Hace la friolera de dieciséis años entrevisté para un periódico a un cantante. En la conversación me contó el muchacho sus proyectos artísticos y su intención de dar a conocer al público su lado más íntimo como «persona humana». No pude eliminar esa expresión, dado que se trataba de una entrevista, pero la escribí en cursiva. Años después sigo escuchando y leyendo esa tremenda redundancia, que gana adeptos cada día, y me hago una pregunta: ¿es que hay personas que no sean humanas? Según el diccionario de la Real Academia Española, no. Una persona es, simplemente, un ‘individuo de la especie humana’.
Dicho de otra forma: dos personas tan antagonistas entre sí como Hitler y Gandhi eran igual de humanas que ustedes y que yo. Por eso The Beatles quisieron incluir a ambos en la portada de su famoso disco Sergeant Pepper’s Lonely Hearts Club Band, en la que los cuatro de Liverpool posaban en un montaje fotográfico acompañados de un buen puñado de famosos, desde Karl Marx hasta Bob Dylan (y todo eso sin Photoshop, que aún no se había inventado). Supongo que la intención no era otra que provocar, pero la compañía discográfica les dijo que nanay.
Visto el lamentable éxito de la expresión persona humana, hace un tiempo hice una consulta a la Real Academia Española sobre este extremo. Tal vez el equivocado era yo. Su respuesta fue contundente: es una redundancia y solo tiene sentido emplearla cuando el adjetivo humano se aplica en su acepción de ‘comprensivo, sensible a los infortunios ajenos’, pero lo cierto es que es muy poco habitual escucharla o leerla en ese contexto. En todo caso, y para que lo entiendan, les pongo como ejemplo una construcción parecida: ‘Carlos es una persona muy humana y siempre ayuda a los más necesitados’. No es ese el sentido que le dan a la expresión persona humana quienes la usan con tanta frecuencia.
Si hacemos una búsqueda en Internet nos encontramos con que esta pareja de palabras se emplea con cierta frecuencia en textos filosóficos y teológicos (vaya usted a saber con qué significado), pero esa es harina de otro costal: ni aquel artista estaba filosofando en la entrevista ni lo hacen todos los que –sigo sin entender por qué– se empeñan en adornar con adjetivos superfluos lo que no necesita adorno. No añadamos piezas a lo que ya es perfecto. ¿Acaso faltan fotos en la portada del Sergeant Pepper’s? Pues no. Y menos aún la de Hitler, una persona muy poco humana.
Ramón Alemán
