Muchas verdades y un error y medio

Ya he comentado varias veces aquí la importancia de la corrección de textos como etapa inexcusable en todo proceso de edición que se precie. También he lamentado el hecho de que los departamentos de corrección de periódicos y editoriales estén desapareciendo como pago de los platos rotos de la crisis del sector. Parece como si los responsables de las empresas editoras hubieran olvidado dos cosas: que un producto de mala calidad está condenado al fracaso comercial y que los lectores –consumidores de ese producto– no son tontos. Esos dos olvidos han hecho posible que la errata y la incorrección se hayan instalado a sus anchas en muchos periódicos españoles, y no solo en los modestos: El País también está siendo víctima de esos indeseados huéspedes. No lo digo yo, lo reconoce la mismísima Milagros Pérez Oliva, Defensora del Lector de ese diario.

El Defensor del Lector es una figura que El País creó hace unos años “para garantizar los derechos de los lectores, atender a sus dudas, quejas y sugerencias sobre los contenidos del periódico, así como para vigilar que el tratamiento de las informaciones es acorde con las reglas éticas y profesionales del periodismo”, según se lee en el blog de Pérez Oliva (http://blogs.elpais.com/defensora-del-lector/). Pues bien, la Defensora del Lector publicó el pasado domingo en El País un artículo, titulado “Errores y horrores de agosto”, en el que reconoce una serie de barbaridades perpetradas por algunos redactores de la casa en los últimos tiempos, barbaridades que, como ella misma admite, demuestran que el filtro de calidad del producto no está funcionando. “Cuando un error llega al lector significa que han fallado todos los mecanismos de seguridad”, dice Pérez Oliva.

Así es: para empezar, falló la formación del periodista, una de cuyas principales herramientas debe ser el conocimiento de las normas que rigen la lengua. Y al fallar eso, resultó imposible que el tratamiento de las informaciones fuera “acorde con las reglas éticas y profesionales del periodismo”: si un periodista no conoce las reglas del idioma en el que escribe, es evidente que tampoco cumple con las reglas profesionales de su actividad. Consecuencia: en El País empiezan a ser habituales errores que van desde un “… que han llevado en 4 días ha practicar 768 detenciones” hasta un “… también hacabó el día en rojo el español Ibex 35”, pasando por un “No preveemos recortes masivos de empleo público” y un “… a elegido usted”. Todos ellos los cita la autora en su artículo.

No obstante, la culpa no es exclusiva del redactor. En los periódicos, igual que en las editoriales, existe (o existía) una “cadena de supervisión” –como acertadamente recuerda Pérez Oliva– que debe velar por la calidad del producto antes de que sea consumido por decenas de miles de personas. Pero ¿de qué vale que haya una cadena si le hemos quitado uno de sus eslabones? De nada sirven los lamentos de la Defensora ni los del equipo directivo del diario si previamente no se ha hecho todo lo necesario para garantizar la eficacia de una de las etapas más importantes en el proceso de edición (aclaro que no sé si El País ha reducido o eliminado su departamento de corrección, aunque, visto lo visto, eso parece).

Todo lo dicho anteriormente no tiene por objeto hacer una crítica malintencionada a El País, periódico al que le guardo un gran respeto. Sencillamente quería que ustedes comprobaran que mis lamentos a cuenta del olvido en el que está cayendo el oficio de corrector no son un invento mío. En absoluto.

Por cierto, y sin ánimo de molestar, les diré que el artículo de la Defensora del Lector contenía muchas verdades, pero también dos errores. Vamos a ver el primero. Entre las correcciones que hace Pérez Oliva figura una sobre la siguiente frase: “Salgado niega que las comunidades autónomas estén en riesgo de colapsar”. A continuación la autora escribe lo siguiente: “¿De colapsar qué?, pregunta Alberto Sanjuan”. Alberto es uno de los muchos lectores que durante el mes de agosto expresaron sus quejas por los errores con los que el periódico sale a la calle y sube a Internet.

Parece, por tanto, que Milagros coincide con el lector en que tras ese ‘colapsar’ falta algo. Dicho de otra forma: da por sentado que es siempre un verbo transitivo. Pero eso no es cierto. Según el diccionario de la Real Academia Española, también funciona como intransitivo y significa ‘sufrir colapso o caer en él’. Y dado que ‘colapso’ significa ‘destrucción, ruina de una institución, sistema, estructura, etc.’, aquella frase se podría sustituir por la siguiente: “Salgado niega que las comunidades autónomas estén en riesgo de sufrir destrucción o ruina”. O sea, que estén en riesgo de ‘colapsar’, a secas.

El otro error tiene que ver con el apellido del lector llamado Alberto. ¿Ese ‘Sanjuan’ no debería llevar tilde? Si suponemos, como supondría todo el mundo, que se pronuncia como palabra aguda, sí debería llevarla ya que acaba en ‘n’. Sin embargo, la ortografía de los apellidos es a veces caprichosa e intocable. Esto es lo que dice la Fundación del Español Urgente (Fundéu) en respuesta a una consulta que alguien hizo en su día sobre la discutible tilde de un apellido: “En nombres y apellidos se aceptan grafías que se apartan de las normas si tradicionalmente la familia las ha venido usando” (le doy las gracias a mi colega Esther Covarrubias por facilitarme esta nota de la Fundéu). ¿Será este ‘Sanjuan’ un capricho familiar? Puede ser. Dejemos, pues, el error en medio error.

Ramón Alemán

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Una respuesta a Muchas verdades y un error y medio

  1. Manuela dice:

    Lamentablemente, El País no es el único periódico donde parece ser que el departamento de corrección ha desaparecido. El Mundo también ha eliminado (presuntamente) ese eslabón del que hablas, incluso en El Cultural, una revista semanal que publica.
    Este verano he subido a mi blog varias incorrecciones, y una de ellas se hallaba en la portada.
    Tampoco tengo nada en contra de este periódico, solo quiero reivindicar con mis «denuncias» la figura del corrector.

    Magnífica la entrada, como siempre.

    Saludos.

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