Una lengua imparable

Viñeta de Sergio Langer.

La lengua española es como la Luna: parece estar casi quieta, pero en realidad se mueve a una velocidad vertiginosa, y esa velocidad la decidimos los hispanohablantes, no las academias ni los gramáticos. “¡Cuántos modos de hablar que a […] Jovellanos hubieran escandalizado son hoy usados con toda tranquilidad por los escritores más apreciados!”, decía hace unos años el gran maestro Manuel Seco. Realmente no hay que dar un salto tan grande en el tiempo: si Fernando Lázaro Carreter llega a saber hace dos décadas que la Real Academia Española, de la que él fue director, acabaría por acoger de buen grado el empleo del verbo ‘incautar’ como transitivo, se tira por un puente.

Hasta hace poco, todos los diccionarios y manuales de estilo dejaban bien claro que el verbo ‘incautar’ era pura y exclusivamente un intransitivo pronominal que se usaba acompañado de la preposición ‘de’: ‘La Policía se incautó de diez toneladas de hachís’. Pero como resulta que quienes mandan en la lengua española no son los diccionarios, sino los hablantes, y millones de hablantes prefieren usarlo como transitivo, a los gramáticos y a las academias de la lengua española no les ha quedado más remedio que aceptar oraciones como esta: ‘La Policía incautó diez toneladas de hachís’.

Hace apenas 22 años, Lázaro Carreter tildaba de “malhablados” a quienes osaban no emplear este verbo como pronominal. En un artículo de su famosa colección El dardo en la palabra (Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores), el filólogo no escatimaba en reproches a quienes, según él, empobrecían el idioma y lo llevaban por el camino “de la elementalidad”. No era el único que condenaba este uso: la decimoquinta edición del Libro de estilo de El País (Ediciones El País), de 1999, decía lo siguiente: “Es un verbo siempre pronominal, por lo que resulta incorrecto utilizarlo así: ‘la policía incauta dos kilos de drogas’. Lo correcto es: ‘la policía se incauta de dos kilos de drogas’…”.

Algo parecido se podía leer en la duodécima edición del Manual de español urgente, de la agencia Efe (Cátedra). Sin embargo, en la decimoctava edición da un paso al frente y señala esto: “… hoy se considera también válido su uso como transitivo”. Lo que hizo la agencia Efe fue seguir el criterio de la Real Academia Española, que en el Diccionario panhispánico de dudas, del año 2005, optó por el sentido común y dijo lo siguiente: “En el habla culta se usa preferentemente como intransitivo pronominal, con un complemento de régimen introducido por ‘de’ […]. No obstante, por influjo de verbos sinónimos como ‘confiscar’ o ‘decomisar’, hoy es frecuente, y se considera válido, su uso como transitivo”.

Por si quedaban dudas, la RAE y la Asociación de Academias de la Lengua Española dejaron la cosa bien clara en su Nueva gramática de la lengua española, de 2009 (Espasa). Ahí podemos leer que un buen número de verbos transitivos “admite una variante intransitiva pronominal, de significado similar o muy próximo, que aparece seguida de un complemento de régimen”. Y vemos, entre otros, estos ejemplos: ‘olvidar una fecha’/‘olvidarse de una fecha’, ‘encontrar a alguien’/‘encontrarse con alguien’, ‘incautar algo’/‘incautarse de algo’. Tengo que dar las gracias a mis colegas de la asociación de correctores UniCo, especialmente a Diego Ibáñez, que me llevaron hasta la página de la Nueva gramática donde dice lo que ustedes acaban de leer.

Sorprendentemente, en esa misma obra, que es, junto con la Ortografía de la lengua española de 2010 (Espasa), la que dicta las normas de nuestro idioma, me encontré con otro apartado en el que parece decir justo lo contrario en relación con el verbo del que estamos hablando hoy. Concretamente, se indica que algunos verbos pronominales “carecen del correlato no pronominal”, y entre ellos se encontraría nuestro ‘incautarse (de)’.

En el debate electrónico que mantuvimos los compañeros de UniCo y yo llegamos a la conclusión de que esto último es una pequeña metedura de pata de los académicos, dado que ellos mismos dicen, unas páginas más atrás y también en su Panhispánico, que aceptan la forma no pronominal. Pero como yo no me quería quedar con las ganas de llegar hasta el final, a primera hora de ayer envié un correo a la denominada “unidad interactiva” que la RAE creó hace más de un año para que quien quiera hacer propuestas, críticas y lo que toque se ponga en contacto con ellos.

En ese correo les preguntaba si consideraban que la Nueva gramática había incurrido en una contradicción. Lo cierto es que han pasado casi dos días y no me han respondido, así que decidí no esperar más y publicar este artículo sin su contestación. No crean que he pecado de impaciente: en agosto de 2011 también me dirigí a esa unidad y tardaron más de once meses en contestarme… Queda claro, pues, que la velocidad de la RAE es notablemente menor que la de la imparable lengua que con tanta parsimonia mima y acicala.

Ramón Alemán

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5 respuestas a Una lengua imparable

  1. Desde hace algunas semanas vengo siguiendo la interesante y útil actividad de esta “lavadora”. No pasa de hoy que te felicite. Acabo de colgar un artículo en uno de mis blogs (http://jaramito.blogspot.com.es/, en el que tengo enlazado el tuyo), donde cito “Una lengua imparable”. Te lo digo por si quieres pasarte y echar un vistazo. Salud(os).

  2. Pingback: La semana en 10 entradas (17-21 de diciembre) | Blog de Leon Hunter

  3. Ruthie Rosa dice:

    Finalmente, la RAE, en la Nueva gramática de la lengua española (2009), clasifica los verbos, según sus funciones sintácticas, en transitivos, intransitivos y copulativos. Algunos transitivos y muchos intransitivos pueden ser, a su vez, pronominales. Los así llamados verbos “reflexivos” no forman ninguna clase especial, son simplemente verbos transitivos cuyo objeto tiene el mismo referente que el sujeto. Desde el punto de vista semántico, los verbos se pueden agrupar en dos grandes clases semánticas: clases aspectuales y clases nocionales.

  4. Como me han hecho esta pregunta a través del blog, me motivé a publicarlo para que todos los que lo visiten se esclarezcan, pues uno de los objetivos de VerbiClara es defender nuestra lengua española.

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