito igual que en singular?

Mi amigo José Carlos Alberto, periodista que actualmente trabaja en COPE Tenerife, me preguntó hace poco lo siguiente: «Si un profesor suspende a un alumno en un examen importantísimo porque considera una falta de ortografía lo que en realidad no lo era, ¿puede ese alumno recurrir a los tribunales de justicia?». Supongo que sí, aunque habría que ver cuál es la autoridad en la que se basaría para demostrar su inocencia: debería ser la Real Academia Española, pero todos sabemos que hay otras fuentes igual de fiables –o más– que la Docta Casa.

Eso es lo que le respondí a mi amigo, pero también le advertí que la frontera entre lo correcto y lo incorrecto es a veces imprecisa. Por ejemplo, la RAE decretó en 2010 que escribir la palabra ‘guion’ con tilde es una falta de ortografía, pero vaya usted a contarles eso al gramático (y académico) Manuel Seco y al ilustre ortógrafo José Martínez de Sousa: le dan con la puerta en las narices. La cosa se complica aún más cuando se trata de asuntos realmente subjetivos –más allá de la ortografía– y en los que juegan un papel muy importante los gustos de cada cual.

Un ejemplo lo tenemos con los plurales de los apellidos. ¿Existe una regla clara, estricta y definitiva para formarlos? Pues no. Y las recomendaciones que hay al respecto parecen más bien descriptivas; o sea, los guardianes de la lengua sugieren que hagamos lo que ellos han visto que se viene haciendo habitualmente. Lo primero que yo hice para abordar este asunto tan curioso fue buscar en la Nueva gramática de la lengua española (Espasa), de la RAE y el resto de academias de la lengua española, pero no dice ni mu sobre la cuestión.

Sí nos hablan de los apellidos el Diccionario panhispánico de dudas, de la RAE; el Diccionario de uso del español (Gredos), de María Moliner; y el Manual de estilo de la lengua española (Ediciones Trea), de Martínez de Sousa. Las tres obras parecen decantarse por mantener los plurales invariables, pero cada una lo hace con sus matices y ninguna de ellas condena las formas en plural. A la hora de optar o no por estas, nos encontramos en los libros citados con factores tan relativos como la «naturalidad» (Panhispánico), la «tradición» (Moliner) o la «tendencia moderna» (Sousa).

Dice el Panhispánico que los apellidos «se mantienen invariables cuando designan a los miembros de una misma familia», pero «el uso vacila» cuando queremos hablar de «un conjunto diverso de individuos», aunque no sean de la misma familia. Por su parte, Sousa señala lo siguiente, sin especificar si se refiere o no a personas de la misma familia: «Si se sigue a los preceptistas, el plural de los apellidos se hará como el de las voces comunes […]; pero si se sigue la tendencia moderna, en muchos casos solo se pluraliza el determinante». El lexicógrafo gallego aclara que este debate es bastante antiguo y recuerda que el gran filólogo colombiano Rufino José Cuervo ya se oponía en el siglo XIX a renunciar de manera artificial a los plurales. Lo único que queda claro, pues, es que la cosa no queda clara.

Sousa y el Diccionario de uso del español coinciden en que no tienen variación para el plural los apellidos de acentuación no aguda acabados en ‘-z’: ‘los González’, ‘los Pérez’, ‘los Fernández’. Según el primero, sí la tienen los agudos o monosílabos terminados en la misma letra –‘los Ruices’ (de ‘Ruiz’)–, pero tampoco varían los agudos acabados en ‘-n’ o ‘-s’ –‘los Gallardón’– ni los no agudos terminados en ‘-s’ –‘los Morgades’–. Sin embargo, no dice nada este autor de los apellidos que terminan en otras consonantes, como ‘Pimentel’, para el que el Panhispánico propone el plural ‘los Pimentel’. Este mismo diccionario tampoco considera bueno el plural ‘Ruices’. Un poco caótico todo, ¿no?

Además, el Panhispánico propone mantener la forma singular cuando el apellido se puede usar también como nombre de pila: ‘Los Felipe son una familia muy conocida’. Y lo mismo tenemos que hacer para diferenciar parejas de apellidos casi idénticos, uno terminado en ‘-s’ y el otro no; por ejemplo, ‘Fuente’ y ‘Fuentes’. Supongo que deberá seguirse la misma regla para otras parejas en las que a la ‘-s’ se le añade otra letra, como ‘Vidal’ y ‘Vidales’. Sousa también nos dice que no se suele hacer variación de número en fórmulas como ‘los hermanos Quintero’ ni en apellidos compuestos escritos en dos palabras: ‘los Pardo Bazán’.

Por lo demás, parece que la costumbre y la libertad nos permiten hacer con el resto de los apellidos lo que nos dé la gana. Así, podemos escribir ‘los Garcías’ y ‘los García’ para referirnos a un conjunto de personas que tengan ese apellido, y el plural está consolidado en esas familias de las que se dice que tienen sangre azul (como los bolígrafos): ‘los Borbones’, ‘los Habsburgos’. Sin embargo, y para que ustedes vuelvan a comprobar que realmente no hay una regla clara, les diré que mientras el Manual de estilo de Sousa da como totalmente normal el plural ‘Habsburgos’, el Panhispánico pone el nombre de esta rancia (podrida, diría yo) casa real entre los ejemplos de invariables.

Ustedes ni lo saben ni lo tienen por qué saber, pero yo vivo en una pequeña ciudad de Tenerife y tengo cuatro hermanos, más de veinte primos hermanos, unos cuantos sobrinos, varios tíos y no sé cuántos sobrinos segundos. Algunas personas se refieren en esta ciudad a nuestra tribu como ‘los Alemanes’, lo cual va en contra del criterio del Manual de estilo de Sousa, pues ‘Alemán’ es una palabra aguda terminada en ‘-n’. ¿Tendría que llevar a esas personas ante los tribunales de justicia por habernos bautizado a su gusto? Dios me libre: un poco de libertad nunca viene mal.

Ramón Alemán

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5 respuestas a Borbones, González y Alemanes

  1. Félix Díaz dice:

    ¿Entonces? Mi pregunta era si resultaba correcto llamar a una calle “Los Trujillos”
    Y me he quedado a cuadros, pues ni sí ni no. O más bien, como uno prefiera ¡ja, ja!

  2. Pingback: Blogs sobre traducción que me gustan (y que no tienen por qué gustarte a ti también) | #tradutxapelera

  3. J. Alberto Pastor dice:

    Todo discurría correctamente y al final, y ¡ sin necesidad ! todo se echa a perder con eso de “podrida, diría yo”, gratuito y ofensivo que me produce vergüenza ajena. Francamente, recordando los versos que Rubén Darío tituló “Latigazo”, no creo que llegue usted a calarse el casco de oro de Minerva.

    • Gracias por su comentario.

      A partir de lo leído deduzco que usted no conoce bien el significado de la palabra podrido. Para empezar, tenemos que quiere decir ‘Dicho de una persona o de una institución: Corrompida o dominada por la inmoralidad’, según el diccionario de la Real Academia Española. Por otra parte, y siguiendo con el diccionario académico, algo podrido también puede ser algo que está muerto o sepultado. Bien, pues, teniendo en cuenta la primera de las acepciones citadas, creo que no es necesario enumerar las proezas de esta casa -como las de casi todas las casas reales- para llegar a la conclusión de que alguna inmoralidad cometieron sus miembros. Por otra parte, usted debe de saber que los Habsburgos ya no reinan en ningún país, de tal manera que esa casa real está, en sentido figurado, bastante podrida; o sea, muerta y sepultada.

      Saludos.
      Ramón Alemán

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